martes, 26 de junio de 2012
Carlos Salinas de Gortari: Un Asesino en la Presidencia - el Libro Prohibido de 1987
Apagarle Cigarros en la espalda fue lo de menos.
Queda disponible en Nuestro Blog, este Admirable testimonio sobre el hombre que desde niño grito: "Yo la Mate de un Balazo, Soy un Heroe! cuando asesino a su sirvienta, de cuando adolecente mato a su caballo negro en venganza por derribarlo al suelo y ya Adulto "Quiso ser Rey" e introdujo con toda la fuerza al Neoliberalismo, saqueando, devalundo y desgraciando a su pais.
¿Permitiremos el Regreso del Salinismo?
El Libro se encuentra disponible en los siguientes enlaces:
http://goo.gl/dTWyB
Mirror:
http://goo.gl/2FY4R
martes, 15 de septiembre de 2009
El ejército ha fracasado, ya que sigue resistiendo el EZLN: Bellinghausen
Tomado de APIAVirtual y a su vez de Zapateando
Cuestionado, el doctorado honoris causa a Aguilar Camín
Fue un crimen de estado: presentadores de libro sobre Acteal
Javier Hernández Alpízar, Xalapa, Ver.– El cuestionamiento fue contundente: “¿A quién diablos se le ocurrió, en el seno de la Universidad Veracruzana, dar el doctorado honoris causa a Héctor Aguilar Camín?” Lo dijo en tono coloquial y airado el investigador del Instituto de Investigaciones Histórico Sociales Horacio Guadarrama, al comentar, junto al decano de la UV Manuel Martínez Morales, y el reportero y articulista (quien rechazó el Premio Nacional de Periodismo en el sexenio de Zedillo) Hermann Bellinghausen, al presentar el libro Acteal, crimen de estado, de la autoría de ésta último y con el sello editorial de La Jornada.
Ya el cuestionamiento había iniciado desde el público que llenó el pequeño auditorio de la Facultad de Música el domingo 13 de septiembre, pese a una lluvia torrencial que retrasó unos minutos el inicio del acto. A la primera mención del intelectual “orgánico” (entre los presentadores, el juego de palabras con los “desechos orgánicos” no se hizo esperar, causando la hilaridad del público) del salinismo, el zedillismo y, en general, del poder, quien recibiera el doctorado honoris causa por la UV hace unos meses, un silbido del público remontó el recuerdo hasta el árbol genealógico del autor de Morir en el Golfo.
Al cuestionar el doctorado a ese escritor, contraponiéndolo al que después recibiera Eduardo Galeano, el presentador del libro Horacio Guadarrama arrancó aplausos solidarios del auditorio en pleno. Incluso una voz sugirió, a manera de respuesta, que se le habría ocurrido a Fidel Herrera.
Y es que el libro Acteal, presentado por el autor y dos investigadores de la UV, se llama, con toda razón: Crimen de estado. Así lo afirmó el científico Manuel Martínez, quien explicó la impunidad de quienes desde el poder hacen fechorías, pero no serán juzgados por la historia, porque la escriben ellos mismos, dijo, citando Winston Churchill.
En cambio, en el preguntar y el “caminar en busca de la justicia brota la otra historia, la verdadera, enraizada en la vida frágil de hombres y mujeres comunes”, aseveró Martínez Morales, quien inscribió el libro presentado en esa línea. Señaló además que, desde 1994, el autor del libro ha reportado con veracidad la realidad de las comunidades indígenas en Chiapas.
Y justificó la expresión “crimen de estado”, ya que a la luz de la información recabada por muchos medios, especialmente La Jornada, cuyo resumen hace el libro, se muestra que hubo acción y omisión del Estado mexicano y de sus agentes que “condujo al rompimiento de las leyes que el mismo Estado puso”, y esto con el fin de preservar el dominio, el poder. Además, por el uso del miedo y el terror para imponer su política estatal, algunos lo han llamado también “terrorismo de Estado”, explicó Manuel Martínez.
El libro de Bellinghausen remite los hechos históricos a “la totalidad histórica concreta que los explica”, aseveró y lo ilustró leyendo algunos pasajes.
Horacio Guadarrama resumió algunas de las tesis del libro, especialmente las que remontan la responsabilidad del crimen a Ernesto Zedillo, en contraste con la vida cómoda, apacible y protegida por organismos internacionales que el expresidente lleva.
Además destacó cómo el autor de Acteal, crimen de estado muestra que el libro de la PGR llamado El libro blanco de Acteal es la fuente de todos los que han defendido la tesis del gobierno que niega la existencia de paramilitares y diluye el crimen de estado a una pelea intercomunitaria “por un banco de arena”.
Bellinghausen tomó la palabra al final, en la mesa moderada por Germán Martínez, para decir que de todas las historias y episodios en todos estos años de la lucha del EZLN, desde 1994, ha sido la más difundida, incluso en libros y videos la de esta masacre de los tzotziles pacifistas de Las Abejas en manos de paramilitares, en el marco de la contrainsurgencia zedillista.
Neoliberalismo, medios de comunicación y democracia
Por Ricardo Forster * en Página 12.
“El espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible e inaccesible. No dice nada más que esto: ‘lo que aparece es bueno, lo bueno es lo que aparece’. La actitud que por principio exige es esa aceptación pasiva que ya ha obtenido de hecho gracias a su manera de aparecer sin réplica, gracias a su monopolio de las apariencias.” Guy Debord
1 En el mismo momento histórico en el que caía el Muro de Berlín y se desplomaba como un castillo de naipes el sistema soviético, cuando casi atónitos contemplamos la apertura de una época que de un modo arrollador se deshacía de imágenes, lenguajes políticos, ideologías y prácticas que habían convulsionado y apasionado durante más de un siglo a hombres y mujeres de las geografías más diversas y distantes, lo que emergió como exponente de una nueva época del mundo fue la forma neoliberal del capitalismo tardío.
Las últimas décadas del siglo XX estuvieron atravesadas por la hegemonía de un discurso que se ufanaba de haber concluido, de una vez y para siempre, con las disputas ideológicas, al mismo tiempo que afirmaba la llegada de un tiempo articulado alrededor de la economía de mercado y de la democracia liberal. Fin de la historia y muerte de las ideologías para desplazarse, ahora, por los espacios rutilantes del consumo, el reino de las mercancías y el goce hedonista. Los escenarios, ya antiguos, de las conflictividades políticas y sociales serían pacientemente reconstruidos en los nuevos museos temáticos, sitios interactivos en los que el visitante de estos tiempos poshistóricos podría contemplar aquello que sucedía en los días ideologizados. La paz del mercado desplazó, eso se anunció a los cuatro vientos, las oscuras turbulencias de una historia dominada por el conflicto y la intransigencia de los incontables, de esas masas anónimas, oscuras y resentidas que regresarían a ese sitio del que nunca debieron haber salido. Las tradiciones del igualitarismo fueron a parar al vertedero de la historia. Hizo su aparición triunfal el nuevo ciudadano-consumidor, figura arquetípica de un clivaje hiperindividualista en el interior de la sociedad, ese que se desplazaría con fervor de iniciado por los santuarios de las metrópolis contemporáneas: los shopping centers.
Pero lo que también comenzó a ser desmontado, junto con el vertiginoso giro de la economía de producción a la economía de especulación, fue el imaginario social que acompañó el tiempo del capitalismo bienestarista, aquel que hizo, a partir de la segunda posguerra, del Estado un referente insustituible a la hora de articular las relaciones entre el capital y el trabajo (del New Deal rooseveltiano, pasando por nuestra experiencia de un Estado de Bienestar bajo el primer peronismo hasta llegar a la edad de oro del bienestarismo socialdemócrata europeo, ese modelo fue lo propio de un largo período de la historia del siglo XX que sería brutalmente desmontado por el neoliberalismo allí donde inició su derrumbe el modelo, ya fracasado desde tiempo antes, del socialismo autoritario de la URSS, dejándole al capital, de todos modos, las manos libres para convertirse en el amo de la nueva situación mundial). El pasaje de la metáfora fabril a la metáfora financiera (adiós a las chimeneas y a los sindicatos, bienvenidos los yuppies de Wall Street, las carteras de inversores, la flexibilización laboral y el trabajo basura) vino a expresar la bancarrota de prácticas que remitían a una época esclerosada; puso en evidencia que estábamos en presencia de una mutación fundamental del capitalismo, y que esa mutación no iba a detenerse hasta resemantizar la totalidad de los lenguajes sociales, económicos, políticos y culturales.
Dicho de otra manera: el neoliberalismo, su lógica más profunda y decisiva, se dirigía hacia una transformación revolucionaria del conjunto de la vida social. En esa tarea de desmontaje de las viejas formas de vida y de representación, seguida de la construcción de una nueva subjetividad entramada con las demandas de la economía global de mercado, ocuparían un lugar central y privilegiado los grandes medios de comunicación. Pensar el neoliberalismo es interrogar por ese maridaje extraordinario entre mercancía e imagen, entre mercado y lenguaje mediático; es tratar de comprender el fenomenal proceso de culturalización de la política y de estetización de todas las esferas de la vida. Una de las derivaciones de este proceso ha sido la expropiación de la política, y su consiguiente vaciamiento, por el lenguaje de los medios de comunicación.
2 Lo que el filósofo francés Guy Debord, con anticipación genial –allá por los años ’60–, había denominado la “sociedad del espectáculo”, aquella que se desplazaba hacia el dominio pleno y escenográfico de la pasión consumista y de sus “paraísos artificiales”, transformando a los seres humanos en espectadores cada vez más pasivos del verdadero sujeto de la época, la mercancía, constituyó lo propio de la travesía neoliberal. Se trató de una apropiación, por parte del capitalismo, de las fantasías y los deseos al mismo tiempo que se expandía planetariamente la industria del espectáculo, y la cultura, adecuada a los lenguajes audiovisuales y a su enorme capacidad de penetración, se convertía en una mercancía clave para la producción de una nueva humanidad. Lo que había prefigurado Hollywood desde los años ’30 y ’40, mostrándose como la avanzada brillante, innovadora y compleja de la americanización del mundo, señalando la importancia decisiva de la industria del espectáculo como vanguardia en la construcción de los nuevos imaginarios sociales, terminó siendo la materia prima a partir de la que el neoliberalismo logró naturalizar sus valores y sus intereses. Es inimaginable el despliegue planetario, global, del capitalismo financiero-especulativo, su capacidad para volverse hegemónico, sin ese rol decisivo de los medios de comunicación.
Por esas paradojas de la historia, los primeros que se dieron cuenta de la monumental importancia de las nuevas tecnologías de la comunicación y su relación directa con la política fueron los regímenes fascistas. Mussolini en Italia y Hitler y Goebbels en Alemania capturaron con maestría mefistofélica los poderes que emergían de la radiofonía. Con el giro de los acontecimientos, y una vez derrotado el totalitarismo, las triunfantes democracias occidentales se apropiarían con igual fervor de los potenciales propagandísticos y generadores de imaginarios social-culturales, que se guardan en los medios de comunicación de masas. La política quedó atrapada en esa lógica discursiva e iconográfica al mismo tiempo que la estetización y espectacularización emanados de los recursos propios de esos lenguajes contaminaban casi todas las esferas de la vida cotidiana. La astucia genial del sistema fue proyectar en la compleja trama a la que llamamos sociedad (transformada, por los mismos medios, en “opinión pública”) la imagen de que la corporación mediática era portadora de independencia, autonomía y capacidad crítica al mismo tiempo que garantizaba la libertad de expresión. Lo que se logró fue invisibilizar los lazos esenciales que vinculaban y vinculan a estas empresas con los intereses económicos dominantes. El neoliberalismo, como ideología del capitalismo tardío, comprendió que no era posible garantizar una profunda transformación económica si, al mismo tiempo, no se cambiaba la manera de mirar el mundo y de comprender la realidad. De lo que se trató es de la intensiva producción de un nuevo sentido común.
Más allá de la sobrevaloración, siempre discutible, que se pueda hacer del papel de las corporaciones mediáticas como definidoras de la opinión pública y como constructoras decisivas del sentido común, lo cierto es que ocupan un lugar destacadísimo en la estrategia de dominación del neoliberalismo. Son un factor sin el cual le sería muy difícil, a esa ideología, transformar sus intereses particulares en intereses del conjunto de la sociedad, mutando prácticas egoístas y exclusivamente ligadas al lucro y la rentabilidad en valores naturalizados en el interior de las conciencias. La proliferación de los lenguajes audiovisuales, su profundo arraigo en la intimidad de la vida cotidiana exigen, de la misma sociedad, una indispensable herramienta que le permita legislar adecuadamente impidiendo que la tendencia a la concentración y a la monopolización hagan del espectro comunicacional una incansable repetición del sentido común neoliberal. Entre la ideología y el mito, los lenguajes emanados de la corporación mediática apuntalaron el despliegue de nuevas formas de la subjetividad adheridas al reino de valores de un capitalismo que se leyó a sí mismo como la estación final y consumada de la historia.
De ahí, entonces, la crucial importancia que adquiere, en términos de una ampliación de la circulación democrática de la comunicación y la información, el debate que se está llevando a cabo en el Congreso de la Nación en torno del proyecto de una nueva ley de servicios audiovisuales. Lo medular de la disputa político-cultural se juega en estas discusiones, no porque una ley vaya a garantizar una espontánea transformación de los valores reinantes sino porque, al menos, logrará impedir que sigan proliferando los monopolios y abrirá el juego para que otros actores entren en la conversación. De eso se trata, entre otras cosas, la democracia. Dicho de otro modo: en una sociedad atravesada de lado a lado por los lenguajes de la comunicación y la información resulta inimaginable que ese campo abrumador y decisivo permanezca al margen de las grandes disputas político-culturales. En el interior de ese mundo en el mundo se despliegan imágenes, ideas, proyectos, lenguajes, formas de la sensibilidad, mitos que se entraman capilarmente en la cotidianidad de nuestras vidas. Leerlos desde la inocencia o creyendo que en su interior se privilegian centralmente los modos de la diversidad y la pluralidad constituye, a estas alturas de la travesía argentina y mundial, un desplazamiento del eje de la discusión hacia la más crasa complicidad con los factores de poder que se manifiestan en los núcleos duros y concentrados de los medios masivos de comunicación. La búsqueda, tal vez ilusoria pero imprescindible, de una mayor democratización en la distribución y producción de la comunicación es un desafío de primera magnitud a la hora de imaginar un giro más participativo y plural. El poder corporativo lo sabe y, por eso, va con todas sus armas contra un proyecto de servicios audiovisuales que viene a amenazar su hegemonía.
* Doctor en Filosofía, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
lunes, 7 de septiembre de 2009
Pensar el modelo económico
Francisco Velasco Zapata en APIAVirtual.
El modelo económico neoliberal que ha llevado a México -y a muchas economías “pre capitalistas”, periféricas y subdesarrolladas denominadas emergentes- a que se amplíe dramáticamente la base de la pirámide social no está agotado. Quienes ya no aguantamos más injusticia social somos todos aquellos que conformamos poco más del 85% de la población del país. Los que hemos padecido en carne propia la injusticia de la nula distribución de la riqueza que genera México - saqueada infamemente por más de quinientos años -; aquellos que trabajan el campo para que todos pero, fundamentalmente, los de las ciudades comamos; aquellos que dejan sus vidas en las fábricas por uno o tres miserables salarios mínimos; aquellos que hemos tenido la oportunidad de prepararnos en las universidades públicas, privadas y a pesar de todo, de tener título, diplomados o postgrados no encontramos oportunidades de empleo, sobre todo empleo bien pagado; aquellos que no aguantaron más el hambre de justicia y que terminaron indebidamente delinquiendo; aquellos que lamentablemente hemos sufrido los estragos de la delincuencia por robo, secuestro, extorsión, corrupción, etc., etc.; aquellos que por sus capacidades diferentes no sólo han tenido que enfrentar el problema de su incorporación a una sociedad injusta donde el machismo, la misoginia, el racismo y los prejuicios de clase impiden oportunidades a quien más las necesita. En síntesis, la gran mayoría de los mexicanos hemos agotado nuestra paciencia, no obstante que el modelo económico neoliberal quiera seguir siendo operado.
Por eso es que urge pensar el modelo económico. Pensarlo primero, luego exponerlo, debatirlo, en su momento aprobarlo y posteriormente ponerlo en marcha. La LXI Legislatura Federal -actualmente con 499 diputados- y 128 senadores de la república y, en general, todos los actores políticos de los tres niveles de gobierno del país, en concordancia con la sociedad civil tenemos el más caro compromiso con nuestra generación y la de aquellos que vivan de aquí a por lo menos los próximos cincuenta años para arreglar el muladar económico que nos está heredando el neoliberalismo. No podemos, ni debemos solamente ¡dejar hacer, dejar pasar!
Las amargas experiencias de las dos guerras mundiales del siglo XX nos alertan que el desempleo puede ser el más grave detonante de un conflicto social y la paz social no está para exponerla irresponsablemente en subasta. Es como el aire que respiramos, apenas unos segundos después de no tenerlo para respirar, su ausencia, se puede transformar en la diferencia entre la vida y la muerte. Así es también la paz social; hay paz social, concordia o acuerdo o en menos de lo que canta un gallo el conflicto social. A nadie en su sano juicio le conviene que eso ocurra, por lo cual es imperante que quienes momentáneamente tienen la conducción del país lo asimilen y rápido generen soluciones. Si al desempleo le sigue el hambre los riesgos son más graves porque entonces deviene inexorablemente el conflicto o como ahora refieren algunos analistas: el estallido social, el riesgo de que la población más desfavorecida enardecida por la injusticia tome las calles e imponga la ley de la selva, la del más fuerte, la del canibalismo.
Urge que los “tecno burócratas” insensibles lo entiendan. Su tiempo, más no el de su modelo económico -que reciclan y perfeccionan cada vez que lo necesitan- está agotado, no obstante que su paso por el mando del país va a cumplir tres décadas en México. Tiempo en el que no fueron capaces de resolver los problemas del país -ni siquiera los más sencillos-; no lograron que la economía crezca, pero sus fortunas personales y familiares son inconfesables, algunas se publican en la revista “Forbes”; fueron incapaces de generar empleos suficientes y bien pagados; fueron abusivos y leoninos en la distribución de la riqueza: se la quedaron toda; ni siquiera lograron implantar un gobierno que ejerciera el poder con legitimidad y habilidad para conducir el gobierno que hoy se desagarra en los más complicados problemas contra el crimen organizado, que opera cárceles saturadas; que se encuentra infiltrado por todo tipo de espías o bandas delictivas.
No hay que confundirse, pues, no se trata de un asunto de personas dentro o fuera del régimen o de los tres niveles de gobierno. Eso es lo de menos, porque al final de cuentas casi todos -los encargados de los distintos despachos estratégicos del gobierno- terminan enriqueciendo o a las órdenes de los barones del dinero, toda vez que cualquiera que umbilicalmente esté subordinado a la lógica de las políticas económicas de gobierno basadas en la exclusividad de la economía de mercado, con orientación neoclásica, monetarista y a la descentralización del control de la economía jamás entenderá -por más que se lo expliquen o lo viva en carne propia- que el Estado, aunque no les guste, es una necesidad y un instrumento para poner en práctica programas de desarrollo social a los que la iniciativa privada no asistiría ni por asomo, excepto sin pudiera deducir impuestos o tener ganancias. Por lo tanto urge pensar y modificar el actual modelo económico. ¿Y usted, cómo la ve?
Politólogo. Presidente de Parlamento Ciudadano A. C., Agradezco sus comentarios a: comunicacionsocial_pacem@yahoo.com.mx
lunes, 25 de mayo de 2009
SOBRE NUESTRO PETRÓLEO Y NUESTRA SITUACIÓN DE DEPENDENCIA
En la sección de Economía de La Jornada del día de hoy sale una nota sumamente significativa en el tema del petróleo: Georgina Kessel, secretaria de Energía, nos "promete" que para el 2015 México repuntará sus niveles como productor y exportador de petróleo.
En dicha nota se tocan varios puntos que son de llamar la atención: se habla no sólo de niveles de producción de barriles de crudo, sino también de la preocupación respecto a que Chicontepec pueda rebasar (o no) los niveles de producción del legendario -y ya próximo a agotarse- Cantarell. Así mismo, se menciona incluso una visita reciente a Roma en donde México, en reunión con los países todopoderosos del G-8, ya firmó un acuerdo para el intercambio de información y experiencias en materia energética.
De esta información me derivan varios cuestionamientos que hago notar a continuación:
- ¿El mencionado acuerdo será meramente para intercambio informativo y de experiencias en el ramo?
- ¿Y realmente serán acuerdo e intercambio las palabras adecuadas o habrá algo oculto detrás de estos terminos? Con eso de que reformar sí es privatizar...
- Ok, preocuparse por los niveles de producción de petróleo está muy bien, pero en la nota informativa yo no leo un solo renglón en donde la secretaria de Energía muestre un atisbo de preocupación no sólo para producirlo, sino también para procesarlo en nuestro territorio, lo cual me lleva a pensar que, o la promesa de construcción de la nueva refinería será una de muchas lanzadas al viento y cuyas palabras el mismo se llevará, o el pseudo-gobierno bien que sabe que una sola refinería no dará abasto suficiente para producir nuestra propia gasolina. Tomemos en cuenta que hasta para la construcción de la nueva refinería, también varios empresarios se están ya frotando las manos.
- Ergo: ¿algún viso de procupación por implementar un plan de desarrollo tecnológico y científico a nivel nacional con universidades de prestigio, como por ejemplo, UNAM e IPN y que a su vez reincentive la educación pública y laica del estado, impulse a los diversos ramos de la ingeniería y a los jóvenes se les brinde mayores y mejores oportunidades laborales?
- Como es clara la franca preocupación del estado por mejorar nuestra condición actual en el plano energético, entonces ya podemos imaginarnos quienes son los beneficiarios en la explotación de Chicontepec (ver nota)
- Suponiendo que todo lo que dice la tan mencionada fuera una realidad a corto plazo y México elevara de nuevo sus niveles de producción de petróleo, ¿quién será entonces el ganón para embolsarse los futuros excedentes? La ciudadanía no, eso me queda claro de antemano.
- ... Y mientras tanto, la administración de Petróleos Mexicanos, encabezada por Reyes Heroles, uno de tantos paleros y beneficiarios no sólo del neoliberalismo, sino del pseudo-gobierno de Felipe Calderón (ver nota), sigue amenazando a técnicos y profesionistas que laboran en la paraestatal con el despido si no firman el CIT (Contrato Individual de Trabajo), mismo que, en su nueva modalidad, les anula toda garantía laboral incluso en caso de despido injustificado.
Como vemos, las intentonas de seguir adelante con los planes privatizadores, no sólo del petróleo, sino de muchos de nuestros rubros, siguen siendo Prioridad Uno para el régimen neoliberal.
¿Verdad que nos siguen dando atole con el dedo?
El colofón: Bueno, caray, ya alguien anímese y levante la mano: en el México ganador de 8 añotes de resultados positivos palpables, educación de calidad, sustentabilidad energética/minera/agraria sólida, justicia prístina, estado de derecho diáfano, democracia suiza, instituciones transparentes y economía de primer mundo versión yameritonomásaguántametantitoqueahorasíéstaeslabuena, ¿con quién nos habían taladrado hasta el cansancio que era un "peligro" para México?




