sábado, 6 de junio de 2009

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Fuente: La Jornada de Oriente (Tlaxcala)

Coral Avila

Grandes desafíos sociales, económicos, políticos y culturales estamos llamados a superar si aspiramos a ser un país desarrollado. Entendiendo al desarrollo como nuestra capacidad para abatir la pobreza, la ignorancia, la impunidad y la corrupción, además de incluir los beneficios obtenidos para todas y todos los mexicanos.

Las mujeres somos parte fundamental para alcanzar dicho desarrollo, es por eso que debemos exigir la plena vigencia y reconocimiento de nuestros derechos, es prioritario que nuestro marco jurídico detone nuestro empoderamiento sobre bases firmes. Debemos exigir que en el estado desaparezcan los modelos y prácticas que insisten en colocar a la mujer en una posición de inferioridad y sumisión al hombre.

¿Cómo lograrlo? Por ejemplo, en materia de salud, exigir que nuestras leyes dejen de ser omisas en la definición de programas de prevención de trata de personas y prostitución forzada.

En el rubro de la educación, contar con por lo menos una declaración que garantice la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación, con contenidos y acciones positivas para promover y garantizar la permanencia de las niñas y mujeres en todos los niveles de enseñanza.

Exigir que se reconozca el valor del trabajo doméstico y su importancia en la economía familiar, así como establecer como obligación alimentaria, en caso de divorcio voluntario, a la mujer que dedicó su tiempo al hogar, lo que requeriría una reforma al artículo 116, fracción IV, del Código Civil; además, igualar la edad para contraer matrimonio de hombres y mujeres, eliminar la disposición misógina que prevé que las mujeres puedan contraer nupcias hasta pasados 300 días de la disolución del matrimonio anterior, que se establece en el artículo 45 del mencionado instrumento jurídico.

Es importante que las mujeres conozcamos los elementos que obstruyen nuestro desarrollo, que tomemos la voz y exijamos que las cosas cambien, no como prebenda ni como concesión, sino como legítimo derecho.

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