viernes, 22 de enero de 2010

Y NO ES HAITÍ


Y NO ES HAITÍ


Por: Claudia Rodríguez
Esta mañana uno de mis pequeños me preguntó preocupado si nuestra casa estaba bien construida. Intuí de inmediato que era lo que movía a mi hijo de cinco años a realizar tal cuestionamiento. Pero le respondí que sí y a la vez le lancé el consabido por qué. Claro que su inquietud estaba relacionada con las imágenes y las noticias que ahora procesa en su mente por los terribles sucesos de Haití.



Pero esta inquietud infantil sembró en mí, una gran inquietud. ¿De verdad podría nuestra vivienda resistir los embates de un terremoto?, ¿Las edificaciones de esta gran metrópoli dan un margen de seguridad frente a un evento sísmico?

La respuesta hipotética que me aposté a plantearme fue que no, pues ni siquiera el costo en vidas, salud y otros rubros que arrojó el sismo de 1985 sobre todo en el centro de la Ciudad de México, habrían sido el parteaguas para que las inmobiliarias constructoras edificaran con calidad los inmuebles y aún así fuera negocio.

Para el infortunio de los mexicanos –uno de tantos--, la calidad de las viviendas en las que habitamos no cumplen todas las normas requeridas de acuerdo al lugar en donde son edificadas, mucho menos al momento de una remodelación. Qué decir de las llamadas unidades habitacionales de interés social. Sería ocioso citar cuántas inmobiliarias tienen interpuestas demandas y quejas por parte de los compradores que incluso han tenido que dejar de habitar su casa, o simplemente ni siquiera han podido estrenarlas por los diferentes problemas que presentan pese a que el comprador sigue aportando el pago requerido.

Como aporte teórico, recientemente expertos en Arquitectura de la Universidad de las Américas (UDLA), debatieron sobre la normatividad enfocada en la construcción de viviendas de interés social en nuestro país y llegaron a la conclusión que la legislación en dicha materia, era buena pero que en la práctica, no se cumple.

El profesor del Departamento de Arquitectura de la misma UDLA, Darío Graña, advirtió que la mala calidad en la construcción de las moradas en nuestro país está asociada a un asunto de fondo económico, debido a que varios empresarios toman a la arquitectura como negocio, sin invertir lo indispensable –que no lo necesario-- para asegurar construcciones sólidas que soporten sismos y sean habitaciones dignas para quienes las adquieren.

El gran error está, de acuerdo al profesor Graña, en que el gobierno deslinda su responsabilidad de construir casas de interés social al contratar empresas con las que no se establecen con claridad los convenios.

En estos momentos, creo que tengo la respuesta correcta y con argumentos de que nuestra casa, que no sólo es en la que dormimos, sino que se extiende mucho más allá, no es segura. ¿Pero cómo le digo a un pequeño de cinco años, que la corrupción es más violenta y más devastadora que un gran sismo o terremoto? Y eso, que México no es Haití.

Acta Divina… El secretario de Protección Civil en el Distrito Federal, Elías Miguel Moreno Brizuela, aseguró apenas ayer, que la capital mexicana ha desarrollado una mejor cultura en la prevención de desastres y que se está preparado para enfrentar un sismo como el que acaba de sufrir Haití.

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claudia.rodriguez.de.z@gmail.com

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Fuente: Indice Político
Difusión: AMLOTV

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