miércoles, 1 de abril de 2009

Un embajador "ad hoc"

Un embajador "ad hoc"

H. CAMPA Y J. J. ESQUIVEL

La visita de la secretaria de Estado Hillary Clinton, la semana pasada, dejó varias secuelas. Entre otras, el anuncio del nombramiento del nuevo embajador de Washington en México. Inmigrante cubano, Carlos E. Pascual es egresado de Stanford y Harvard, diplomático de carrera, pragmático, “convencido” del multilateralismo… Pero también es experto en tratar con países ingobernables.

Durante su vista a México, la semana pasada, la secretaria de Estado Hillary Clinton negó que el país esté en vías de convertirse en un “Estado fallido” o que el gobierno de Felipe Calderón no tenga control sobre regiones del territorio nacional.
“No creo que existan territorios ingobernables en México”, declaró el miércoles 25.
Ese mismo día, Washington designó como embajador de Estados Unidos en México a un diplomático experto en países con problemas de gobernabilidad.
Se trata de Carlos E. Pascual, de origen cubano, de 50 años de edad, quien fue coordinador de Reconstrucción y Estabilización en el Departamento de Estado, dependencia que se aboca a identificar a países con conflictos internos y a diseñar para ellos programas de asistencia institucional.
Pascual nunca ha ocupado un puesto relacionado con México o América Latina; en cambio, fue asesor sobre Rusia, Ucrania y Eurasia en el Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca entre 1998 y enero de 2000.
Desde ese cargo, recomendó que para superar riesgos de inestabilidad en los países de esa región se debía involucrar a la población civil y a las fuerzas militares en un proceso democrático, así como dar respaldo siempre para que el poder militar quede sujeto a la autoridad civil, según se desprende de un documento que su oficina envió al Congreso estadunidense.

Consejos a Obama

De acuerdo con su currículum y documentos de su autoría, Pascual no comulga con las tradicionales acciones unilaterales de Washington. Se dice convencido de que el multilateralismo es un mecanismo adecuado para enfrentar los retos mundiales y de su país.
“De manera individual ninguna nación, incluido Estados Unidos, podrá enfrentar los retos trasnacionales. Para proteger la seguridad nacional en un mundo interconectado, usted y su equipo de seguridad deberán revitalizar el liderazgo estadunidense y construir alianzas efectivas con base en la cooperación internacional”, subraya Pascual en un memorándum que le envió a Obama el pasado 15 de enero, cinco días antes de que tomara posesión como presidente de su país.
Pascual “es un hombre pragmático y un excelente diplomático que no cree en la imposición de ideologías para solucionar problemas internacionales”, comenta a Proceso Wayne Smith, decano y director del Programa sobre Cuba del Centro para la Política Internacional. 
“Al igual que el presidente Obama, Pascual profesa la diplomacia del diálogo con naciones amigas y enemigas”, anota Smith.
En el citado memorándum, Pascual identifica cinco “amenazas” para la seguridad y estabilidad mundial en el siglo XXI: la crisis financiera global, la proliferación de armas nucleares, la pobreza, el terrorismo y el cambio climático.
“Usted encontrará una creciente expectativa internacional, pero también efusivas disposiciones de cooperación que son una ventana para que usted restablezca la credibilidad mundial de Estados Unidos”, escribe Pascual a Obama. 
Y le advierte: “también encontrará un fuerte mensaje de países aliados y de socios imprescindibles sobre la necesidad de que exista un compromiso efectivo por parte de Estados Unidos para la cooperación internacional y el multilateralismo. Esta es una prioridad alta”.
Pascual recibió la semana pasada el beneplácito del gobierno de Felipe Calderón para ser embajador de Estados Unidos en México. Sin embargo, su nombramiento requiere aún de la confirmación del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Senadores y posteriormente la del pleno del Senado estadunidense.
La cara amable 

La designación de Pascual coincidió con la visita a México de la secretaria de Estado Hillary Clinton, quien en principio se había reservado el anuncio: “Sí vamos a nombrar a un nuevo embajador, pero aún no lo podremos hacer en este viaje”, declaró el miércoles 25.
De hecho, la semana pasada Washington tuvo un doble discurso sobre el tema del narcotráfico en México. 
Durante la visita que realizó los días 25 y 26 de marzo, Clinton buscó relajar la tensión en la relación bilateral provocada por los señalamientos de funcionarios estadunidenses respecto al narcotráfico en México. 
Aún antes de llegar al país, durante el vuelo que la trajo a la Ciudad de México, reconoció: “Nuestra demanda de drogas ilegales estimula el narcotráfico” y “nuestra incapacidad para evitar que se contrabandeen armas ilegalmente a través de la frontera para armar a esos criminales provoca las muertes de oficiales de policía, soldados y civiles”.
Sonriente, siempre amable, Clinton prodigó elogios al presidente Calderón –“ha mostrado gran valor y dedicación para moldear el futuro de nuestro continente”–, con quien se reunió durante hora y media, el doble de lo programado. Se mostró atenta en las reuniones que sostuvo con la secretaria Patricia Espinosa y con miembros del gabinete de seguridad de México.
Con tablas para manejarse bajo los reflectores, rompió el protocolo para tomarse una foto con jóvenes indígenas en el Palacio de Bellas Artes, o frente a helicópteros Black Hawk en el Centro de Mando de la Secretaria de Seguridad Pública ubicado en Iztapalapa. Y, fuera de programa, visitó la basílica para “orar” ante la Virgen de Guadalupe.
–¿Quién pintó el cuadro? –preguntó a su anfitrión, monseñor Diego Monroy, rector de la basílica.
–El padre Dios –le respondió.
El miércoles 25, durante una conferencia de prensa, dijo que México y Estados Unidos “somos parte de una misma familia” y que la economía de ambos países está tan vinculada que “nos levantamos o nos caemos juntos”. Y de plano, afirmó: “No creo que existan territorios ingobernables en México”, en contradicción a los señalamientos que una semana antes hizo Dennis Blair, director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos.
Mientras tanto, en Washington, el gobierno de Obama exhibía otro discurso:
–¿Concuerda usted en lo general con mi comentario de que esta lucha que el gobierno de Calderón enfrenta es una amenaza existencial para las mismas fibras del gobierno? –preguntó el senador republicano John McCain a la secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano, durante una sesión del Comité de Seguridad del Senado.
Desde su asiento, Napolitano fijó la vista al frente y guardó silencio. McCain insistió en su pregunta, y ella respondió, lacónica:
–Sí.
¿Qué es lo que realmente cree Washington sobre la capacidad del gobierno de Calderón para enfrentar los cárteles de la droga?
Clinton reflejó la preocupación estadunidense sobre la expansión del narcotráfico. Lo hizo con tono diplomático: “Me siento complacida de anunciar varias medidas que ayudarán a fortalecer nuestra sociedad con México y nos ayudarán  a acercarnos cada vez más a nuestras metas compartidas”.
Entre ellas, soltó: “También estamos anunciando la creación de una nueva Oficina de Implementación Bilateral aquí en México, donde los funcionarios de México y de Estados Unidos trabajarán conjuntamente para combatir a los narcotraficantes y la violencia que tratan de diseminar”.
Clinton no ofreció mayores detalles y, hasta el viernes 27, la Secretaría de Relaciones Exteriores tampoco había precisado las funciones y los alcances de dicha oficina.
El mismo día, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa escribió en su columna Plaza Pública del diario Reforma que si se trata de “un espacio ejecutivo, en el que las autoridades estadunidenses ejercerán alguna competencia en nuestro país (…) hay que descalificar la medida, tenerla como inadmisible, pues significaría una intervención en los asuntos mexicanos en nuestro propio territorio”. 
De hecho, el nombramiento de un experto en Estados con riesgos de ingobernabilidad como embajador parece ser más que una señal de que Washington está preocupado por los problemas que enfrenta México.

Cuando salí de Cuba…

Pascual llegó a Estados Unidos en 1961. Tenía tres años de edad. Sus padres emigraron con toda su familia por razones políticas: agentes del gobierno de Fidel Castro los descubrieron repartiendo volantes que convocaban a mítines contra la recién triunfante revolución.
“La familia Pascual tomó uno de los últimos vuelos comerciales que salieron de Cuba a Estados Unidos, tres semanas antes de que Washington cortara las relaciones diplomáticas con el gobierno de la isla”, anota una ficha biográfica difundida por el Instituto Brookings. 
La familia Pascual se estableció en El Monte, un suburbio de Los Ángeles, California. A diferencia de la mayoría de los primeros exiliados cubanos, sus padres y posteriormente él mismo se mantuvieron al margen de las organizaciones anticastristas.
De hecho, Pascual aboga por el reestablecimiento de las relaciones entre Washington y La Habana.
“El objetivo de la política de Estados Unidos hacia Cuba debe ser la de apoyar el surgimiento de un Estado donde la gente sea la que determine el futuro económico y político de su país por medio de mecanismos democráticos”, subraya la conclusión del documento titulado La transición de la política de Estados Unidos hacia Cuba: La hoja de ruta para un involucramiento crítico y constructivo, que Pascual publicó el pasado 24 de febrero junto con otros 18 académicos del Instituto Brookings.
El reporte recomienda levantar el bloqueo económico que por casi cinco décadas ha impuesto Estados Unidos a Cuba. Sin embargo, sugiere que el tema sea utilizado como carta de negociación para presionar en materia de democracia y derechos humanos. 
“Si el presidente Barack Obama desea cambiar la política hacia Cuba, tiene amplia autoridad para hacerlo (…) y puede convertir al embargo económico en un instrumento de poder efectivo e inteligente para alcanzar los objetivos de la política estadunidense hacia Cuba”, apunta el documento.
En 1980, Pascual egresó de la Universidad de Stanford y en 1982 obtuvo una maestría en la Facultad de Gobierno de la Universidad de Harvard. Desde que ingresó al servicio exterior de Estados Unidos en 1983, su carrera diplomática se ha enfocado a la promoción de la democracia y la estabilización de países en crisis. De 1983 a 1995 fue subadministrador para Europa y Eurasia de la Agencia  Internacional para el Desarrollo (USAID, por su siglas en inglés) y, al mismo tiempo, representante de esa agencia en Mozambique, Sudán y Sudáfrica.  De 1995 a 1998, Pascual fue director de la USAID para las regiones de Europa y Eurasia.
De julio de 1998 a enero de 2000 fue asesor del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca, y de octubre de 2000 a 2003 fue embajador de Estados Unidos en Ucrania.
En 2006, Pascual ingresó al Instituto Brookings, un centro de estudios independiente con sede en Washington, D.C., e identificado por la prensa estadunidense como de tendencia liberal. Actualmente es su vicepresidente y director de los programas de Estudios de Política Exterior.
Como miembro de esa institución, lanzó en 2007 la iniciativa llamada Manejo global de la inestabilidad: el liderazgo de Estados Unidos, instituciones internacionales y la búsqueda de la paz en el siglo XXI. 
Pese a su origen cubano y su colaboración en el reporte para el cambio de política de Estados Unidos en Cuba, no se distingue por ocuparse de América Latina. En una revisión de sus artículos publicados en la prensa estadunidense, ninguno se refiere a la región. 

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