lunes, 12 de abril de 2010

Hablar bien, hablar mal


Manuel Camacho Solís
Hablar bien, hablar mal
12 de abril de 2010


2010-04-12




Desde el gobierno se llama a hablar bien de México. Desde la oposición y la crítica se reclama el derecho a decir la verdad, a ejercer la crítica y se destacan los hechos graves que ocurren en nuestro país. Hasta cierto punto, eso es lo que hacen quienes están en el gobierno y están en la oposición. Con ello buscan convencer a la mayoría para que los siga apoyando a quienes ocupan los principales cargos públicos, o para que les retire su apoyo si el balance de la actuación es muy desfavorable.

Cuando se exagera es cuando viene el problema. Si desde el gobierno se pide algo que no coincide con los hechos, la convocatoria no será escuchada y sólo servirá para acentuar la crítica. Pero también si desde la oposición la sociedad percibe que existe un rigor excesivo y repetitivo en la crítica, ésta terminará por perder eficacia y llegará el momento en el que provocará un efecto de pesimismo que alejará a los ciudadanos del voto. Están en contra del gobierno, pero tampoco les convence la oposición si no ven en ella propuestas y capacidad de triunfo. La esperanza aumenta la participación. La falta de ella, provoca coraje, pero difícilmente anima a participar. La gente quiere que se le diga la verdad, que se reconozcan y denuncien los problemas, pero también que se le convenza que éstos tienen solución.

En un artículo reciente Jorge Castañeda mostraba cómo, en el país que hoy tiene una magnífica imagen —Brasil— la crítica es exacerbada. Tiene razón. La lucha democrática y la crítica son duras.

Hay, sin embargo, otra dimensión más profunda del hablar mal, hablar bien. Lo que hace la diferencia es la confianza que tienen los grupos gobernantes en sí mismos. Eso es lo que nos falta hoy en México. Y eso desde luego no lo vamos a alcanzar como producto de una convocatoria o un regaño. Eso sólo se logra en base a los resultados que se van alcanzando y la confianza que se va construyendo.

En Brasil o en Chile hay crítica permanente y dura. Pero también hay una indudable mayor confianza de sus grupos gobernantes en el futuro de su país. Y esa mayor confianza, se trasluce en todo. Ayuda a la economía y a la imagen internacional. Refuerza la cohesión interna.

Esa confianza en el futuro es definitiva. En la India o en China, con sus altos crecimientos económicos, impresiona el optimismo que, sobre su país, tienen sus gobernantes.

Por el contrario, la falta de confianza puede ser devastadora, hasta el punto de la disolución nacional. En los últimos años de la antigua Yugoslavia todos los dirigentes, sin excepción, veían un futuro negro y estaban pasmados. Era ya una nación derrotada. Y así fueron las consecuencias.

Lo que hoy y aquí nos falta no es hablar bien o mal de México. Ciertamente han ocurrido cosas muy graves que son inocultables y conviene que se conozcan para prevenir los peores desenlaces. Lo que más hace falta es generar procesos de participación y de cambio que pongan en movimiento a la sociedad y obliguen a los grupos gobernantes a mejorar sus respuestas.

Coordinador del Diálogo para la Reconstrucción de México (DIA)

Fuente: El Universal
Difusión AMLOTV

No hay comentarios: