viernes, 18 de septiembre de 2009

Las simulaciones de la Conafor








La Comisión Nacional Forestal inicia este mes el proyecto que expandirá el manejo en bosques productivos. La Auditoría Superior de la Federación señala que, en 2007, 147 millones 255 mil árboles plantados por la Conafor murieron y sólo fueron reforestadas 0.6 hectáreas por cada hectárea perdida de bosques o selvas. Asociaciones ambientalistas consideran que el modelo de la Conafor no detiene la degradación ambiental, en tanto que sólo hay una cobertura del 30 por ciento en las necesidades de productos forestales en México y 11 millones de hectáreas son desaprovechadas

En México, 11 millones de hectáreas son desaprovechadas para fines forestales. Con 24 millones 300 mil pesos, en septiembre arranca el proyecto “Transformar el manejo de bosques de producción comunitarios ricos en biodiversidad mediante la creación de capacidades nacionales para el uso de instrumentos basados en el mercado”.
Impulsado por la Comisión Nacional Forestal (Conafor), Rainforest Alliance, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, buscará certificar el manejo sustentable en 500 mil hectáreas, comercializar productos forestales y fomentar un mercado de bienes y servicios a partir de, entre otros métodos, plantaciones.
Este modelo es cuestionado por asociaciones ambientalistas, mientras que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) observa en la revisión a la Cuenta Pública 2007 supuestas irregularidades y falta de eficacia en las acciones para promover el manejo de recursos forestales. De los 332 millones 320 mil árboles sembrados, 147 millones 255 mil no sobrevivieron y sólo 0.6 hectáreas fueron reforestadas por cada hectárea de bosque o selva perdida.
De acuerdo con datos de Financiera Rural, el territorio mexicano está compuesto de 195 millones de hectáreas, de las que el 17.5 por ciento son superficies arboladas (bosques y selvas). Si se consideran otras áreas como el matorral xerófilo y la vegetación secundaria, el total de la superficie forestal nacional es de 67.7 por ciento del territorio.
Respecto de la participación por grupo de especies en la superficie de bosques en México, el 47.5 por ciento es de coníferas y latifoliadas, y el 0.2 por ciento, de plantaciones forestales. Durante 2004 la producción nacional maderable en México fue de 6.7 millones de metros cúbicos: 76 por ciento fue de pino; 9.3 por ciento, de encino; 5.4 por ciento, de tropicales y 4.9 por ciento, de otras latifoliadas.
El boletín publicado en noviembre de 2008 por la Gerencia de Investigación de Financiera Rural expone que de las 604 mil hectáreas autorizadas para el aprovechamiento forestal maderable, que equivalen a 8 millones de metros cúbicos, solamente se utilizan 6.7 millones de metros cúbicos. Lo que significa que 1.3 millones de autorizaciones no se utilizan.
En el país existen 8 mil 903 industrias forestales, con una capacidad instalada de procesamiento de 28.9 millones de metros cúbicos y de la que sólo se utilizan 8.7 millones de metros cúbicos, por lo que se tiene una capacidad ociosa del 70 por ciento.
El Producto Interno Bruto (PIB) forestal, que incluye productos de madera y de papel, alcanzó en 2007 un monto de 27 mil 236 millones de pesos y creció 0.8 por ciento respecto de 2006. Éste tiene una participación dentro del PIB de actividades primarias de 8.8 por ciento. Mientras que el volumen de importaciones de productos forestales es tres veces mayor al volumen de producción del país.
“Si analizamos –señala Financiera Rural– la capacidad ociosa de las industrias forestales y la contrastamos con la falta de producción para cubrir la demanda nacional, nos encontramos con una cobertura del 30 por ciento de las necesidades de productos forestales en México”. La institución concluye que los recursos forestales no están siendo explotados a una tasa que garantice el abasto nacional de los productos.
Carlos González Vicente, jefe de la Unidad de Asuntos Internacionales y Fomento Financiero de la Conafor, sugiere volver productiva la tierra a través de plantaciones que generen entre 180 y 260 metros cúbicos de madera por hectárea al año. La productividad, indica, sería 40 veces mayor que un bosque natural y se aprovecharía el uso territorial de grandes extensiones que se están degradando.
Ejemplifica que, siendo México el país con mayor diversidad en pinos, con 50 especies diferentes, aquéllos que son conservados tienen un rendimiento de un metro cúbico por hectárea al año. Con silvicultura competitiva, cultivo de bosques y un manejo forestal adecuado, explica el integrante de la Academia Nacional de Ciencias Forestales, se alcanza 15 veces más ese rendimiento.
Comparado con países como Suecia, con un índice de competitividad de 28 metros cúbicos (madera y biocombustibles) por jornada hombre, México únicamente alcanza entre cuatro y cinco metros cúbicos.
Señala como factores que afectan la productividad forestal el acceso a la tierra, la poca organización de silvicultores para la producción, la falta de tecnología y la degradación forestal y de suelo.
Considera importante fortalecer la competitividad forestal porque ello permite la conservación y sustentabilidad de los recursos naturales: “Cuando no hay competitividad, los dueños del suelo prefieren cambiar su uso. Cuando representan un valor en la cadena productiva, serán recursos que se utilicen en forma sustentable”.
Al respecto indica que Conafor paga servicios ambientales en 2 millones 200 mil hectáreas que protegen recursos hídricos y la biodiversidad e impulsan la captura de carbono. El beneficiario recibe entre 30 y 40 dólares por hectárea al año.
ProÁrbol incumple

El principal programa de apoyo forestal, ProÁrbol, otorga estímulos a los poseedores y propietarios de terrenos para conservar, restaurar y aprovechar de manera sustentable los recursos en bosques, selvas y zonas áridas de México. La estrategia de Conafor tiene como función impulsar la organización forestal y elevar la productividad y competitividad del sector.
La ASF, en su Informe del resultado de la revisión y fiscalización superior de la Cuenta Pública 2007, determinó que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Conafor y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) “no cumplieron de manera razonable con el objetivo de formular, regular, desarrollar, favorecer e impulsar el manejo de los recursos forestales”.
En 2007, la Conafor produciría 215 millones de plantas para reforestación. Al revisar los reportes de la Red Nacional de Viveros y su Producción, ese objetivo se cumplió al 65 por ciento, pues sólo desarrolló 139 millones 893 mil plantas. El 23.9 por ciento de la producción correspondió a la Conafor y el resto a dependencias federales, gobiernos locales y particulares. El índice de producción por vivero fue de 415 mil plantas, inferior en 60.4 por ciento al obtenido en 2005.
El máximo órgano de fiscalización detectó que el índice de supervivencia de las 332 millones 320 miles de plantas sembradas fue de 54.3 por ciento, inferior en 5.7 puntos respecto del estándar establecido, por lo que durante ese año 147 millones 255 mil árboles cultivados murieron.
Se lograron reforestar 341 mil 400 hectáreas, es decir, 62.3 por ciento de las 547 mil 500 hectáreas de superficie deforestada de manera irreversible (0.6 hectáreas por cada hectárea perdida).
La superficie forestal, estima la ASF, decreció 0.4 por ciento en promedio anual, al pasar de 137 millones 425 mil 200 hectáreas en 2005 a 136 millones 328 mil en 2007. La mayor pérdida se presentó en bosques y selvas, cuya superficie disminuyó 0.6 por ciento en promedio anual.
Respecto de las acciones para impulsar el manejo forestal, la “Auditoría de desempeño a las acciones para el manejo de los recursos forestales” señala que de los 4 mil 247 apoyos solicitados para protección, la Conafor atendió al 30.4 por ciento; de los 17 mil 958 para aprovechamiento, el 48.6 por ciento; de los 18 mil 874 para conservación, el 33.3 por ciento, y de los 23 mil 676 para restauración, el 58.6 por ciento.
En la formulación de la política forestal, la Semarnat y la Conafor no concluyeron su diseño, lo que impidió contar con elementos y parámetros necesarios para la planeación e incidió en la falta de información suficiente para evaluar criterios orientados a medir el desarrollo forestal sustentable. La Conafor tampoco promovió un sistema de capacitación y acreditación de los 1 mil 219 prestadores de servicios técnicos forestales que permitiera identificar que se cumplieron los compromisos de manejo y auditorías técnicas preventivas.
De las 100 zonas críticas forestales del país, la Profepa realizó operativos de vigilancia en el 59 por ciento y recorridos de vigilancia en el 69 por ciento. En tanto que de 2 mil 55 medidas dictadas a infractores a la normativa forestal, verificó 399.
Plantaciones dañan ecosistemas

Organizaciones internacionales, como el WRW Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, observan que las plantaciones no sustituyen los ecosistemas naturales y su biodiversidad. En su libro Plantaciones forestales, impactos y luchas sostiene que a gran escala provocan generalmente impactos ambientales y sociales negativos como la disminución del rendimiento hídrico; la modificación de la estructura y composición de los suelos; la alteración de la abundancia y riqueza de la flora y fauna, y la usurpación de bosques ocupados por pueblos indígenas.
Con las reformas a la Ley Forestal en 1997, se enfatizó la mitigación de impactos ambientales y la optimización del equilibrio con los objetivos sociales y económicos. De este modo se regularon las plantaciones forestales con carácter privado.
En este contexto, WRW Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales refiere la intervención de compañías forestales internacionales y agencias financiadoras para promover grandes plantaciones de monocultivos de eucalipto y pino en Chiapas, Veracruz y Oaxaca: “Ese tipo de ‘desarrollo forestal’ no sólo constituye una amenaza para la sustentabilidad ecológica del territorio, sino que, además, ignora los derechos de las comunidades rurales e indígenas”.
Greenpeace advierte que ProÁrbol no ha impedido que cada año se pierdan 500 mil hectáreas de bosques y selvas. Una investigación, realizada por la organización en 2008 en comunidades de Jalisco, Chihuahua, Puebla, Aguascalientes, Guanajuato, Morelos y Nuevo León, concluyó que 74 por ciento de lo plantado con apoyos de la Conafor había muerto a pocos meses de ser sembrado. Sólo el 8 por ciento de los árboles estaba en condiciones de sobrevivir hacia 2009.
Además, concluyó que más de la mitad de lo plantado no fueron árboles, sino cactáceas. Greenpeace desmintió que se reforestaran 480 mil hectáreas, meta que, según la Conafor, había sido superada. Puesto que la mayoría de los árboles no corresponden al ecosistema donde fueron plantados, calificó de “engañosas” las cifras del órgano. A nivel mundial, México ocupa el quinto lugar en deforestación, con un promedio de 600 mil hectáreas destruidas cada año.





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