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En esta entrega, la primera de "Reflexiones de la tijera", los muchachos de posgrado
reflexionan sobre los efectos y las razones por las que el gobierno panista ha decidido
recortar las becas para estudiantes de posgrado, de 7 a 4 pesos pasando de becarios a "precarios", pues con eso pagas la renta, el teléfono y la luz, ¿qué no?.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Recorte a becas de posgrado, protesta en el CONACYT
Carta de Estudiantes de diversos posgrados
Alfonso Lujambio Irazábal,Secretario de Educación Pública
Juan Carlos Romero Hicks,Director del CONACYT
Dra. Rosaura Ruiz,Presidenta de la Academia Mexicana de la Ciencia
Rafael López Castañares,Director ejecutivo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior
H. Cámara de Diputados
H. Cámara de Senadores
PRESENTES
Hasta el año pasado, el Conacyt otorgaba los siguientes montos de beca para quienes eran admitidos a programas en el Padrón Nacional de Posgrados de Calidad: 6 salarios mínimos para Doctorado, 4.5 para Maestría y 4.0 para Especialidad.
Este año el Conacyt ha reducido el presupuesto para becas, sustituyendo el mencionado tabulador único por cuatro tabuladores distintos según el nivel de calidad que este organismo asigna. Para la clasificación “competente a nivel internacional”, los montos serán de 7.0, 5.6 y 4.72 (doctorado, maestría y especialidad respectivamente); para posgrados “consolidados” se mantendrán en 6.0, 4.5 y 4.0; para los posgrados “en desarrollo” serán de 4.2, 3.25 y 2.8; y para los “de reciente creación” serán de 3.6, 2.7, 2.4.
Ante esta inesperada y sustancial reducción de los recursos destinados a las becas de posgrados en desarrollo y de reciente creación, la Asamblea de Becarios del Conacyt manifiesta lo siguiente:
1. No ignoramos la crisis económica que atraviesa el país y que ésta se ha manifestado con particular fuerza en México. Sin embargo, consideramos que ello no justifica la reducción de recursos a la educación, cuyo carácter estratégico para el desarrollo a largo plazo debe estar fuera de duda. Por otra parte, no resulta coherente esta reducción cuando se observa un aumento desmedido en el gasto corriente del gobierno federal, los millonarios e inmorales salarios y bonos de consejeros del IFE, ministros de la corte, diputados, senadores, y de la alta burocracia en general. Más aún, resulta paradójico y absurdo que al tiempo que se dan estos recortes, se aprueben más de 2 mil millones de pesos a empresas como Volkswagen (36 millones de pesos), Kimberly Clark (26 mdp) y Monsanto (18 mdp) como parte del programa de apoyo a la investigación científica y tecnológica (La Jornada, 6-Ago-2009). ¿Para el Conacyt resulta más prioritario financiar a empresas transnacionales que a la investigación científica mexicana?
2. Rechazamos totalmente la reducción del monto de las becas para los posgrados en desarrollo y de reciente creación. El nuevo monto de las becas para estos estudiantes, impide satisfacer las necesidades básicas de estudiantes a quienes se les exige dedicarse de tiempo completo a la actividad académica. Todos los estudiantes tenemos las mismas necesidades para cubrir gastos de vivienda, alimentación, transporte, material de estudio y de todo lo necesario para desempeñar nuestro trabajo en condiciones dignas. La decisión del Conacyt obliga a tales estudiantes a buscar formas alternas de ingresos, desincentivando de esta manera el desarrollo de nuevos posgrados y contribuyendo a que los posgrados existentes afectados no se consoliden, lo que significa aumentar la brecha con los posgrados favorecidos por el tabulador. En otras palabras, con esta medida, que no tiene una justificación académica seria, el Conacyt, contrario a su objetivo, contribuye a rezagar el desarrollo científico del país. (Considérese también que el Plan Nacional de Desarrollo estipulaba el compromiso de mantener o bien incrementar el presupuesto a la educación.)
3. Las políticas educativas no deben implementarse con base en criterios de eficiencia industrial. La investigación científica no tiene ningún paralelo con la producción de bienes y servicios. Es totalmente ajeno a criterios académicos el promover la competencia entre los estudiantes por el monto de las becas: parece que el Conacyt cree que las becas son un premio por el que se debe competir y no un vehículo que permite la manutención del estudiante para que pueda dedicarse de tiempo completo a sus estudios; sólo así los programas académicos pueden cumplir a cabalidad sus objetivos. Es claro que el nuestro es un país atrasado y que sin estas becas muchos estudiantes (de los cuales gran parte cambian de lugar de residencia para realizar el posgrado) no podrían sostener sus estudios de posgrado, dañando la de por sí incipiente actividad científica de México.
4. Las políticas públicas deben ser instrumentadas de manera democrática. Un principio democrático elemental es que aquellos ciudadanos que directa o indirectamente son afectados por propuestas de políticas públicas tengan el derecho de réplica cuando se tomen decisiones que los afecten de manera tan grave. En el caso que nos ocupa, el Conacyt ha tomado estas medidas de manera unilateral y sin consultar a las instituciones académicas, planta docente, investigadores ni estudiantes. Esto se ve agravado al haber notificado la reducción del monto de las becas cuando los estudiantes estaban ya inscritos en sus posgrados correspondientes y, por lo tanto, habían renunciado a trabajos y lugares de residencia.
En función de las anteriores consideraciones, solicitamos lo siguiente:
1. Que se anulen los cuatro tabuladores según el nivel de clasificación del Conacyt y se restablezca el tabulador único.
2. Que se revise a fondo la distribución del presupuesto del Conacyt por un comité donde estén representados los actores académicos pertinentes. Resulta inaceptable que Conacyt destine millonarios fondos para investigación a grandes empresas transnacionales, mientras reduce las becas para estudiantes de posgrado.
3. Que el gobierno federal rectifique el rumbo de sus actuales políticas económicas. La crisis económica en curso no justifica el recorte presupuestal a sectores tan estratégicos para el desarrollo del país como la educación y la investigación científica. El presupuesto para este sector no puede ser reducido a conveniencia de las administraciones en turno.
Atentamente:
Estudiantes de diversos posgrados de la UNAM, FLACSO, UAM, CIESAS
lunes, 7 de septiembre de 2009
Jóvenes sin escuela ni trabajo
Sara Lovera / Semlac en APIAVirtual
saralovera@yahoo.com.mx
El reto más grande para el sistema de educación mexicano en los próximos años será atender a la juventud que actualmente ni estudia ni trabaja y es presa fácil del crimen organizado.
Lo más grave es que la población de entre 15 y 18 años crecerá en los próximos cuatro años a un ritmo anual de 2.7 por ciento y habrá 666 mil jóvenes demandado un lugar en el bachillerato. Las mujeres son las que desertan más rápidamente y, al mismo tiempo, las que más aprovechan la educación superior, cuando logran quedarse.
Actualmente viven en México 10.7 millones de jóvenes de entre 15 y 18 años, de ellos 3.7 millones están en las escuelas preuniversitarias. El 40 por ciento de ese total no concluirá sus estudios, engrosando con ello las cifras de la desocupación, la apatía y/o la delincuencia.
Una multitud de información se ha hecho pública sobre este segmento de la población mexicana, a propósito de una reforma integral para la educación media superior que entrará en vigor el próximo agosto, en todas las escuelas públicas del país.
La reforma, decretada en 2008, es una respuesta a la caída de la productividad, el aumento de la delincuencia y la necesidad de dar alternativas a una juventud que, según una encuesta nacional sobre discriminación y violencia, se siente profundamente desencantada y, ocho de cada 10 de ellos, tristes.
Las aspiraciones de una nación es que sus jóvenes vayan a la escuela, sean eficientes y felices, sentenció en entrevista con Semlac Miguel Székely Pardo, subsecretario de Educación Media Superior, al reconocer que en México sólo tiene esa oportunidad menos de 60 por ciento de quienes están comprendidos en ese rango de edades.
Según la pedagogía moderna, entre los 15 y 18 años hombres y mujeres definen el horizonte de su vida, su vocación y el camino que han emprendido para su futuro, dijo a Semlac la especialista Virginia Illescas, del Colegio de la Frontera Norte.
Agregó que es en este segmento, precisamente, donde las oportunidades escasean en México, por lo que muchos jóvenes deciden dejar los estudios, buscar otros derroteros, como migrar, y reniegan del sistema. Si actualmente sólo tienen esa oportunidad menos de 60 por ciento de los más de cuatro millones de jóvenes de ese nivel etario, en los próximos cuatro años habrá 666 mil más que no podrán ingresar al bachillerato, pero tampoco a un empleo formal.
De acuerdo con la información del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en los últimos dos años se han perdido más de 2 millones de empleos y la tasa de demanda de una ocupación es de 2 por ciento, sobre una población que asciende a 107.5 millones, según datos del 11 de julio último.
Es decir, otros 2 millones de personas están sin empleo permanentemente y, entre ellos, el segmento más grande corresponde al de las edades del bachillerato.
Por la pobreza y obligaciones de adultos que debe asumir, pese a su edad, el 58 por ciento de los jóvenes que ingresan al bachillerato, en el primer año deserta 78 por ciento, afirmó la investigadora Lorenza Villa Lever, en entrevista con Semlac.
Lo más grave es que muy pocos jóvenes de 15 a 18 años de edad dedican tiempo completo a los estudios. Un buen número, además de estudiar, trabaja y/o ayuda en los quehaceres domésticos, lo cual indica que de la escasa mitad que logra continuar hasta la universidad, más de la tercera parte no puede permitirse la posibilidad de ser alumno de tiempo completo.
El grupo de jóvenes que no sigue estudiando aduce como razones la poca motivación hacia el estudio (60.6 por ciento hombres y 54.3 por ciento mujeres); o la necesidad de trabajar para ayudar al sostenimiento familiar o propio (29.2 por ciento de hombres y 18.6 por ciento de mujeres). De acuerdo con los estudios que realizó sobre el bachillerato la maestra Villa Lever, investigadora de la Universidad Iberoamericana , el dique de ingreso a la educación preuniversitaria impide continuar y ha hecho que la escuela superior sea para unas cuantas personas y una forma de reafirmar la inequidad y la desigualdad en México.
Las cifras de la investigadora Villa Lever muestran que cuatro de cada 10 jóvenes entre 15 y 18 años no asisten a la escuela de nivel medio superior. En el país, 13 estados atienden a un porcentaje todavía menor y las diferencias entre ellos son muy grandes: Michoacán apenas atiende a 39.2 por ciento; Baja California Sur recibe a 69 por ciento; Distrito Federal, 84.9 por ciento. Un análisis de los datos oficiales y las proyecciones de la Secretaría de Educación Pública, indagadas por esta agencia, indica que a partir del próximo agosto entrará en vigor una reforma integral de la educación superior que intentará revertir el proceso de exclusión de los jóvenes de la escuela como una obligación del Estado y a reanimarlos para que permanezcan en las aulas. Pese a que en toda la historia de México nunca se han formado profesores con preparación pedagógica orientada específicamente al bachillerato, aproximadamente 240 mil dan clases a esos 3.7 millones de bachilleres, aunque no existe un censo confiable sobre el número de planteles, alumnado y profesorado de ese nivel educativo.
El proyecto civil Primera Plana para la Educación , que trabaja acercando a las y los periodistas al tema, sostiene en su carpeta de información que, además, 60 por ciento de los profesores de enseñanza preuniversitaria no ha terminado la licenciatura y no se sabe si tienen vocación para ello. Esto plantea que los jóvenes, de quienes hablan siempre las y los políticos, están varados, sin alternativa alguna.
La calidad
Otro reto que afronta este sistema educativo es la calidad de la educación. Según precisó a Semlac el delegado en la fronteriza Baja California, Víctor Garibay, México no podrá encarar la competencia global en productividad si no se garantiza una calidad educativa en el nivel preuniversitario que presione a los segmentos universitarios.
Para la investigadora Villa Lever, se necesita una verdadera voluntad política, que implica certificar a los profesores, mover de puestos a directores, enfrentar los sistemas sindicales arcaicos y asegurar mejores ingresos al personal.
En materia de calidad, sostiene, los mecanismos de selección de los alumnos son pobres y poco objetivos. Hay que señalar que los niveles de educación obligatoria sólo cubren 12 años: tres de preprimaria, seis de primaria y tres de secundaria, y todavía no acaba de asegurarse la cobertura para preprimaria.
En ninguno de estos niveles se prepara a los alumnos en habilidades para la vida, que son esenciales entre los 15 y 18 años, porque es ahí donde se tienen que enfrentar a la vida laboral y ya no dependen del cuidado de sus padres.
Los jóvenes sin habilidades no pueden tomar decisiones y tampoco conocer sus derechos. Los exámenes del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés) han demostrado que hasta un 75 por ciento de los estudiantes mexicanos de nivel básico no aprenden a leer ni escribir correctamente.
Se aprecia una gran heterogeneidad en la calidad del sector en México, comenta Villa Lever y afirma que, al constatar que son los estratos sociales más desfavorecidos los que tienen los resultados más bajos, “obliga a replantearnos todo el sistema”.
En lugar de analizar los resultados de pobreza-adquisición de conocimientos, se atiende acríticamente la demanda y no se forma al profesorado. Para esta especialista, el problema adicional al crecimiento de la población juvenil, a sus actitudes preocupantes, es el tema de la inequidad social y de género, que no permite contar con una educación para todas y todos, y de calidad.
