lunes, 17 de mayo de 2010

Bicentenario: festejo rodeado de anomalías

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El Fideicomiso del Bicentenario –responsable de administrar más de 1 mil 500 millones de pesos destinados a las conmemoraciones patrias de 2010– incurrió en contrataciones irregulares de personal y de servicios, señala la Auditoría Superior de la Federación. Aunque hay millonarios gastos administrativos y los recursos públicos cubren convenios fuera de la norma y gratificaciones extraordinarias y excesivas a los prestadores de servicios, el costo de los festejos se podrá conocer hasta 2021: la información tiene el carácter de “reservada”



La noche del 15 de septiembre de 2008 (mientras en el centro de Morelia, Michoacán, las celebraciones por las fiestas patrias se empañaban por la detonación de dos granadas de fragmentación), desde el balcón central de Palacio Nacional, Felipe Calderón Hinojosa presenciaba el inicio del tradicional festejo popular en la plancha del Zócalo capitalino.


Enmarcada por un espectáculo de luces y fuegos artificiales, la velada fue sólo la fulgurante fachada de un evento cuya organización estuvo plagada de irregularidades, como la doble subcontratación de la empresa encargada de realizarla, la nula supervisión de los trabajos contratados y la erogación extraordinaria de recursos.


Lo anterior fue referido por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en el Informe del resultado de la fiscalización superior de la Cuenta Pública 2008. El órgano de fiscalización adjudica las anomalías al Fideicomiso del Bicentenario, creado en junio de 2006 para administrar los recursos destinados a la conmemoración del bicentenario del inicio de la Independencia y el centenario del comienzo de la Revolución.


La ASF señala que, en 2008, el Comité Técnico del Fideicomiso contrató al sistema de agencias turísticas del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado, TURISSSTE, para que realizara el evento del 15 de septiembre y se encargara del diseño, instalación y mantenimiento de los 35 “Relojes Bicentenario” que se colocarían en todas las entidades federativas (uno por estado, tres para el Distrito Federal y dos para Guanajuato).

En lugar de ello, la agencia de participación estatal subrogó los trabajos a la empresa Make Pro, SA de CV, una subsidiaria de Corporación Interamericana de Entretenimiento, SA de CV (CIE), que preside Alejandro Soberón Kuri.


De acuerdo con un reportaje de Jenaro Villamil, publicado en el semanario Proceso el pasado 28 de marzo, Soberón Kuri figuraba entre los principales accionistas del Grupo TV Crea, una compañía dedicada a la organización de espectáculos y eventos artísticos vinculada a Televisa.


La contratación de Make Pro, SA de CV, estuvo rodeada de irregularidades, pues por el monto de las operaciones –28 millones de pesos– procedía una licitación pública, pero se hizo una invitación a cuando menos tres personas, en un concurso que no contó con bases de licitación ni con las tres ofertas necesarias para realizar la adjudicación.


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El máximo órgano fiscalizador también encontró que el contrato firmado entre la filial de CIE y TURISSSTE se hizo 23 días antes de que se definiera el acuerdo entre la agencia turística y el Comité del Fideicomiso, además de que la empresa hizo dos cotizaciones a TURISSSTE: la primera, 17 días antes de que comenzaran a prestarse los servicios contratados, y la otra, sin el sello y la firma del representante de Make Pro, SA de CV.


La empresa de Soberón Kuri subcontrató a su vez a su filial Comercializadora y Espectáculos, SA de CV, que fue la que finalmente se hizo cargo de los trabajos. Sin embargo, no existe evidencia de que los trabajos entregados fueron verificados por personal de TURISSSTE o del Fideicomiso; tampoco se establecieron especificaciones ni características de los trabajos y servicios y se desconoce si éstos fueron entregados en tiempo y forma.


Los servicios prestados por Make Pro y Comercializadora y Espectáculos se pagaron el 18 de febrero de 2009; sin embargo, la ASF detectó que cuatro facturas fueron elaboradas por el impresor en una fecha posterior, el 22 de febrero. Por si fuera poco, Make Pro cobró una comisión de 2 millones 800 mil pesos, “la cual no tiene justificación”, ya que ese importe estaba contemplado en el total por pagar a la empresa.


Contrataciones irregulares y costosas

En las postrimerías de la administración de Vicente Fox Quesada, 2010 fue decretado como “Año del Bicentenario del Inicio del Movimiento de la Independencia y del Centenario del Inicio de la Revolución”. Se creó una Comisión Organizadora de la conmemoración de dichos acontecimientos históricos, encargada de coordinar los múltiples proyectos por realizarse del 17 de junio de 2006 al 31 de diciembre de 2010, que lo mismo incluyen la edición de libros especiales sobre temas del bicentenario que un festival de nopales, tunas y xoconostles.


La Comisión tenía un plazo de seis meses para dar a conocer su programa base, sin embargo se demoró 18 meses en entregarlo. La publicación de su reglamento –sujeto a cumplir el mismo plazo– tardó tres años y ocho meses, pues se difundió apenas el pasado 17 de febrero.


El decreto estipuló también que la Comisión no generaría estructura propia ni relación laboral con los prestadores de servicio que contratara, pero durante 2008 la Comisión empleó a 71 profesionistas para actividades de coordinación ejecutiva. De éstos, 51 contaban con una carta donde manifiestan que prestan sus servicios de forma exclusiva y única al Fideicomiso, “lo cual hace presumible la existencia de una relación laboral”, a decir de la ASF.


Aunque el Fideicomiso aclaró que la coordinación ha recaído en la Secretaría de Gobernación o en la Oficina de la Presidencia de la República, la entidad fiscalizadora considera que entonces no es clara la razón por la que fueron empleados.


La contratación de los 71 profesionistas representó un gasto de 25 millones 535 mil 600 pesos, lo que en parte se explica porque a 49 de ellos se les pagaron honorarios brutos mensuales equivalentes a los del personal de mandos medio y superior dentro de la administración pública federal.


Por desempeñar actividades dentro de la Comisión, una persona recibió el sueldo de un titular de unidad, que asciende a 140 mil pesos; cuatro fueron remunerados como si fueran directores generales adjuntos, con montos entre 115 mil y 132 mil pesos; 17 tuvieron sueldos similares a los de un director de área (entre 61 mil y 84 mil pesos); 18, a los de un subdirector de área (de 34 mil a 48 mil pesos); y siete más recibieron lo mismo que un jefe de área (de 25 mil a 26 mil pesos).


De acuerdo con la ASF, en dos casos los pagos excedieron el puesto más alto del Manual de percepciones de los servidores públicos de las dependencias y entidades de la administración pública federal, al recibir 240 mil y 299 mil 900 pesos como honorarios.


A 40 de los profesionistas se les pagó además un monto extraordinario por presentar un programa de actividades, lo que, a decir de la ASF, no se justifica dado que sus responsabilidades debieron establecerse previo a la contratación. En total se gastaron 4 millones 352 mil 300 pesos y, aunque el Fideicomiso del Bicentenario comprobó dichas erogaciones, “no acreditó los criterios en los que se basó la asignación de los honorarios”.


En 17 casos, los jugosos pagos no fueron incentivo suficiente, pues no se encontraron los reportes de actividades que los profesionistas estaban obligados a entregar ni hubo evidencia de que hubieran prestado efectivamente sus servicios.


Gastos millonarios y opacos

El Fideicomiso del Bicentenario, creado para administrar los recursos destinados al funcionamiento y operación de la Comisión, recibió 1 mil 591 millones 600 mil pesos entre 2007 y 2009.


De esos millonarios montos que recibió de la Secretaría de la Función Pública, en 2008 gastó 64 millones 721 mil pesos, hecho que la ASF calificó de subejercicio. El órgano fiscalizador consideró que el dinero se había transferido al Fideicomiso sólo “para evitar su concentración en la Tesorería de la Federación”, pues no se cumplió con meta alguna ni existía un compromiso formal de ejecución inmediato.


El año pasado, las erogaciones del Fideicomiso sumaron 425 millones 980 mil 500 pesos, el 28 por ciento del monto disponible, de acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). La dependencia detalla que de 2007 a 2009, todo el dinero que ha salido del Fideicomiso se ha destinado al pago de honorarios por servicios profesionales y a gastos administrativos.


Durante 2008, mientras el país se encontraba sumergido en una crisis económica equiparable a la de 1995, el Fideicomiso pagó 1 millón 300 mil pesos por la remodelación de un inmueble para uso de la Comisión. Por la supervisión de los trabajos de remodelación, desembolsó 66 mil 700 pesos más.


En telefonía se gastaron 94 mil 200 pesos para la fija y 170 mil 600 para la móvil, mientras que para boletos de avión y gastos de traslado de los integrantes de la Comisión y de los profesionistas contratados se pagaron 710 mil 800 pesos. Y aunque faltaban dos años para que comenzaran las celebraciones oficiales, se ocuparon 2 millones de pesos en publicidad para televisión y radio.


Salvo estos datos que da a conocer la ASF y la poca información de la SHCP, el destino de los millonarios recursos del Fideicomiso será desconocido por la sociedad. Será hasta dentro de 12 años cuando la información se haga pública, ya que la entidad fiduciaria –primero el Banco Nacional de Comercio Exterior y ahora el Banco Nacional del Ejército, Fuerza Aérea y Armada– ha clasificado la información como reservada, amparada en el secreto fiduciario.


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Para la doctora Virginia Guedea, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, es justificable que se gaste dinero en estas conmemoraciones, de las que participan tanto el gobierno federal como las autoridades estatales y municipales. Considera, sin embargo, que debe analizarse qué tipo de gasto se hace. Al tiempo, critica que hay cierta “banalización” de las celebraciones.


En febrero pasado, las investigadoras Ana Luisa Nerio, Salomé Almaraz y Angélica Gay publicaron un artículo en el portal electrónico del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, en el que reflexionan sobre los gastos que está haciendo el gobierno so pretexto de las celebraciones.


En el texto “Derechos culturales y festejos por el bicentenario y centenario: el despilfarro”, opinan que, en lugar de gastar en las conmemoraciones, debería invertirse en la población y en garantizarle sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Consideran también que los festejos “se ven empañados por asuntos como la falta de transparencia y la rendición de cuentas por parte del gobierno federal y de los de varias entidades”.











Fuente: Contralínea
Difusión: AMLOTV

Noticiero SDP edición matutina 17-Mayo-10

Mañana 17-Mayo-10. Hoy hablamos sobre lo que dijo Calderón en España respecto a que no hay avances en el caso de Diego Fernandez de Ceballos, además comentamos como Calderón si ha cumplido con ser el "presidente del empleo" pero a la jefa de la oficina de la presidencia Patricia Flores Elizondo, ya que sus familiares vaya que no solo han sido colocados en puestos del gobierno federal, si no que además con sueldos onerosos, tuvimos la síntesis informativa de NOTIMEX y demás temas.

Audio en MP3 para descarga directa, dando clíck AQUÍ.

Se rompe el cerco paramilitar

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San Juan Copala, Oaxaca. Todos los días, desde hace seis meses, hombres armados apostados en los cerros que rodean Copala disparan a todo lo que se mueve. La orden que recibieron, cuenta uno de ellos, es que nadie salga ni entre a este pequeño pueblo de la región triqui oaxaqueña. Así, evitan que llegue el abasto de comida, agua potable y medicinas a las cerca de 800 personas que, hambrientas, sobreviven atrapadas en este infierno.

Contraluz: Mujeres, la resistencia triqui


Zósimo Camacho y Miguel Badillo / Julio César Hernández, fotos / enviados

Cualquiera que intenta cruzar por montes y veredas con rumbo al pueblo de Copala, principal centro ceremonial de la comunidad triqui, se enfrenta a las ráfagas de metralletas AK-47 y rifles R-15 que portan grupos armados, como el que disparó aquella tarde del martes 27 de abril en contra de la caravana por la paz, que encabezaban defensores de derechos humanos y que tuvo como saldo dos muertos y una decena de heridos.


Diez días después de aquel ataque armado, en donde resultó herido con tres disparos de bala nuestro compañero fotógrafo David Cilia (lo que lo mantiene, hasta el cierre de esta edición, internado en un hospital de la ciudad de México) y junto con la reportera Érika Ramírez tuvieron que correr y esconderse por casi tres días en el monte para salvar la vida, otros tres reporteros de Contralínea (Zósimo Camacho, Julio Hernández y Miguel Badillo) han llegado a la región dominada por los triquis para terminar el trabajo periodístico inconcluso: entrar a San Juan Copala y describir el terror que viven aquí niños, mujeres, ancianos y los pocos hombres que aún quedan.


El viernes 7 de mayo, un grupo de 12 indígenas, simpatizante del Municipio Autónomo de San Juan Copala, se comprometió a guiar a los periodistas y escoltarlos hasta esta cabecera municipal, aun con el temor y el riesgo para los triquis de perder la vida en el intento.


La primera recomendación a los reporteros fue evitar llamar la atención entre los habitantes de los pueblos que rodean Copala, en donde las organizaciones Unidad para el Bienestar Social de la Región Triqui (Ubisort), Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT) y Movimiento por la Unificación de la Lucha Triqui Independiente (MULTI) tienen sus bases. La segunda recomendación a los periodistas fue ocultarse hasta que llegara el momento de partir. No se sabe ni hora ni día. Simplemente hay que esperar.

Tres días transcurrieron, hasta la noche del lunes 10, cuando los indígenas triquis vuelven a hacer contacto y acordamos los términos de la incursión hacia el pueblo de Copala: el ingreso será de noche, lo que dificultará el acceso, pero dará una oportunidad más para evitar cualquier agresión; nada de lámparas ni luces que puedan llamar la atención de los francotiradores; hablar lo menos posible y sólo cuando sea necesario hacerlo en voz muy baja; vestir de negro para perdernos en la oscuridad de la noche y llevar botas y mochila con medicamentos para la atención de alguna posible herida de bala; si nos disparan, tirarnos al suelo y avanzar lo más rápido posible para eludir las balas y perdernos de los agresores; resistir el tiempo necesario en el monte hasta encontrar el acceso más seguro y, lo principal, mucha suerte, porque para entrar a Copala se necesita eso y más.


La columna informativa que integran 12 triquis-guías y tres periodistas inicia su marcha por el monte. Seis indígenas van al frente y otros seis en la retaguardia. Los reporteros, en medio de la columna para mayor protección. La instrucción es guardar distancia entre nosotros para evitar ser blanco fácil ante un posible ataque, lo que dificulta aún más el camino; la oscuridad impide ver a medio metro de distancia, sólo el ruido del andar de los indígenas sobre hojas y ramas secas orienta la ruta a seguir. Las caídas y tropiezos de los reporteros son constantes; el peligro de caer en alguna barranca invisible es latente, pero nadie puede detenerse si queremos llegar con vida a Copala. Debemos avanzar lo más rápido posible durante la noche y, de vez en cuando, descansar a petición de los tres de en medio.


El sudor agobiante embarra y pega las hojas y ramas de los árboles en el cuerpo. Los mosquitos e insectos nos acompañan todo el camino: los brazos y piernas empiezan a llenarse de bolas por las picaduras conforme avanza la columna y nos internamos cada vez más en estas rudas montañas. A pesar del peligro, estamos seguros de que no nos equivocamos en querer documentar y contar la historia que vive San Juan Copala.


La ruta es acompañada por constantes disparos que retumban en el silencio de la montaña. Son tiros de advertencia para aquel que se atreva a cruzar por su territorio. La angustia y miedo invaden el cuerpo. Un escalofrío inevitable nos atraviesa de sólo pensar encontrarnos de frente a cualquier grupo armado que patrulle el área. Nuestros guías se mueven rápido, cubren una amplia área de protección; pero al final de cuentas, los grupos paramilitares, también integrados por indígenas, saben dónde vigilar para impedir que alguna persona, sobre todo periodistas, como ya lo demostraron en el ataque a la caravana por la paz, se les pueda colar hasta Copala y dar cuenta del infierno en que tienen metidas a unas 100 familias triquis que quedaron atrapadas en el lugar y no pudieron o no quisieron abandonar el sitio.


Agotados, a lo lejos se ven las luces de velas que alumbran algunas casas del pueblo desierto. Después de varias desesperantes horas, nos acercamos a Copala. En el pueblo no hay energía eléctrica. El motivo es que cortaron los cables desde hace seis meses, cuando iniciaron los ataques de la Ubisort y el MULT en contra de los habitantes que apoyan la presidencia autónoma de San Juan Copala, ahora en manos de simpatizantes del MULTI.


En la región se libra una lucha por el control político y económico del lugar. Viene un periodo electoral en Oaxaca y el Partido Revolucionario Institucional, por conducto de la Ubisort, no está dispuesto a dejar a su suerte al municipio de San Juan Copala, en donde las nuevas autoridades afiliadas al MULTI no quieren saber nada de los partidos políticos, a los que culpan de robarse cada año las partidas presupuestales de los ramos 28 y 33 del erario. Algo sabrán estos indígenas de injusticias, abusos y atropellos de la autoridad, igual que otros 100 millones de mexicanos.


Hemos llegado a la zona más complicada del trayecto. Copala está a menos de 1 kilómetro de distancia. Aquí, en la oscuridad de la madrugada, la vigilancia de hombres armados se vuelve más latente. Hay que esperar, agazapados, entre rocas, arbustos y árboles. Para sorpresa nuestra, el lugar donde nos escondemos sirve de base para francotiradores de alguno de los grupos agresores. La prueba de ello está en el suelo, entre hierbas y hojas de árboles encontramos muchos casquillos de rifles R-15 y AK-47. Eso tensa la espera. Los mismos indígenas, que siempre hablan en triqui, se ven preocupados y nerviosos. Quieren abandonar rápidamente el área, pero deciden esperar y no acelerar el ingreso a Copala.


Una dudosa decisión se ha tomado. En cuanto iniciamos el descenso del último cerro hacia el pueblo, empieza el estruendo de las ráfagas de metralletas, como si los paramilitares esperaran el momento propicio para ejecutar a toda la columna informativa. La orden de nuestros guías ha sido no detenernos. El miedo nos hace cumplirla y no mirar atrás, como si quisiéramos ganarle a la velocidad de las balas que cruzan chiflando por el viento. Inevitablemente hay que pasar por una zona descubierta, que aun con la ropa negra que llevamos y la ayuda de la oscuridad de la noche, a nosotros nos parece que somos muy visibles, tanto como un foco prendido en una habitación.


Pero sólo es el miedo de los 15 que hemos ingresado a las solitarias calles de Copala. Llegados al pueblo, nos movemos con precaución entre calles y las paredes de las casas. Los guías nos advirtieron que algunas familias, que también permanecen encerradas en sus viviendas, simpatizan con los grupos opositores al Municipio Autónomo y sería muy delicado que dieran aviso a los hombres armados de que extraños hemos entrado al pueblo. No queremos hacer ruido, pero los ladridos de los perros nos delatan y antes de que miradas extrañas nos vean, ingresamos a salvo y agotados a una vivienda que nos protege.


La huida de Copala

Hemos recogido los testimonios y relatos de los sobrevivientes de Copala. Durante nuestra incursión, recorrimos parte del pueblo entre los disparos que nunca cesaron. Desobedecimos a los guías, que nos pedían no salir de la casa. De hacerlo, no habría tenido sentido llegar hasta Copala y perder la oportunidad de mirar y vivir en carne propia lo que cientos de mujeres, niños y ancianos indígenas triquis padecen todos los días.


Para los agresores, toda hora es buena para amedrentar y amenazar a la población. En las noches, ráfagas de metralleta quitan el sueño. En el día, sólo unos cuantos, sobre todo mujeres y niños, se atreven a cruzar corriendo las calles para evadir los disparos y buscar alimentos.


Notas, fotografías y videos de Contralínea dan ahora cuenta del peligro que representa vivir aquí. Es el primer material periodístico tomado desde adentro de Copala. Como parte de Contralínea, nuestros dos compañeros agredidos, Érika y David, deben estar orgullosos de que su intento por llegar a ese municipio, hasta que un ataque armado lo impidió, no fue en vano. Por ellos y por lo que les sucedió, el equipo de Contralínea decidió concluir su misión de informar del asecho en que viven decenas de familias triquis a manos de paramilitares tolerados, por decir lo menos, por el gobierno de Ulises Ruiz.


Nuestro grupo indígena de protección ha estado atento en todo momento de la seguridad de los periodistas, aunque aquí, en Copala, nada es seguro. Lo único cierto es que ha llegado la hora de salir de este pueblo olvidado por los gobiernos, los ejércitos y los policías. Otro martirio está a punto de comenzar: volver al monte y abrirnos paso entre la maleza, aunque más preocupante es librar los retenes y las guardias blancas que están dispuestas a no dejarnos huir de sus territorios controlados.


Nuestros guías han trazado una ruta distinta. Nos explican que ésta es más larga, pero más segura. Ninguno de los reporteros se queja, los tres asentimos con la cabeza sin hablar. Nos miramos cansados y mugrosos, porque el servicio de agua fue cortado también por los grupos agresores. La única oportunidad de bañarse es en el río más cercano, pero nadie se arriesga; preferimos mantenernos sucios dos o tres días.


Nuevamente estamos en manos de 10 indígenas triquis. El grupo se ha reducido: dos de nuestros guías se han quedado en la zona de conflicto. Esperamos nuevamente la noche para salir del lugar. Nos han advertido que, esta vez, la caminata será más larga, hasta alcanzar quién sabe qué carretera a la mañana siguiente. Los periodistas estamos listos. Otra vez, los indígenas vuelven a arriesgarse para acompañarnos y sacarnos del lugar con vida.


Ansiosos, esperamos la noche. Apenas hemos comido durante los tres días tortillas, frijoles y chile. Pero nos sentimos fuertes para partir, más por miedo y ganas de huir del lugar. Todo ha sido una pesadilla que apenas duró poco más de 48 horas. Los habitantes de Copala llevan seis meses en esas condiciones. Desde finales de noviembre, viven encerrados en sus casas, sin poder salir, y cuando lo hacen, simplemente arriesgan la vida.


La columna informativa ha iniciado su retorno a no sabemos qué lugar del camino. Las instrucciones han sido las mismas. Con mayor énfasis, nos indican no hacer ruido cuando caminemos, lo que se vuelve imposible ante los tropiezos y caídas constantes de los reporteros. Más cuando esta noche especialmente es más oscura. No hay luna y el cielo está nublado. No logramos ver a nuestro compañero que va enfrente. Es más, decidimos agarrarnos de las mochilas para no perdernos y seguir la ruta de los guías.


La salida de Copala es igual. Rápido hacia el monte para protegernos de los disparos entre los árboles. Una vez más, las balas pasan chiflando cuando rompen el viento. Esta vez los disparos los sentimos más cerca de nosotros, como si los grupos armados estuvieran esperándonos a la salida del pueblo.


Todos estamos nerviosos, también los valientes indígenas que arriesgan su vida para que un grupo de extraños periodistas den cuenta del terror que viven los habitantes de Copala. No nos han pedido pago alguno para ser nuestros guías, sólo nos miran como si fuéramos a solucionar el conflicto. Nada más desilusionante. Como reporteros, sólo sabemos que informaremos lo que allí sucede y que nada pasará. Eso pensamos cuando caminamos por largas horas durante esta agobiante madrugada. Y más cuando sabemos que, en seis largos meses, nadie del gobierno federal ha querido atender el problema. Mucho menos el gobierno estatal de Ulises Ruiz, a quien le corresponde formalmente. El gobierno de Felipe Calderón también es responsable, pues para esta pequeña población indefensa que está siendo agredida durante meses no hay Ejército ni policía alguno que la defienda.


Para salir de este territorio hostil, a la columna informativa le parece que el camino es el mismo, aunque hayamos salido esta vez por el lado opuesto. Los reporteros no distinguimos ruta alguna; nuestra inexperiencia en avanzar en el monte nos hace ver todo igual. Sumamente difícil caminar de noche y sin lámpara por las montañas de la región triqui, de acceso inaccesible y orografía accidentada.


Las horas pasan sin llegar a lugar alguno. Los zumbidos de las balas que arrojan las potentes armas se escuchan todo el trayecto. Por un lado, al norte, el pueblo de La Sabana, dominado por la Ubisort; al oriente, El Rastrojo, la zona controlada por el MULT, ambas organizaciones violentas y fuertemente armadas. Al norte, Yosoyuxi, del MULTI, organización que apoya al Municipio Autónomo y que su principal demanda es que todas las partidas presupuestales que debe destinar el gobierno para la región triqui se entreguen a los indígenas para mejorar la vida de sus familias y pueblos, y no se las lleven los caciques y los líderes de grupos armados.


Antes de amanecer, alcanzamos un camino de terracería. Los indígenas nos piden avanzar con precaución para evitar alguna emboscada. Pero el peligro va en aumento y los guías deciden que debemos volver al monte para estar seguros y dejar la comodidad de seguir en la madrugada por la vereda que nos sacaría a la carretera.


Otra vez el sufrimiento para los reporteros inexpertos en caminar por esos lugares. Casi con la luz hemos salido a un pueblo apartado, allí recibimos el apoyo de un agente municipal que nos permite permanecer en el portal de su vivienda hasta esperar la mañana e iniciar el retorno a la ciudad de México.


Con muchas dificultades, Contralínea ha roto el cerco paramilitar establecido por grupos armados para aislar y ahogar a una población triqui que sólo lucha por su autonomía: San Juan Copala ha quedado atrás y sus 100 familias abandonadas a su suerte. Sentimos dolor y desesperación.

Fuente: Contralínea
Difusión: AMLOTV

CON SU PERMISO

CON SU PERMISO


Por: Claudia Rodríguez
Que el espíritu fulbolero del señor Felipe Calderón tiene el permiso de 2 mil 516 votantes para irse a Sudáfrica el próximo mes de junio y presenciar el partido inaugural entre la selección mexicana y la del propio país sede.



¿Quiénes son esos 2 mil 516 que avalan la presencia de Calderón en el mundial de futbol? ¿Cómo justifican ese permiso? ¿Es por espíritu futbolero y por aquello de que al no cumplirse la “tradición” de la presencia de los mandatarios de las escuadras que aperturan el evento, la selección mexicana tenga mala suerte?

De verdad que este asunto no debería merecer ningún comentario, si no es porque nuestro México se encuentra en un verdadero estado anómalo.

En circunstancias distintas, no tendría ningún motivo siquiera pedir permiso simulado por parte del señor Calderón para ausentarse por motivos del llamado turismo ejecutivo.

Y aunque de verdad, nada impide a los corruptos y delincuentes cometer sus crímenes, incluso con la presencia del señor Calderón en territorio nacional o no, sería vergonzante ver al inquilino de Los Pinos festejar un gol del seleccionado mexicano al tiempo que se reporte la muerte violenta de otro mexicano.

Este fin de semana, la desaparición del panista y ex candidato presidencial Diego Fernández de Cevallos fue la noticia principal enmarcada en la posibilidad de que la mano del crimen organizado tuviera que ver en este asunto. Y aún así los futboleros, llenaron los espacios mediáticos.

El crimen organizado le pese a quien le pese, tiene el control del país y no extrañaría a nadie que fueran ellos quienes otorgaron el permiso a Calderón para que se vaya a Sudáfrica, se ponga la verde y contribuya a las ganancias de las televisoras, en tanto el país se debate en sangre de jóvenes ejecutados y decapitados de la manera más sangrienta y dolorosa. Y si en la Presidencia, tan apurados en mandar a su jefe de vacaciones, tienen dudas de que sí la estamos pasando mal, se apuntan unos botoncitos de última hora:

En Torreón, Coahuila, el sábado en la madrugada, un grupo armado irrumpió en el bar "Las Juanas" y abrió fuego contra la clientela, dejando un saldo de ocho jóvenes fallecidos y 19 personas heridas. Los atacantes iban a bordo de tres camionetas y arribaron a la una de la mañana al establecimiento ubicado en la colonia Campestre La Rosita
En Culiacán, Sinaloa fue ejecutado a tiros por un comando armado, el director del penal del municipio de Navolato, mientras circulaba en su vehículo.

Y de esto, aún hay más. ¿Pensará el señor Calderón que durante los partidos de futbol en Sudáfrica, los criminales estén ocupados en lo mismo?

Acta Divina… El presidente Felipe Calderón debe asistir al partido inaugural del Mundial de futbol en Sudáfrica, según los resultados de la encuesta que aplicó la propia Presidencia de la República en su página de Internet, de un total de 2 mil 516 participaciones, quienes en su mayoría se inclinaron por apoyar que asista.

actapublica@gmail.com
claudia.rodriguez.de.z@gmail.com


Fuente: Indice Político
Difusión: AMLOTV

Copala, zona de guerra


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Desde hace más de seis meses, una ciudad es asediada por paramilitares en Oaxaca: San Juan Copala. Las indiscriminadas ráfagas de AK-47 contra el principal centro político y ceremonial de la cultura triqui se mantienen a todas horas. Las emboscadas contra los pobladores que se atreven a salir de sus casas suceden casi a diario. Más de 30 muertos y centenas de heridos ha dejado el sitio a una población que resiste una guerra. La orden de los grupos armados es no dejar salir ni entrar a nadie: que los triquis que optaron por la autonomía se rindan por balas y por ausencia de alimentos y medicinas. Antes de la llegada de los paramilitares, el Ejército y las policías abandonaron sus cuarteles

Contraluz: Mujeres, la resistencia triqui



Zósimo Camacho y Miguel Badillo / Julio César Hernández, fotos / enviados


San Juan Copala, Oaxaca. Calles desoladas donde deambulan pollos y perros famélicos; ventanas reventadas por las balas; paredes y techos descarapelados por los impactos de fusiles de asalto AK-47, R-15 y M-16 es el panorama de un amanecer en esta cabecera de la “nación triqui”, cuyos pobladores, apoyados por los de 10 comunidades más, instauraron como Municipio Autónomo el 20 de enero de 2007.


No hay calle que no se encuentre a tiro de los paramilitares, apostados en los cerros circundantes y, principalmente, en el barrio vecino de La Sabana y en los cuarteles del Ejército y de las policías municipal y estatal, abandonados desde el año pasado por las “fuerzas del orden”. Las balaceras a las que está sometida una población de más de 700 habitantes (y que antes de que iniciaran los ataques era de más de 1 mil 200) nunca terminan. Día, tarde y noche, los grupos armados disparan contra el edificio de la presidencia municipal, donde se encuentran el presidente autónomo entrante, Jesús Martínez Flores, y el saliente, José Ramírez, con una secretaria y un par de ayudantes.


Los disparos también se dirigen contra la iglesia, las escuelas, las casas habitación y contra la oficina de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, dependencia federal abandonada por el grupo de funcionarios que encabezaba el ingeniero Anastasio Villarreal Díaz, apenas iniciado el asedio paramilitar. Sin buscar demasiado, en cada calle se pueden observar decenas de cartuchos percutidos.


Todo hombre que sale de su casa es objetivo de los grupos armados de la Unidad para el Bienestar de la Región Triqui (Ubisort) y, aseguran los habitantes de Copala, de los del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), provenientes de la también vecina comunidad El Rastrojo.


Puertas cerradas, ventanas clausuradas, polvo acumulado en las calles que nadie barre y por donde nadie camina. Y los ojos asombrados de quienes por alguna rendija se asoman para observar a una abuela osada que recorre la calle principal de esta población: Lázaro Cárdenas.


El 28 de noviembre pasado comenzó el asedio de la Ubisort, afiliada al Partido Revolucionario Institucional (PRI), organización que encabeza Rufino Juárez Hernández, discípulo del actual secretario de Gobierno de Ulises Ruiz, Evencio Nicolás Martínez. Las acciones armadas del grupo estarían a cargo de Antonio Cruz García, Toño Pájaro, y Anastasio Juárez Hernández, hermano de Rufino, acusan los pobladores de Copala.


Las descargas siguen inquietando a hombres y mujeres. Los sobresaltos son comunes en estas familias que escuchan las detonaciones y los impactos en las paredes o en los techos de sus casas. El derroche de recursos de los grupos armados es incalculable: las balaceras son permanentes y cada descarga, de 25 balas, de AK-47, cuesta alrededor de 1 mil pesos.


Desde hace seis meses, los paramilitares cortaron los cables de la energía eléctrica, los de las líneas telefónicas y los ductos del agua potable. Los niños, a oscuras, silentes y temerosos se van a la cama o al petate después de haber rezado en sus casas a Tatachú, un Cristo sangrante, santo patrono del pueblo. En ellos recaen muchas de las actividades que normalmente harían sus padres: salir a buscar alimento, acarrear cubetas con agua del río, enviar recados y caminar presurosos por las calles más peligrosas, las de la plaza principal.


—Sí me da miedo; pero yo no me voy a ir de aquí, porque éste es mi pueblo -dice, sin titubeos, Leticia Velasco Aguilera.


Huipil a las pantorrillas, descalza y cabello recogido, la niña concluye: “Hay fuerza”.


Su dieta, como la de todas las familias simpatizantes del Municipio Autónomo, se reduce desde hace seis meses a tortillas tostadas de maíz, salsa de chile con agua y, a veces, frijoles.


Por algunas horas al día, los paramilitares permiten a las mujeres caminar ciertas calles. Aun así, los disparos se siguen escuchando. Si algún hombre se aventura a salir, debe cuidarse de los cuatro puntos cardinales, correr agachado cada que atraviesa una calle, buscar callejones y recodos en las paredes: está siendo cazado.


El párroco Rogelio Barragán, los médicos y casi todos los maestros abandonaron iglesia, centro de salud, dispensario y escuelas. La única institución educativa que se mantiene en funciones es la escuela albergue a cargo de la congregación de monjas diocesanas, cuya sede se encuentra en la ciudad de Huajuapan de León. Desde hace seis meses, los 55 niños, de entre seis y 16 años, no han podido salir ni ser visitados por sus padres. Las monjas se encargan de la manutención.


Se trata de entre ocho y 10 religiosas, cuya encargada es la madre María del Carmen Lucero Rosario. Son las únicas personas que pueden ingresar y dejar San Juan Copala en automóvil. Los lugareños consideran que ellas se convertirán en blanco de los paramilitares si entablan algún tipo de comunicación con los simpatizantes del Municipio Autónomo. Por eso, las religiosas no se relacionan con nadie.


Los demás niños de la comunidad no asisten a la escuela. Se trata de 150 alumnos de primaria y 110 de secundaria.


—Aquí lo único que se puede hacer ahora es sacar tu cara por la ventana, regresar al cuarto y volver a sacar tu cara por la ventana –dice el profesor Gregorio Chávez Jiménez, responsable de la Escuela Albergue de San Juan Copala.


Desde una casa permanentemente asediada por francotiradores, Julián González Domínguez, suplente del presidente municipal autónomo, explica que el objetivo de los grupos armados es que se retiren todas las personas de esta comunidad y se queden únicamente los priistas que, además, son minoría.


—Y cómo van a dejar las mujeres y las familias sus casas, su mercado, su plaza.


A decir del líder triqui, de 52 años de edad, la Ubisort y el MULT cuentan con el apoyo del gobierno estatal de Ulises Ruiz.


—El gobierno está con ellos. Cómo que tenemos tantos meses así y nadie de la policía viene. Ya vieron que no hay luz ni agua y que están balaceando todo el tiempo. Nadie sale. Pero gobierno no hace nada. Y de dónde sacan ellos armas y balas.


Desde finales de la década de 1990, las comunidades de Yosoyuxi y San Juan Copala encabezaron un movimiento crítico al interior del MULT, que culminó en 2006 con la fundación del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui-Independiente (MULTI). La nueva organización impulsó la creación del “Municipio Autónomo”, que cautivó a integrantes del propio MULT, pero también de la Ubisort. Comunidades enteras abandonaron sus antiguas organizaciones y se afiliaron al proyecto autonómico.


“El discurso ideológico sí existe; pero está subordinado a los clanes. Si un padre de familia acuerda integrase a una organización, lo hace con las familias de sus hijos; e, incluso de sus hermanos. Por eso, poblaciones enteras se adhieren a uno u otro movimiento”, explica Francisco López Bárcenas, abogado, maestro en desarrollo rural y autor del libro San Juan Copala: dominación política y resistencia popular.


Timoteo Alejandro, considerado el “líder natural” del MULTI y, desde Yosoyuxi, principal sostén del Municipio Autónomo fuera de la cabecera de San Juan Copala, explica que las diferencias con el MULT comenzaron cuando las comunidades pidieron cuentas de la utilización de los recursos de los ramos 28 y 33 del Presupuesto de Egresos de la Federación a los líderes Heriberto Pazos Ortiz y Rufino Merino Salazar.


—Cuando estábamos con ellos, nunca supimos nada de ese dinero. Y ni obras ni nada se hacían aquí. Hasta la fecha, las comunidades del MULT siguen sin nada; son las más pobres. Y mientras, los líderes son ricos y ni viven en la región triqui; viven en residencias de lujo en Oaxaca.


De 44 años, complexión delgada, mirada taciturna, huaraches y camisa remangada, don Timo, como le dicen sus paisanos, muestra con orgullo las dos canchas de basquetbol, los 500 metros de cemento del camino principal y las obras en construcción: una bodega y una nueva aula para la escuela. Dice que Yosoyuxi recibe ahora anualmente 80 mil pesos del ramo 28 y 2 millones del ramo 33.


Durante casi dos años, el Municipio Autónomo vivió en paz. El conflicto inició cuando la Ubisort logró reactivar sus grupos armados. Para ello, habría regresado de Estados Unidos Toño Pájaro, a quienes los habitantes de San Juan Copala señalan como quien se encarga de reclutar y entrenar paramilitares. El 28 de noviembre de 2009 se le impidió el paso a una caravana de campesinos del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, que iba a solidarizarse con las autoridades del Municipio Autónomo. Los habitantes de La Sabana bloquearon la carretera mientras un grupo armado desataba una balacera en el centro de Copala.


El 8 de diciembre, una columna armada de la Ubisort tomó el Palacio Municipal. Declaró que no había Municipio Autónomo, sino “agencia municipal” y colocó en el puesto a Anastasio Juárez Hernández. El 10 de marzo de 2010, los simpatizantes de la autonomía retomaron el palacio mediante una concentración masiva de mujeres y niños, según el vocero del Municipio Autónomo Jorge Albino.


Rosa Martínez, de alrededor de 70 años, estuvo ahí. Recibió un balazo de AK-47 que le atravesó el pie derecho. Nunca pudo reponerse del todo y camina con dificultad. La herida aún no cicatriza.


—Llegamos mujeres y niños porque habíamos hecho asamblea. Entramos y los sacamos; pero uno disparó –dice, evasiva. No quiere recordar el hecho.


La mayoría de los hombres involucrados en la organización del Municipio Autónomo ha sido emboscada. Algunos han resultado heridos; otros, muertos y otros han perdido a un hermano, un hijo, una pareja. No hay uno solo que no haya sido afectado por un grupo paramilitar.


De 25 años de edad y bigote ralo, Albino muestra las cicatrices de una emboscada: siete balas de fusil de asalto automático AK-47 que se impactaron contra su cuerpo. Una de ellas permanece muy cerca de su columna vertebral. La emboscada ocurrió el 11 de mayo de 2006, en los albores de la constitución del Municipio Autónomo y cuando el iniciado activista contaba con 21 años de edad. Venía de la ciudad de Juxtlahuaca cuando fue emboscada la camioneta en que viajaba junto con otras dos personas: Adrián y Francisco Bautista. Adrián murió; Francisco salió ileso.


A decir de los simpatizantes de la autonomía, los sicarios buscaban a Timoteo Alejandro Ramírez, responsable de la comunidad de Yosoyuxi ante el Municipio Autónomo, o “líder natural”, como le llaman en esa localidad. No lo encontraron; pero un par de meses después le hicieron una herida que aún le hace derramar lágrimas: su hijo primogénito, de 19 años, también nombrado Timoteo Alejandro, fue muerto en una emboscada en el paraje Cieneguilla, cerca de Copala. “Por eso debemos tener muchos hijos; si nos matan a unos, no nos quedamos sin nada”, comenta.


En noviembre de 2009, Gregorio Chávez, de 23 años, hijo de Gregorio Chávez Jiménez, responsable de la Escuela Albergue de San Juan Copala, fue baleado en el centro de esa población. “Qué bueno que (las emboscadas) fueran (con armas) de (calibre) 22; pero usan puro R-15 y cuerno de chivo”, dice el padre de una familia de 11 hijos. “Dos días que tuve a mi hijo en el hospital me costaron más de 20 mil pesos”, agrega.


Jorge Albino insiste en que los ataques no sólo provienen de grupos armados de la Ubisort, sino también del MULT.


—De hecho, ellos son más peligrosos porque saben hacer política. Si no estamos de acuerdo con ellos, ni nos amenazan; sólo nos emboscan y nos matan. Y hasta tienen discurso de izquierda y son adherentes a La Otra Campaña (como también lo es el MULTI).


La principal preocupación de la abuela Macaria Merino Martínez, de 80 años de edad, es que muera sin que haya quien la sepulte y le rece. Está sola en ésta, su comunidad de San Juan Copala, o, como ella le dice, Chuma’a, el pueblo de todos los triquis.


—No tengo hambre; pero me trago la tortilla a fuerzas; no hay dinero para velas ni flores, ni caja de muerto… Y quién me va a llevar al panteón. No me puedo morir ahorita.


Cabeza blanca, huipil con listones a la espalda y sandalias negras, termina por compadecerse de Tatachú, el protector de los triquis.


—Los santos también tienen hambre, pues no hay quien les ponga veladora ni les lleve flores. Ellos se alimentan de eso. Tatachú también está sufriendo como triqui. Cuánto tendrá que pagar la Ubisort por eso…


El profesor jubilado Miguel Ángel Velasco, indígena triqui de 52 años de edad y originario de esta población, va de la tensión a la tristeza y luego a la determinación: “Voy a resistir; mejor me muero en la puerta de mi casa que fuera de mi pueblo”.


Desde que inició el sitio de San Juan Copala, todo ingreso o salida se realiza por el monte de esta Sierra Triqui. Selváticos, con platanares y enredaderas en las partes bajas, en las altas los cerros se convierten en fríos bosques de ocotes y encinos. Cañadas y laderas donde continuamente se realizan emboscadas son atravesadas en completa oscuridad por hombres y mujeres, que lo mismo huyen de esta población o resisten el asedio.


Una vez que se ha salido o ingresado de San Juan Copala, las descargas de los francotiradores arrecian en todas direcciones, principalmente hacia donde se escucha ladrar a los perros. Los paramilitares no escatiman balas.




Las cartas deciden la suerte de los triquis


Las manos de Eustolia Álvarez de Jesús colocan cuatro hileras de 10 cartas sobre una mesa de madera desvencijada. El as de oros representa a la vecina población de San Juan Copala. El rey de oros, el caballo de copas y el caballo de oros, a los hombres que desean aventurarse por la cabecera del Municipio Autónomo, erigido el 20 de enero de 2007 por una decena de comunidades de la región triqui baja. El veredicto de la joven mujer es contundente e inapelable: hay mala suerte; no pueden ir. No hay triqui que desobedezca o, como dicen entre sí, “se ponga necio”.


Hay quienes deben aguardar semanas enteras hasta que “la suerte” les favorece. Sólo entonces, en completa oscuridad, se ponen en marcha. Atraviesan un monte enmarañado. Evitan las veredas tradicionales para no ser blanco fácil de los paramilitares, quienes, por turnos, acechan día y noche los caminos a la población sitiada. Muy pocos se atreven a desafiar la vigilancia de los grupos armados. Cuatro de cada cinco han sufrido una emboscada alguna vez. Varios de ellos albergan aún una bala en su cuerpo.




Principales comunidades con el Municipio Autónomo

San Juan Copala (cabecera)

Yosoyuxi

Paraje Pérez

Agua Fría

Santa Cruz

Tilapa



Fuente: Contralínea
Difusión: AMLOTV

Narcos y calderonistas dañan por igual al país




La entrevista del extraordinario periodista Julio Scherer, director de la penetrante revista semanal Proceso, con la fotografía en portada de Scherer con el capo Zambada (4 de abril de 2010), como era de esperarse, originó discusión (y escándalo en las “buenas conciencias”) a raíz de poner sobre la mesa si es o no información dar a conocer las noticias sobre el narcotráfico, entrevistar a los capos; a militares y policías que los enfrentan en lo que hasta hoy ha resultado una ineficaz y desigual lucha (por las ventajas de los matones que, en emboscadas y con mejor armamento, atacan).


Para informar y opinar (criticar y elogiar) no hay frontera; el periodismo incurre en los colores de la descomposición de la luz (valga la metáfora) y en el ejercicio de las libertades de expresión. Desde hace siglos da a conocer a la opinión pública lo que a su criterio es noticia, no ha de sustentar su oficio en juicios de valor ideológicos, religiosos o de cualquier otra índole, sino dar cabida al amarillismo, al rojismo, etcétera, hasta el blanco y negro tradicional del trabajo de la prensa escrita que no repara en si uno de los dioses o uno de los diablos está dispuesto a manifestar su punto de vista. Proceso y Scherer han cumplido con los fines implícitos en la tarea del reporterismo.

Desde trincheras como la calderonista, se reprueba la entrevista y, desde otros medios de comunicación, brotó la intolerancia (y envidia) por el encuentro Scherer-Zambada. Ignoran que al obtener una información, una entrevista y/o una noticia, la divisa es publicar. Máxime si por su importancia pública es de conocimiento necesario para la sociedad. Se puede estar en desacuerdo con la “crónica (y fotografías) de un encuentro insólito”, donde Julio Scherer nos cuenta su cara a cara con el capo Zambada. Hacer la entrevista y darla a conocer es el deber profesional del reportero.

¿Qué no se debe publicitar, en esos términos, a un presunto delincuente, como Zambada? Es cuestión de pareceres, en el espacio de las libertades constitucionales de expresión. El periodista de toda su vida que ha sido Julio Scherer entrevistó al capo (así la haya buscado él o haya sido convocado para celebrarla) y eso es lo que, objetivamente, cuenta para el periodismo. ¿Que los narcos le han hecho daño al país? Es una verdad de a kilo. También, por otros medios, lo está haciendo el calderonismo. Delincuentes y calderonistas están causando gravísimos males a México. Los dos están en la información diaria. Calderón, al igual que cualquier mexicano (aun en la cárcel), puede y debe estar en la mira del periodismo eficaz y abierto a toda información.

Primero, nada debe escapar a la información una vez generada ésta por sus actores; en segundo término, el trabajo del reportero es publicar la información mientras ésta sea veraz y contrastada, sin más código para normar su conducta que la ética constitucional con sus derechos y obligaciones, para mantener la vigencia jurídica que da la legalidad de todas las libertades de expresión, mediante cualquier medio de comunicación.

Si se trata de juicios de valor para precisar quiénes hacen más daño al país, delincuentes o servidores públicos, debe decirse que ambos están dañando por igual a la nación. Unos, desde la ilegalidad político-electoral y contraviniendo los principios constitucionales, al interrumpir su vigencia plena con la manu militari; los otros, desde la ilegalidad penal y la mano negra delincuencial inconstitucional.

cepedaneri@prodigy.net.mx

Fuente: Contralínea
Difusión: AMLOTV

¿PARA QUIÉN TRABAJA PEÑA?

¿PARA QUIÉN TRABAJA PEÑA?


Por: Francisco Rodríguez
FUERON LOS TECNÓCRATAS quienes abrieron de par en par las puertas a los opositores del PRI, partido en el que no creían, que incluso les provocaba vergüenza Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y, sobre todo, Ernesto Zedillo no sólo no respetaban, incluso despreciaban a los políticos priístas. El primero lo demostró con la expulsión de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, quienes con su Corriente Democrática, primero, y aliados a otras fuerzas partidistas, después, oponían férrea resistencia a la candidatura de Salinas, a quien abiertamente señalaban cual empleado de los intereses estadounidenses. El resto de la historia –fraude electoral o “caída del sistema” incluidos--, la conoce usted mejor que yo.



Desde prácticamente el inicio de su cuestionada gestión, Salinas intentó desaparecer al tricolor, y creo las redes de Solidaridad con las que pretendía sustituirlo. Usted también conoce el desenlace de este capítulo de la historia reciente. Aquel a quien, según el entonces ocupante de Los Pinos, correspondería liquidar al organismo de interés público que alguna vez fuera Revolucionario y terminó sin siquiera ser Institucional, fue asesinado en Lomas Taurinas por una fantasmagórica nomenklatura, a la que constantemente se refería el antecesor de Zedillo.

Fue éste, empero, a quien le tocó la liquidación, entregando Los Pinos al PAN, no nada más por el fracaso de las políticas neoliberales –remember Fobaproa-- sobre la economía y las finanzas de la sociedad, sobremanera porque actuó en contra del candidato Francisco Labastida, como mano del gato de los intereses estadounidenses y empresariales domésticos, a los que hoy por hoy sigue sirviendo.

Hago hoy con usted este recuento, porque un distinguido priísta a quien no pocos consideran poseedor de las simpatías mayoritarias para convertirse en candidato del PRI a la Presidencia de la República en el 2012, recién ha invocado al demonio tecnocrático.

Le hablo, sí, de Enrique Peña Nieto quien, tal vez por su juventud, desconoce que el peor enemigo del PRI no es el PAN ni mucho menos Andrés Manuel López Obrador –de lo que ya queda del PRD mejor ni hablemos--, sino la casta de tecnócratas que, desde el Banco de México o la Secretaría de Hacienda, sólo han usado a los políticos priístas --¿tontos útiles?-- para imponer aquí los designios de la Casa Blanca y los poderes fácticos estadounidenses, a través del FMI, el Banco Mundial, y otros organismos multilaterales.

En un foro de “aportaciones” para el futuro del país –o quizá nada más para una precampaña presidencial--, tres tristes tigres de pura cepa tecnocrática volvieron a la carga: Pedro Aspe, Guillermo Ortiz y Francisco Gil Díaz.

Nada innovadores, ahora desde bien remunerados cargos en la iniciativa privada –sin que por ello dejen de cobrar mes a mes sus jugosas pensiones de Banxico, entre otras--, como la burra volvieron al trigal de la-necesidad-de-abrir-Pemex-a-la-iniciativa-privada.

Y con un discurso similar al que emplean los adversarios panistas del priísta Peña Nieto, los ex secretarios de Hacienda de Salinas, Zedillo y Fox urgieron a realizar-las-reformas-estructurales-que-el-país-necesita (léase como sonsonete), que permitan abrir Petróleos Mexicanos a la inversión privada, con la finalidad de modernizar esta empresa y corregir el grave problema de productividad que presenta.

Relativamente, Peña Nieto es nuevito en esto y quizá desconoce aquél debate que, al término de “el último Presidente de la Revolución” se dio en el país sobre la conveniencia de dejarlo en manos de los técnicos o de los políticos. Don José López Portillo se arrepentiría después y admitiría su equivocación en una mesa de amigos.

Así es que si el gobernador mexiquense ideó el foro de aportaciones --que contó con la presencia de dos Premios Nobel mucho más revolucionarios que Aspe, Ortiz y Gil-- para que sirviera a su precampaña, el tiro le salió más bien por la culata. Fue sólo el marco para que los tecnócratas volvieran por la búsqueda de sus fueros.

Es la historia repetida, cíclica, en la que Enrique Peña ni siquiera supo para quién trabaja. Aquella en la que los técnicos sólo usan a ¿los rudos? para que les dispongan le mesa. O bien, para que les hagan la tarea que para ellos es sucia: la del contacto con la gente en busca de sus votos.

¿Cómo lo ve usted?

Índice Flamígero: Para el anecdotario: Hace aproximadamente 10 años, Diego Fernández vendió parte de su rancho, en Querétaro, al ex Yanqui (ex delegado de la desaparecida Policía Judicial Federal) Rodolfo Manzano Peredo, a quien la revista Proceso ubicó en su momento como integrante del Cartel de los Texanos y al que la DEA, a través de la embajada de EU, le retuvo la visa por un incidente que lo pinta de cuerpo entero: En Isla del Padre, Texas, intentó comprar un yate valuado en un millón de dolares ¡¡¡en efectivo!!! Los vendedores dieron parte a la DEA, la que sin más lo regresó a México, le quitó el dinero, y ya hasta que estaba de regreso en nuestro país, los estadounidenses dizque se dieron cuenta de que se trataba del Delegado de la PGR en Reynosa. La operación de compraventa del rancho tuvo un valor de 3.5 millones de dólares. Actualmente, dicho rancho tiene invernaderos sobre una superficie de 68 hectáreas. Un vecino incómodo, sin duda, cuyo rango mayor fue el de policía de la PGR que comandaba Antonio Lozano Gracia.

www.indicepolitico.com / pacorodriguez@journalist.com


Fuente: Indice Político
Difusión: AMLOTV

Ley antimexicana en Arizona


Rodolfo Sánchez Mena
sanchemena@yahoo.com

La gobernadora de Arizona, Jan Brewer, promulgó la ley contra los migrantes de Arizona, SB 1070, con el argumento de resolver los problemas de violencia y criminalidad, a consecuencia de una frontera porosa. Brewer dijo que no sacrificaría la seguridad por la codicia y la criminalidad de los cárteles de la droga, los secuestros y la violencia.

La ley antimexicana, promulgada por la gobernadora Brewer, multiplicará los crímenes de odio racial y xenofóbicos contra 660 mil mexicanos que radican en Arizona, al ser incorporados brutalmente al frente de guerra del Pentágono contra el narcotráfico.

Por su contenido de violencia, la Ley Brewer se suma a la estrategia de desestabilización de la frontera mexicana con Estados Unidos, dirigida a provocar el terror y el pánico entre la población fronteriza, al asesinar a civiles indefensos y jóvenes estudiantes.

La gobernadora Brewer ha izado la Ley SB 1070 como bandera electoral de la derecha republicana, en la campaña de las elecciones intermedias, promoviendo la violencia y la persecución contra los migrantes mexicanos, para impedir el triunfo de Obama y de los demócratas en las elecciones intermedias.

La contraparte de la política racista no pueden ser sólo discursos de corte liberal frente a la criminalización de los mexicanos, para ser encarcelados y expulsados por su “apariencia” de mexicanos indocumentados.

Obama y sus aliados requieren ir más allá de combatir a las expresiones de violencia de los extremistas blancos, ejemplificados por la gobernadora, Brewer, y de replantear el problema de fondo. Resolver legalmente el problema migratorio sin lugar a dudas creará un clima de distensión y de buena voluntad para abordar la relación indisoluble y darle una solución satisfactoria.

En las elecciones intermedias de Estados Unidos, el voto llamado latino será decisivo para el triunfo de Obama, donde el núcleo duro y organizativo es el mexicano. No es un secreto que expresiones racistas y persecutorias de la gobernadora de Arizona, Brewer, se vean matizadas o tengan un giro de 180º por otros gobernadores republicanos, como una estrategia para atraer el voto latino y no solo ganar la elección intermedia sino tratar de impedir la reelección de Obama.

Sin embargo, insistimos, en el caso de la ley antimexicana de la gobernadora vecina del estado de Sonora, Brewer, no es de carácter meramente coyuntural electoral y sí se dirige a insertarse en la estrategia de desestabilización de la frontera norte.

Como ha venido sucediendo, cada entidad fronteriza mexicana y su mancuerna del estado del “otro” lado, se aplican tácticas diferentes, pero que apuntan todas al mismo objetivo general para desestabilizar políticamente a la región fronteriza. O bien se aplican las que ya han sido probadas en su eficiencia, como son los bloqueos para el control de zonas urbanas e impedir la movilización y concentración de efectivos militares y policiacos. Es el caso de las llamadas redes ciudadanas que han venido probando su efectividad comunicacional, para ser empleadas como instrumento de pánico y movilización.

Por lo pronto, el recurrir a la criminalización de los migrantes en el contexto del dominio transfronterizo por los cárteles trasnacionales, es una nueva cobertura que desplaza la atención de los medios y los deja operar a gusto, sin interferencia en momentos que el mercado estadunidense y europeo se está ampliando.

A las movilizaciones y encarcelamientos de estudiantes mexicanos en Arizona por protestar contra una ley que criminaliza a trabajadores mexicanos expulsados por el abatimiento de la economía nacional, requiere una respuesta nacional contra una ley antimexicana dirigida a promover crímenes racistas y de odio xenofóbico, como un instrumento más de desestabilización fronteriza y de avivamiento de la política del Pentágono para impulsar el negocio global del narcotráfico.

Fuente: Forum
Difusión: Soberanía Popular

Denuncian asesinato de otro miembro de la Resistencia en Honduras

El Frente Nacional de Resistencia contra el golpe de Estado en Honduras, denunció este sábado la muerte del dirigente Gilberto Alexander Núñez Ochoa, asesinado en su vivienda al sur de Tegucigalpa mientras conversaba con un amigo, y aprovechó para instar a la comunidad internacional para que ponga el ojo en el Gobierno de Porfirio Lobo debido al incremento de la violencia contra sus detractores en esa nación.

La integrante del Frente, Bertha Cáceres, que participa en la Cumbre de los Pueblos que se lleva a cabo en Madrid, informó a teleSUR que el joven de 27 años era un activo representante del grupo, y pidió a los países europeos, que insisten en invitar a Lobo al encuentro de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea-América Latina y el Caribe (UE-ALC), que condenen la violación de los Derechos Humanos existente en ese país.

Alexander Núñez Ochoa formaba parte de la comisión de seguridad y disciplina de la resistencia y era uno de los miembros que denunciaba la infiltración de sospechosos durante la manifestaciones del Frente que tenían como objetivo la provocación a comandos policiales, atentar contra instalaciones privadas y públicas y establecer el caos.

El asesinado había prestado testimonio ante el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (Cofadeh), por ser víctima de seguimientos, amenazas y hostigamientos por parte de agentes de investigación del Estado.

Ochoa llegó junto a su amigo José Andrés Oviedo en un taxi hasta su casa y fueron sorprendidos por dos individuos que con armas de fuego los asesinaron de múltiples balazos.

Bertha Cáceres dijo que a pesar de la situación, el Frente de Resistencia sigue de pie e impulsando la recolección de cientos de miles de firmas para proponer una Asamblea Constituyente.

Lobo sumió el poder el pasado 27 de enero de este año luego de ser elegido en unas polémicas elecciones en Honduras que se realizaron bajo un gobierno de facto, instalado tras un golpe de Estado, y sin la observación de la Organización de Estados Americanos y la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Fuente: TeleSur
Difusión: soberanía popular

Gobierno de Colombia reprime indígenas del Cauca

http://contralinea.info/archivo/2010/mayo/182/fotos/colombia/principal.jpg
La administración de Álvaro Uribe encarcela a uno de los líderes de la comunidad indígena nasa por el supuesto secuestro de un militar cometido en 2008; desde entonces, el gobierno colombiano busca culpar a los indígenas de aliarse con la guerrilla, señala la defensa. El pueblo originario que habita en el Cauca lucha por la preservación de sus tierras y el trabajo comunitario



Constanza Vieira / IPS

Bogotá, Colombia. Feliciano Valencia tiene rango de ministro para el pueblo indígena nasa, que habita el norte del departamento colombiano del Cauca. Fue detenido a fines de abril de 2010 y dejado en libertad condicional.


“Está visto que no se quiere respetar la Jurisdicción Especial Indígena”, consideró el abogado Jorge Triviño, asesor jurídico de los indígenas nasas. Valencia es consejero (ministro) de paz de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), en el suroeste del país, o, en lengua nasa, cxab wala kiwe (territorio del gran pueblo).


Él goza de medidas cautelares ordenadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, al igual que otros líderes indígenas del Cauca, como Aída Quilcué y Daniel Piñacué.


Los tres son portavoces de la Minga (trabajo colectivo para el bien común) Social y Comunitaria, una movilización que lideran los indígenas para plantear exigencias al gobierno.


Pero se les acusa de “secuestro” y “lesiones personales”, al igual que a dos miembros de la Guardia Indígena, cuerpo de vigilancia comunitaria cuyos integrantes van armados sólo con bastones de mando orlados de cintas de colores.


Las acusaciones se refieren a la detención que la Guardia Indígena efectuó el 16 de octubre de 2008 al cabo del ejército Jairo Danilo Chaparral.


La Minga, realizada a mediados de abril en el norte del Cauca, tomó la Carretera Panamericana. El gobierno ordenó “despejar” esa vía y la policía antimotines disparó contra los comuneros.


El presidente derechista Álvaro Uribe acusó a la Minga de estar infiltrada por la guerrilla –que actúa en este país desde 1964– y el director de la Policía Nacional, Óscar Naranjo, señaló que en los enfrentamientos con sus hombres, los indígenas, estaban usando armas “no convencionales”.


Los jóvenes nasas, cámara en mano, grabaron los ataques de la policía antimotines. Esas filmaciones llegaron a la televisión internacional, que mostró a la fuerza pública disparando contra los manifestantes. Entonces, Uribe decidió trasladarse a territorio indígena a dialogar.


El saldo de esa refriega fue de tres indígenas muertos y 35 heridos. El cabo Chaparral, de ascendencia indígena y cuya madre habita en la zona, se infiltró en la Minga vestido de civil. En su mochila le encontraron un uniforme camuflado, varios celulares y manuales sobre manejo de armas y elaboración de explosivos.


El militar, según su madre, le contó que estos elementos debían ser “encontrados” por la policía, con el fin de implicar a la Minga con prácticas terroristas y con la guerrilla izquierdista.


El plan habría sido fraguado por la Dirección de Inteligencia del Batallón de Contraguerrilla número 15 “Libertadores”, donde el suboficial cumplía labores, según un comunicado enviado a IPS por más de una decena de organizaciones civiles, incluidas la ACIN y la propia Minga.


La Constitución de Colombia reconoce que “las autoridades de los pueblos indígenas podrán ejercer funciones jurisdiccionales dentro de su ámbito territorial, de conformidad con sus usos y costumbres”.


Capturado el cabo Chaparral, el tribunal indígena que lo juzgó fue asistido por chamanes, de acuerdo con la tradición. El “remedio” (condena) para el militar consistió en nueve latigazos y el “refrescamiento”, bañar su cabeza y hombros con agua sagrada.


La comunidad se tranquilizó, pues percibió que se hizo justicia. Pero, incentivado por sus mandos, el cabo Chaparral abrió una demanda penal.


“¿Qué hay detrás? Sin duda, un ataque a la Jurisdicción Especial Indígena”, señaló el abogado Triviño, apoderado de ACIN. El problema, agregó, es que no ha sido expedida “la ley de coordinación entre las dos jurisdicciones”, la ordinaria y la indígena.


Aunque existen fallos de tutela de la Corte Constitucional, que “son orientadores, que nos han dado respiro, nos han favorecido, los jueces los interpretan a su acomodo”, señaló, y no suelen tener “formación en antropología jurídica”.


Instancias de menor rango que la Corte Constitucional, como el Consejo Superior de la Judicatura, definieron que la justicia indígena se aplica dependiendo del delito. También, que quien comete un delito dentro del territorio aborigen debe reconocerse a sí mismo como indígena.


El conflicto se relaciona “con el no respeto de las competencias, que ya fueron claramente delimitadas por la Corte Constitucional”, comentó a IPS Freddy Páez, del Colectivo Fuerza Común, integrado por profesionales, jóvenes y estudiantes, y vinculado a la Minga.


Páez, cuyo Colectivo también hace parte de la no gubernamental Alianza Ciudadana por la Democracia, en defensa de la Constitución de 1991 que reconoció la jurisdicción indígena, ve en la detención de Valencia “un problema político. Los pueblos indígenas vienen luchando hace mucho tiempo por sus derechos, en particular por la tierra de la cual están siendo despojados”, dijo.


De las confrontaciones con el Poder Ejecutivo, “el que salió derrotado fue el gobierno de Uribe, después de que hizo señalamientos abiertos de que la Minga estaba estrechamente vinculada con lo que ellos llaman ‘el grupo terrorista de la guerrilla’”, agregó.


“Lo que se pretendía hacer con la infiltración de este muchacho indígena vinculado al ejército era tratar de dejar una evidencia para vincular directamente a la movilización con el grupo guerrillero. La Minga interpreta que es una retaliación de parte del poder que está detrás de las instituciones, ante la amplia defensa que ha hecho del territorio”, expresó.



La Minga en cinco puntos


La Minga mantiene Los cinco puntos que motivaron su surgimiento en 2008:


• No a las leyes del despojo.

• No más guerra.

• No a los tratados de libre comercio.

• Cumplimiento de acuerdos y convenios suscritos hace años.

• Creación de mecanismos de convivencia.

Fuente: Contralínea
Difusión: AMLOTV