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"Es un paquete mucho mejor que el propuesto por Bush, pero no es suficiente", dijo Joseph Stiglitz.
Sao Paulo, Brasil. El paquete estadunidense de rescate económico del presidente Barack Obama de más de 700 mil millones de dólares es "mucho mejor que la respuesta de 2008", pero "no es suficiente y la crisis será peor", anticipó este miércoles el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz.
"Debemos ver las cosas en perspectiva. (El presidente George W.) Bush estaba paralizado y las cosas empeoraban cada día sin que hiciera nada. Hoy tenemos un paquete mucho mejor que la respuesta de 2008. Pero no es suficiente y la crisis será peor", dijo Stiglitz en entrevista al diario O Estado de Sao Paulo.
Recordó que "muchos países emergentes se han convertido en víctimas inocentes de la crisis. La ironía es que mientras el gobierno estadunidense daba lecciones sobre reglas e instituciones en los países emergentes, sus políticas eran un fracaso total".
"A causa de eso, la crisis es hoy severa en todo el mundo y países como Brasil van a sufrir de verdad", señaló Stiglitz al diario, que lo consultó sobre la caída de 3.6 por ciento de la economía brasileña en el cuarto trimestre del año pasado, la más fuerte desde igual período de 1996, y divulgada el martes.
Alertó además que pese a que "hay un acuerdo global de no recurrir al proteccionismo" muchos paquetes de auxilio "tienen medidas proteccionistas en su base y quien más sufrirá serán los países en desarrollo".
"La realidad es que la Organización Mundial de Comercio es una decepción" porque incluso la conclusión de la Ronda Doha, que negocia la liberación del comercio mundial, "no traería ganancias sustanciales para los países emergentes", manifestó el Premio Nobel.
Por eso, añadió, "los países ricos deben abrir sus mercados unilateralmente para los más pobres del mundo" que "no tienen dinero para relanzar las actividades económicas".
"Muchos emergentes necesitarán ayuda para superar la crisis", y el FMI (Fondo Monetario Internacional) deberá auxiliarlos "sin condiciones", sin exigir "elevar intereses y cortar gastos (públicos)", lo cual "llevó a la recesión", expresó Stiglitz.
En abril se comenzarán a cavar 500 pozos en el yacimiento Chicontepec, señaló la paraestatal.
Reuters
Publicado: 11/03/2009
México, DF. La petrolera mexicana Pemex dijo este miércoles que otorgó un contrato de perforación de pozos por 687 millones de dólares a un consorcio encabezado por la firma Schlumberger.
Schlumberger y sus socios comenzarán a perforar 500 pozos en el yacimiento Chicontepec en abril. El contrato estará vigente hasta junio del 2012.
Pemex adjudicó el contrato a la oferta conjunta presentada por las empresas Dowell Schlumberger de México/OFS Servicios/ Drillers Technology de México, "al haber presentado la mejor propuesta técnica y económica", dijo en un comunicado.
y La Brigada 21 "Círculos de Estudio y Universitarios"
Invitan al:
La cita es este miércoles 11 de marzo, a las 19:00 hrs.
En el Patio del Centro Cultural José Martí
(Dr. Mora # 1, Col. Centro, a un costado de la Alameda, saliendo del Metro Hidalgo)
Redes Universitarias
y La Brigada 21 "Círculos de Estudio y Universitarios"
Invitan a la charla:
"Propuesta para la Reforma del Estado que México necesita"
Con el:
Dr. Jaime Cárdenas Gracia
(Dr. en Derecho, Académico de la UNAM, Ex-consejero del IFE,La cita es este jueves 12 de marzo, a las 19:00 hrs.
En el Club de Periodistas de México
(Filomeno Mata #8, Col. Centro, a unos pasos del Metro Allende).
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politica@eluniversal.com.mx
Para llegar a ella hay que rebasar la ciudad de Querétaro y luego tomar una carretera secundaria. Al poco rato se aparece la doble mole de los penales: de un lado del camino los hombres y del otro lado las mujeres. Luego recorre uno a pie una larga, solitaria y estrecha calle que busca al fondo la puerta negra de hierro. De un lado el altísimo muro de hormigón y del otro la alambrada coronada de púas.
Es una cárcel. Aunque los eufemismos le llamen Centro de Readaptación Social, es una prisión, eso lo recuerdan los trámites y registros de rigor y el predominio de las rejas y las puertas giratorias de pesado metal. Salvo los guardias hombres de la entrada voy contando una veintena de custodios mujeres que nos van conduciendo por los laberínticos pasillos interiores. Y no puedes evitarlo, a cada paso hacia adentro vas perdiendo más y más lo que se queda allá afuera. Es una cárcel.
Y ahí están sus habitantes: en el patio y al sol hay unas 10 de las 141 reclusas; una de ellas fortísima, de rostro decidido y mirada fulminante que impondría todavía mas temor de no ser porque vive y reina desde un trono insólito de una silla de ruedas: perdió ambas piernas… ni siquiera me atrevo a preguntar por su historia; sin embargo, me cuentan inevitablemente la de una muchacha muy bella con un niño en brazos a la que agarraron con su marido por venta de drogas. En cambio, al hablar de Jacinta, Martha Yáñez Carbajo, la directora del penal, como que se apena. Recuerda que desde que llegó supo que era inocente, que se trató desde el principio de una acusación infundada, de una historia más que increíble, inadmisible; a ver, quién se puede creer que una mujer indígena otomí —ahora de 46 años— haya secuestrado a seis agentes armados de la PGR-AFI; es no sólo un insulto a la justicia sino a la más elemental inteligencia. Pero nuestra opinión no cuenta —me dice— nosotros nada podemos hacer que no sea tratar de la mejor manera posible a Jacinta y a las otras internas.
En esas estábamos cuando no sé por qué la presiento, la advierto y me la encuentro en un pasillo. Me sorprende con un abrazo tímido pero sincero, como si nos conociéramos desde antes. Luego casi sin preguntarle, me va platicando su historia, igual en su celda que frente a la máquina en el taller de costura donde hace estuches de tela acolchonados. ¿Para qué son? Para las mujeres que guardan pintura. ¿Cómo se llaman? Si, de pinturas que mandan hacer ¿A usted no le gustan? ¿Yo? ¡No! ¡Yo nunca me he pintado! estalla en una carcajada. Luego vendrían los silencios y, apenas asomadas, las lágrimas.
La han condenado a 21 años de prisión, ¿qué significa para usted? Yo ni sé, como que no puedo, pues no puedo creer… no sé que es. ¿Qué han sido estos dos años y medio, casi tres años de prisión? No entiendo, no sé contestar eso, no sé cómo digo. Usted ya está hablando español ahora, pero hace tres años sólo hablaba ñhä-ñhú otomí. Casi siempre habla otomí, pero hay palabras que no entiende bien.
—A ver, ¿qué piensa cuando está aquí a solas?, ¿puede creer lo que le ocurrió, usted entiende por qué la metieron a la cárcel?
—Como que no puedo creer, no puedo creer que cómo qué fue, pos como que no es realidad, como que es este, como que nada más un sueño, como que estoy aquí nada más por un sueño… nada más, porque no puedo creer… ahora me dicen de que sentencia, de que delito, mis compañeras y mi maestra.
—¿Secuestró usted a seis agentes armados de la AFI, de la PGR?
—Pues ellos la que me dicen… ellos la que me están poniendo ese delito, porque yo nunca la hice eso… y ni lo sé que es secuestro ni lo que me estaba acusando… yo no entendí nada.
—¿Qué paso entonces aquel 26 de marzo de 2006?
—Ese pues fue un día domingos… yo en mi trabajo me dedicaba, yo vendía mis aguas frescas en el tiangui… y ese día pues ya cada ocho yo… este, como toca tres veces la campana y ya la última cuando entro yo adentro a la iglesia… entré a misa, cuando salí pues escuché decía la gente que habían llegado unos señores a llevar los discos… entonces yo ni le hice caso, agarré y me senté en mi puesto… entonces ya, otro ratito, estaba yo esperando a mi esposo y no llegaba, llegó una de mis hijas y le dije compáñame a la farmacia porque a mí me da pena que me inyecten… así le dije y me compañó una de mis hijas, cuando ya veníamos de regreso venía un señor, que venía ahí con unas personas… y es que la que escuché que estaban hablando de los discos. —¿Los discos pirata?
—Sí, sí, yo de eso estaba escuchando, pero yo ni… luego salí en el periódico.
—¿Luego se la llevaron a Querétaro unas semanas después?
—No, lo del tiangui fue en marzo, lo de que me fueron a traer fue hasta agosto… pero yo no sabía quién eran, no más que muchos con armas por todos lados.
—¿Le dijeron por qué la detenían?
—Que porque iba a declarar por un árbol tumbado… luego ya en el juzgado me dijo que no’más iba a declarar… y ahí pues estaban hablando y todo… y hacían papeles… y me daban muchos papeles a firmar y yo firmé muchos papeles y ni sabía qué era porque no entendía… luego, ya en la noche, me trajeron a la cárcel y así estoy aquí.
—¿Cómo han sido estos casi tres años?
—Se me hizo bien largo, bien largo… ya de por sí estos años son muchos, ya he perdido tiempo, mucho tiempo para mis hijos, para mi familia, para mi casa.
Santiago Mexquititlán es un pueblo sosegado donde el sol sale tarde y la noche se acuesta temprano. Apenas tres mil habitantes y seis barrios ñhä-ñhú a dos horas eternas de la cárcel de Querétaro. Ahí están la paletería y heladería de la familia que encabeza Guillermo Francisco y la casa común donde en torno al cuadrado de un patio limpio y terroso se ha ido acomodando la familia con hijos y nietos. Luego en la plaza y a la sombra de la cruz de la pequeña iglesia, familiares y testigos me juran y perjuran que todo ocurrió como me lo ha dicho ella: llegaron los seis muy armados y sin uniforme a destruir y a robar; se acobardaron cuando el pueblo empezó a rodearlos; pidieron ayuda; sus jefes se comprometieron a reparar el daño con dinero; dejaron a uno en garantía; regresaron y pagaron. Pero se desquitaron cinco meses después con Jacinta, con Teresa y con Alberta, con quienes también hablé en la cárcel.
Al salir de Santiago me traigo a México muchas voces adentro del pellejo. Pero me desgarra el llanto de Estela, la hija, cuando me enseña los estandartes de las procesiones religiosas a que convocaba Jacinta que siempre andaba visitando enfermos y moribundos. Y cuando me muestra el jardín reseco porque me asegura que las plantas extrañan a su madre. Así que prefiero quedarme con la esperanza de Jacinta cuando me dice que sí, que cree en que Dios y la gente la ayuden para recuperar su libertad.
—¿Me va a invitar algo ahora que salga?
—Claro que sí, unos nopales bien sabrosos y, si alcanza, hasta pollo