jueves, 16 de julio de 2009

La solución







Mario Di Costanzo
La solución

Quizás esto pueda sonar como un “disparate”, ya que a muchos les sonará absurdo que la solución a un problema económico sea necesariamente de orden político.

Sin embargo, para entender mejor lo anterior, hay que señalar que cualquier economista de “medio pelo” sabe perfectamente lo que hay qué hacer para salir de la crisis económica por la que atraviesa nuestro país.

Es decir, que tanto Felipe Calderón como Agustín Carstens comprenden muy bien que para salir del problema económico que enfrentamos hay que acabar con los monopolios privados; que necesitamos una reforma fiscal que haga que las grandes empresas paguen impuestos; que el gobierno debe reducir su gasto corriente e incrementar su inversión social y productiva; que el gasto público se debe ejercer con eficacia, eficiencia y calidad; que se debe aprovechar el potencial energético del país y apoyar la producción agropecuaria, y que el Estado debe atender las obligaciones que en materia de salud, educación, vivienda y alimentación le ordena nuestra Constitución Política.

No obstante, a pesar de conocer perfectamente lo anterior, esos funcionarios no actúan porque, por ejemplo, al combatir los monopolios irían contra los perversos intereses antipopulares de aquellos que apoyaron el fraude cometido el 2 de julio de 2006.

Tampoco, por la misma razón, podrían hacer pagar impuestos a esas grandes empresas que hasta ahora no lo hacen, y mucho menos aún estarían en la posibilidad de invertir en el campo, en el sector energético, en la educación, en la salud… porque ello terminaría con los negocios de muchas empresas trasnacionales que también dieron en julio de 2006 “un voto de confianza”, condicionado a que se les entregaran y concesionaran desde las actividades básicas del estado, pasando por los recursos naturales, hasta la soberanía del país.

De esta manera, cualquier medida que adopten esos gobernantes en el contexto actual estará, siempre, condicionada a mantener los compromisos adquiridos con esos grupos de poder económico, imposibilitando así la aplicación de medidas que nos permitan salir delante de una vez por todas.

Por tanto, la solución al problema económico actual requiere necesariamente de la dimisión del gobierno o, en su defecto, “su cambio” por opciones que no mantengan compromisos con esos grupos de poder económico que hasta ahora han mantenido “secuestrado al Estado y a sus instituciones”, impidiendo con ello la adopción de medidas que permitan superar la emergencia económica.

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