domingo, 27 de septiembre de 2009

¿Una derecha moderna en México?




¿Una derecha moderna en México?
Arnaldo Córdova

La derecha en México siempre ha sido una posición ideológica desde la que se buscan defender los privilegios de la riqueza y el abuso del poder, con muchas justificantes: la religión, la propiedad, la cultura y, ante todo, la libertad (de empresa, de pensamiento, de iniciativa y muchas más). Desde luego, tal como sucede con la izquierda, es muy difícil definir a la derecha, pero creo que entre las dos es la más fácil. Los datos de la realidad asoman por todos lados. Yo, en lo personal, siempre he buscado enfrentar a la derecha en sus propios principios y en sus principales exponentes. A la derecha, creo yo, hay que desenmascararla tal como es y no como ella se presenta.

En mi trabajo han sido mi enseña dos autores a los que venero por su inteligencia: el inglés Edmund Burke (nacido en Dublín), contemporáneo de la Revolución Francesa y uno de sus más punzantes críticos, e Isaiah Berlin, un judío de Riga que se aclimató en Inglaterra en el siglo XX y se convirtió en uno de sus más brillantes pensadores. Berlin, en particular, hizo esfuerzos por encontrar la esencia de lo que eran la izquierda y la derecha, admitiendo siempre la dificultad para definirlas. La izquierda busca la igualdad, la derecha la libertad. A mí ése me pareció un método mezquino e hipócrita de definir. Tanto la derecha como la izquierda, en la realidad, son mucho más.

Entre los días 3 de marzo y 28 de abril de 2008, mis colegas del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Roger Bartra y Francisco Valdés, organizaron un seminario invitando a estudiosos y exponentes de la derecha a discutir la posibilidad en México de una derecha moderna. Este año, Bartra editó las ponencias de los participantes en el libro Gobierno, derecha moderna y democracia en México (Herder y Konrad Adenauer Stiftung). Valdría la pena que los interesados en el tema lo leyeran con cuidado. Aunque debo decir que en él busqué algo que me indicara que en México es posible una derecha moderna y no encontré más que buenos deseos.

En el libro hay aportes valiosos. Uno es el de Fernando González sobre las sociedades y grupos secretos que detentan el poder en la derecha y que no son de ahora, sino que nos vienen de hace mucho. Bartra señala los puntos esenciales que definirían a una derecha ilustrada en nuestro país: respeto al Estado de derecho, respeto por las reglas democráticas, respeto de las leyes, vale decir, ser moderna. Hay una derecha social, atrasada, y una derecha política, ligada a los intereses económicos. El autor nos dice que los intereses económicos son referentes importantes para definir la noción de derecha; pero no le parecen suficientes. Los parámetros religiosos de la derecha son comunes a ambas. Concluye que la polaridad entre izquierda y derecha puede desaparecer.

Esa misma conclusión saca Francisco Valdés partiendo de la experiencia chilena donde izquierda y derecha se unieron para batir a Pinochet. Cita al poeta chileno Nicanor Parra: La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas. Para Soledad Loaeza, no se trata sólo de intereses económicos, pues se debe admitir que hay un electorado de derecha, amplísimo, que es el que ha dado sus triunfos a los candidatos derechistas y que, por lo visto, está resultando imbatible. Creo que los primeros son estimulantes para quienes hoy en Oaxaca, en el PRD y otras fuerzas, buscan una alianza de la izquierda con la derecha. La advertencia de Loaeza les debería servir para algo más.

Hubo en el seminario participaciones de derechistas declarados y confesos. Carlos María Abascal, el que se indignó porque a su hija una maestra la había hecho leer Aura, de Fuentes, no hace más que refreír lo que los viejos derechistas ultramontanos (como su padre) aprendieron tan mal de la doctrina social de la Iglesia, sobre todo, aquello de que el valor supremo de la vida social es la persona humana (nunca fueron capaces de definir en qué diferían la persona humana asalariada y explotada y la que explota a y vive de los demás). Junto a su nombre aparece el del que supongo es su hijo y se llama Salvador, pero habla siempre en primera persona: “… como explicaré en esta reflexión…”

Otro es Juan Molinar. A éste lo conozco desde que era estudiante. Jamás pude saber a qué credo ideológico se debía, pero ahora resulta, lo confiesa en su breve participación, ser de derecha. No se si haya leído a Berlin (recientemente se publicó una antología de ensayos de este autor que está pésimamente impresa y abunda en errores tipográficos: El estudio adecuado de la humanidad, Turner, México, 2009). En su ensayo La búsqueda del ideal, como lo referí al principio, el autor británico define a la derecha y a la izquierda por sus valores supremos, la libertad y la igualdad; sólo que confiesa que, para él, vale la pena luchar por ambos. Molinar dice que tiene un amor entrañable por la igualdad, pero que, como es de derecha, se queda con la libertad.

De Enrique Krauze, francamente, me esperaba mucho más. Recurre al viejo truco de descalificar el término de derecha porque siempre se emplea para insultar a los oponentes y no dice absolutamente nada en sí mismo. Extraña, por ello, que se largue con una tirada como ésta: “… no me cuesta trabajo alguno decir que el cardenal Rivera es de derecha... De igual manera, no tengo empacho alguno en aceptar que el actual gobernador de Jalisco también lo es… Tampoco tengo inconveniente en catalogar de esa manera a los Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara, a El Yunque, a los Legionarios de Cristo y a un sector del Partido Acción Nacional… Sin embargo, la gran pregunta es: ¿De qué nos sirve llamarle a todo aquel conjunto ‘de derecha’? Creo que aún entre todos estos protagonistas colectivos de la vida mexicana hay diferencias. A mí lo que me interesa conocer son esas diferencias”.

Aparte su obstinada petición de principios, a Krauze vendría de preguntarle qué piensa de Televisa, de TvAzteca, de los treinta y tantos monopolios dueños de la riqueza nacional (de los 300 de Legorreta), de los gobiernos panistas y de los dos últimos priístas, de los que nunca dice nada. Se que es un lector asiduo de Berlin (y conoce también a Burke). ¿Por qué no se sitúa a su nivel e intenta, él también, definir a la derecha, cosa que no hace en su ensayo? Le agradezco, empero, que confiese que no le cuesta trabajo definir de derechistas a ciertos sectores. Sus derechistas son sólo pequeñas excrecencias de un poder mucho mayor y más dominante en nuestro país y él lo sabe.

Parafraseando a mi querido Monsi, al que encuentre una derecha ilustrada, moderna y bonita: ¡favor de devolverla!

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