viernes, 10 de julio de 2009

Javier Solórzano - Vitral




La arrogancia


Si alguien perdió el domingo fue el Presidente. Las elecciones confirmaron a Germán Martínez, al PAN y al PRD el sentir de mucha gente que paradójicamente se fue a refugiar al PRI, que sigue siendo el mismo. Pero si a alguien le mandaron un claro mensaje fue a Calderón. No basta con ofrecer —con la nueva e inevitable escenografía política— diálogo y entendimiento. Mientras el Presidente no tome decisiones profundas, el mensaje seguirá sin entenderse con el enorme riesgo de que la Presidencia termine aislada. Suponemos que ya cayeron en la cuenta de que no son suficientes los aceptables niveles de popularidad. Una lectura detallada de las encuestas deja claro que no es lo mismo la popularidad presidencial que el juicio sobre el desempeño del Presidente.

A los blanquiazules parece que les viene mejor ser oposición que ser gobierno. Los panistas en el poder se han vuelto arrogantes, soberbios. Han decidido que todo aquel que ejerce la crítica no merece su atención. Más que impulsar la apertura se han aislado y sólo escuchan a aquellos que les hablan al oído. Se les ha olvidado el valor de opiniones nuevas que si bien pueden causarles disgustos también les sirve como referente para darse cuenta en dónde están parados.

Han terminado por enojarse con los que no piensan como ellos llegando a la intolerancia que tanto criticaron en otras épocas. Están a nada de caer en el “ni los veo ni los oigo”. Se han ido llenando de intereses, lo que ha derivado en que todo lo que se toque les afecta directa o indirectamente. Cuando era dirigente nacional del PAN, nos dijo en una entrevista que quería ganar el poder sin perder el partido; hoy todo parece indicar que van en vuelo directo a perder el partido y la Presidencia.

Al Presidente no le queda de otra que dar un golpe de timón. Lo tiene que hacer para que la sociedad se dé cuenta de que ha recibido el mensaje y para que las cosas cambien. Requiere de un equipo consistente porque los problemas económicos van a cobrar la factura y el PRI le va a marcar el paso. Lo contrario podría llevar a que el Congreso termine gobernando por encima del Presidente.

Fueron varias las ocasiones en que se pidió a Martínez y a Los Pinos, desde donde salía la estrategia, que cambiaran el rumbo. No hicieron caso. Ni Calderón ni Martínez escucharon a los propios panistas y ahora están en la debacle. Si el Presidente no hace caso al mensaje, el aislamiento, la intolerancia y la ausencia de autocrítica lo llevarán en vuelo directo a la pérdida no sólo del partido sino también de la Presidencia; en suma, lo temores de Calderón van en camino de cumplirse.

¡OUUUCHHH! Cuando aparecieron evidencias de la derrota panista, muchos y muchas en el IFE pusieron cara de alegría. Diez minutos después les cambió la cara cuando se dieron cuenta de quién había ganado.

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