jueves, 6 de agosto de 2009

Gobiernos ignorantes Ricardo Rocha




Alguna vez en el sudeste asiático me explicaban que en su Constitución estaba claramente establecido que cada ministro de su gobierno debía tener por lo menos una maestría en la especialidad para lo que era designado. Y que el primer ministro debía, también por ley, tener dos maestrías: una en administración pública y otra más en cualquier otra materia.

Ni modo que yo les presumiera que en México era igualito. Que habíamos tenido una secretaria de Desarrollo Social que había estudiado para eso, para secretaria… bilingüe, por supuesto. Y que, más aún, tuvimos una precandidata a la Presidencia que también se recibió con maestría… de inglés, claro.

Y esto viene a cuento a propósito del reciente proceso electoral: no hay prácticamente currícula que resista el análisis entre los diputados electos; en el caso de los gobernadores, si bien cumplen con algunos rigores académicos, no están allí por lo que saben de políticas públicas, derecho constitucional, ciencias sociales o alguna otra disciplina que tenga que ver con el arte de gobernar. Están ahí porque una camarilla los designó candidatos, los hizo ganar y ahora los hará pagar el precio. Lo mismísimo en el caso de los gobiernos en sus escalas municipal, estatal y federal: sus funcionarios no están allí por sus conocimientos científicos, técnicos o humanistas. Están ahí por obsecuentes, por cómplices, por cortesanos, ellos y ellas. Así que, ¿quiénes nos están gobernando?

Por desgracia no los más aptos, sino los más grillos. No los más capacitados sino los más habilidosos. No los más patriotas sino los más oportunistas. Está claro que quienes llegan a ocupar un cargo de representación popular o de gobierno suelen rodearse no de los mejores sino de los más leales —entendida la lealtad como sumisión irrestricta—, y si se puede de los más mediocres para que no les hagan sombra.

A ninguno se le ocurrirá jamás voltear los ojos a nuestras universidades e institutos de investigación. Indagar sobre quién o quiénes han dedicado su vida a estudiar y plantear soluciones a los grandes problemas del país. Ni siquiera para consultarlos eventualmente. En otras palabras, un enorme desperdicio de inteligencias, talentos y conocimiento que el país no debe seguir permitiéndose.

Mientras tanto, seguimos teniendo gobiernos de ignorantes e improvisados pero eso sí de puros yes, men que ganan fortunas a cambio de adular sistemáticamente a quien los puso, sin atreverse jamás a hacerles el menor cuestionamiento que pueda provocar su furia.

Por eso urge legislar sobre mínimas exigencias académicas y de experiencia para cargos de representación popular y de gobierno. Si todos ellos cobran de los impuestos que los ciudadanos pagamos, ya no es tolerable que sigan siendo el capricho, la complicidad y la abyección las “cualidades” más importantes para gobernar este país.

Mientras no pongamos un alto a la mediocridad y apostemos de una vez por todas a la inteligencia, seguiremos teniendo gobiernos no sólo corruptos sino ignorantes.

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