domingo, 15 de diciembre de 2013

La estrategia perversa: menos Estado, menos soberanía


JENARO VILLAMIL

El ritual con que el PRI y su interesado compañero de la derecha, el PAN, festejan la reforma en materia energética sólo encuentra paralelo en la ingenuidad del PRD, partido que al sumarse al Pacto por México convalidó un supuesto acto “pluralista” cuyas consecuencias hoy vemos: Una Constitución ultrajada para permitir el saqueo legalizado de los recursos energéticos de la nación por parte de intereses privados, sobre todo extranjeros.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- La reforma constitucional aprobada por el Congreso “no es sólo un cambio en la estructura de la propiedad de los hidrocarburos, sino un cambio en la estructura del Estado”; se fortalece el “hiperpresidencialismo”, se genera una “severa mutilación de las facultades del Congreso”, se pierde soberanía ante los tribunales internacionales y el gobierno “se queda sin el instrumento legal necesario para la intervención y la expropiación” en el sector energético.

Con esa contundencia resume Diego Valadés –exministro de la Suprema Corte, exprocurador capitalino y general de la República, y exdirector del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM– las consecuencias más graves de los cambios a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales, además de los 21 transitorios que, afirma, se volverán “la auténtica trampa” de la reforma energética.

“Es una reforma que no necesitábamos. Bastaba con modificar el artículo 10 de la Ley de Asociaciones Público-Privadas, donde existía una prohibición de firmar contratos con Pemex. Hubiéramos modificado esto sin necesidad de tocar la Constitución. Era mejor porque la asociación no le da al socio derechos reales sobre la propiedad de los hidrocarburos. En los contratos aprobados sí se los dan”, explica el experto en derecho constitucional en entrevista con Proceso.

–Entonces, ¿sí hay una privatización de los recursos del subsuelo?

–Por supuesto que la hay. Después de la extracción, por supuesto que hay privatización. Puede ser por las cuatro modalidades de contratos que proponen: por utilidad compartida, por producción compartida, por licencia o por una combinación de éstas.

“No pueden decir que no privatizan porque eso sería forzar los términos. La situación real es un resultado directo del orden jurídico que aprobaron. Es un cambio radical en los recursos en materia de petróleo, de gas, hidrocarburos y derivados”, abunda.

No hay espacio para el optimismo en la reflexión del doctor Valadés. Entrevistado por este semanario apenas horas después del largo monólogo legislativo en el Senado, donde la oposición infructuosamente planteó objeciones, argumentos y datos para echar abajo la iniciativa, el especialista va más allá y observa un “diseño perverso” en la mecánica de esta reforma.

“Mi impresión es que quien planeó esto lo diseñó para que así saliera. Le dijo a Peña Nieto: vamos a aguantarnos el primer año sin presupuesto, con un crecimiento menor al 1 por ciento; va a haber protestas, pero necesitamos sacar las reformas primero, sobre todo la energética, para que fluyan las inversiones el próximo año y entonces tengamos un crecimiento de 3 ó 4 por ciento”.

(Fragmento del reportaje principal que se publica en Proceso 1937, ya en circulación)