jueves, 7 de noviembre de 2013

El petróleo de ida y vuelta


Jorge Eduardo Navarrete

Concentrado como ha estado el debate sobre la reforma energética en temas cruciales –como si es indispensable llegar al extremo de modificar artículos constitucionales o si debe acentuarse o corregirse el sesgo exportador impreso al sector petrolero mexicano–, escasa atención se ha prestado a cuestiones que se consideran, al menos por comparación, relativamente menores: si seguirá considerándose al gas combustible por excelencia para la generación eléctrica o cuál será la proporción de las importadas en el abasto nacional de gasolinas automotrices. Así, una serie de declaraciones si no insólitas, cuando menos inesperadas, de funcionarios de Pemex, vinieron a romper la monotonía. Creo recordar que a mediados de octubre alguien de la paraestatal dijo que siempre no se construiría la tan traída y llevada planta de refinación de Tula, aduciendo la existencia de capacidad global excedente. Empezaba a dudar del recuerdo de este aserto, que no lograba documentar, cuando lo confirmó un desmentido: “‘No hemos dicho que el proyecto haya sido cancelado’, dijo un vocero de la paraestatal, que habló bajo la condición del anonimato, de acuerdo con las políticas [de transparencia] de la empresa.” (La Jornada, 1º de noviembre de 2013.)

Habló también el director general de Pemex, en el Mexico Business Summit, en Guadalajara. Declaró, según la versión recogida por Roberto González Amador para La Jornada (23 de octubre de 2013): Invertir hoy en día en refinación es cuestionable, ya que hay capacidad instalada en exceso a nivel mundial. Tampoco localicé el contexto de esta frase en el portal de Pemex ni en el del propio summit. Asido a la versión periodística, pensé que encerraba un razonamiento perfecto siempre y cuando se aceptasen tres supuestos: a) existe un mercado de competencia perfecta de productos petrolíferos; b) no hay factores naturales o institucionales que perturben su tránsito alrededor del planeta, y c) son, cuando mucho, triviales los costos, riesgos y tiempos implicados en el transporte internacional de esos productos. En otras palabras, si el país M no produce, digamos, las gasolinas que requiere, no tiene por qué incurrir en una cuestionable inversión para fabricarlas, pues puede traerlas sin dificultad e incluso con ventaja de cualquier otra parte de un mundo en el que sobra capacidad. En este mundo ideal de competencia perfecta y ventajas comparativas, el país M se concentrará, compartiendo los riesgos del caso, desde luego, en lo que tiene ventaja –producir crudo– y comprará a aquellos países o empresas que tienen capacidad de sobra, lo que le resulta relativamente desventajoso producir. Quizá el director general no haya ido tan lejos en su razonamiento. Lo ignoro.

No deja de llamar la atención que el Plan de Negocios de Pemex 2014-2018, dado a conocer en julio y que puede consultarse en la página web del organismo, ofrezca una visión muy diferente del negocio de refinación que la que se desprende de la declaración citada del director general. En la página 54 se comienza por destacar que desde el inicio de 2012 los márgenes de refinación alrededor del mundo han mostrado una importante recuperación –en otras palabras, en general, refinar no ha sido mal negocio en este decenio–. Los incrementos de la capacidad de refinación, unos 7 MMBD, para alcanzar un total mundial de 100.5 MMBD en 2017, se concentrarán fuera de la OCDE, es decir, en el mundo en desarrollo, sobre todo en los dinámicos países de Asia, unos 3.5 MMBD, y sobre todo en China, que [la AIE] espera aumente su capacidad de destilación en 2.8 millones de barriles diarios. Un mínimo de esprit de corps debería llevar al director general a decirles a sus colegas chinos que no sean tontos, que es cuestionable invertir en refinación hoy en día y mañana también. ¿No se habrán dado cuenta de que hay capacidad excedente o es que tendrán en cuenta otros factores, además de la rentabilidad de corto plazo? Como la seguridad energética, por ejemplo.

Al seguir el rastro de la declaración de Guadalajara, encontré una real sorpresa, al menos para mí. Se halla en el boletín nacional 106, fechado el 29 de octubre y titulado Pemex Refinación y PMI Trading acuerdan el desarrollo de infraestructura para el abasto de petrolíferos. Señala en esencia lo sigiuente: a) las dos entidades (PR y PMI) convinieron garantizar el abasto de productos petrolíferos en territorio nacional mediante ductos, buques tanque, carros tanque y autotanques; b) PR estima que la demanda de productos petrolíferos aumentará 25 por ciento en los próximos cuatro años, como reflejo directo del crecimiento económico esperado del país; c) el acuerdo se orienta a garantizar el abasto mediante la importación de productos petrolíferos para satsisfacer la demanda del mercado nacional; y, d) prevé la construcción de una red de ductos de aproximadamente 700 kilómetros de longitud a través de cinco estados, al menos cuatro terminales tierra adentro y las instalaciones necesarias para expandir la capacidad de recepción marítima de PR. Lo primero que sorprende es que no se considere inconveniente realizar inversiones sin duda cuantiosas que nos capacitarán no para aumentar la producción nacional de petrolíferos, sino para volvernos compradores más eficientes y diligentes de productos extranjeros. A esto es lo que la propaganda oficial denomina una reforma para fortalecer a Pemex.

Con mayor detalle: a) Pemex ya sabe cuál será el crecimiento económico de México en los próximos cuatro años, en función del cual la demanda de petrolíferos va a crecer 25 por ciento (6.25 por ciento anual en promedio simple). ¿Por qué no lo revela y, sobre todo, por qué no se lo dice a Hacienda y al Banco de México que todavía no se ponen de acuerdo en cuánto vamos a crecer este año y el próximo? b) Si alguien tenía dudas de qué factor será responsable de garantizar el abasto, ahora ya lo sabe: la importación de productos petrolíferos. c) Antes construíamos ductos enormes para exportar gas, ahora, más realistas, los construiremos, junto con terminales, boyas y otras instalaciones, para importar petrolíferos.

En suma, la reforma nos ofrece la promesa inagotable del petróleo de ida y vuelta: seguirá saliendo como petróleo crudo –pero en mayores volúmenes– y seguirá regresando como gasolinas y destilados –también en volúmenes mayores–. Como todo esto es muy riesgoso, buscaremos quien desee compartir los riesgos con Pemex, o decida asumirlos con sus propios consorcios.

Con un recuerdo para Octavio Moreno Toscano