lunes, 31 de mayo de 2010

El adiós al “máximo líder”

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Yosoyuxi, Copala, Oaxaca. Hombres, mujeres y niños triquis van del llanto a la sonrisa. Del más sentido grito de dolor a la carcajada. Todos bailan para despedir a Timoteo Alejandro Ramírez –“líder natural” de esta comunidad y “líder de líderes” del movimiento por la autonomía de la “nación triqui”–, y a su esposa Tleriberta Castro, masacrados en su domicilio el pasado 20 de mayo.


Zósimo Camacho / Julio César Hernández, fotos / enviados

Con los dedos apartan las lágrimas de sus rostros y, en su lengua, les desean suerte a los difuntos: que tengan buen viaje en el recorrido que harán hasta el mundo de los muertos y que no se olviden de su pueblo. También les gritan que los quieren y que están agradecidos por su lucha.


—¡Viva Timo! ¡Viva la autonomía! ¡Viva MULTI (Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente)! –surgen los gritos entre los dos grupos que danzan junto a las cajas mortuorias: las mujeres, con ramos de flores en las manos, se mecen rítmicamente como grandes abanicos rojos; los hombres golpean la tierra con los pies, beben cerveza y lanzan gritos de despedida. La banda de viento interpreta La chilena alegre, el son con el que los triquis despiden a sus muertos.


Desde la colina en que se encuentra la agencia municipal de Yosoyuxi se divisa la trabazón de los tupidos cerros triquis. La serranía multiplica el sonido de los cohetones. La mayoría de los dolientes (en este caso, todo el pueblo de Yosoyuxi y autoridades e integrantes de una decena de comunidades más) ha bebido cerveza en los cuatro días del funeral. El duelo y la fiesta se besan y se confunden. Los triquis se hermanan y sí, Timoteo y Tleriberta viven a través de ellos. Explican que un triqui verdaderamente morirá cuando no haya quien en la tierra le haga fiesta y lo recuerde.


Ha concluido la misa de cuerpo presente que ofició el párroco de San Juan Copala en el exilio, Rogelio Barragán. Pero hace tres horas que los cuerpos comenzaron el recorrido por las calles y los recintos principales de esta comunidad.


Las mujeres se han turnado para cargar la caja mortuoria de Tleriberta; los hombres, la de Timoteo. Sus 10 huérfanos encabezan el ritual: Érika, de 20 años de edad; Etma, de 19; Bella, de 17; Tania y Timoteo, de 14; Rocío y Rodolfo, de 12; Flor Silvestre, de 11; Baldemar, de ocho, y Belén, de cuatro.

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Refrendar el camino hacia la autonomía

Antes de partir de su casa, Érika, la primogénita, había exhortado a los dolientes a dejar de llorar y despedir a los difuntos como lo hacen los triquis: con fiesta, con danza y con cerveza. Les había dicho que ahora deben refrendar el camino que inició su padre, el de la autonomía.


—¡Zapata vive, la lucha sigue! –arengó.


—¡Timoteo vive y vive, la lucha sigue y sigue!


Les llora a sus padres; pero también les canta, les habla, les sonríe.


Han sido cuatro días y tres noches de velar los cuerpos. Los triquis no sepultan en domingo, pues la puerta de entrada al mundo de los muertos se abre una sola vez para cada difunto y siempre se cierra al concluir ese día.


—O sea que a los compañeros a lo mejor no les daba tiempo de entrar ahorita en este domingo que pasó. Por eso prevenimos y los enterramos el lunes: van a tener tiempo de sobra para llegar –explica Gregorio Chávez.


Durante los días de velación, Timoteo y Tleriberta se han seguido alimentando: ahora se nutren de los aromas de las flores y del copal; pero los dolientes también les acercan tortillas recién hechas y vacían botellas de cerveza alrededor de los ataúdes.


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Cada familia ha venido a compartir alimentos y bebidas, los cuales son presentados ante los difuntos antes de ser repartidos: frutas, refrescos, tortillas, vegetales. Algunos ofrecen todo lo que tienen. Llegan hombres solitarios, de las comunidades más alejadas, con sombrero, descalzos o con huaraches, y con dos o tres morrales cruzados.


Le hablan a los restos mortales mientras lloran, queman copal, encienden veladoras y les dejan un presente: cigarros, yerbas medicinales, semillas de maíz y lo que creen que puedan necesitar en su viaje. Toda actividad se ha suspendido. El tiempo y el espacio se han fundido en una sola dimensión: estar con Timo y con su esposa, bebiendo cerveza, hasta que sea un buen día para sepultarlos.


Cada ataúd ha sido cubierto con la bandera de la organización que fundara Timoteo Alejandro: el MULTI, la impulsora de un Municipio Autónomo capaz de aglutinar a todas las comunidades de la región triqui baja, con sede en San Juan Copala.


“Los hombres mueren; pero no las ideas”; “Ulises Ruiz, asesino”; “Castigo a MULT (Movimiento de Unificación y Lucha Triqui) y Ubisort (Unidad para el Bienestar Social de la Región Triqui)”; “Timoteo vive”, se lee en las pancartas que las mujeres han sacado de sus casas.


Antes de que los cuerpos salieran del que fuera su hogar, los triquis se permitieron llorar, gritar de dolor e incluso increpar a los muertos “por no cuidarse bien” y haberlos dejado solos. Aún con las lágrimas escurriendo por el rostro, y con la cabeza levantada, habían iniciado la primera danza.


—Vamos a estar contentos. La autonomía va a seguir. A poco los asesinos van a creer que vamos a correr de nuestro pueblo, que nos vamos a ir. Vamos a continuar la lucha. Y Timoteo va a vivir con nosotros…


Fueron las palabras de Érika antes de iniciar el cortejo fúnebre.




“Timo está vivo”

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Antes de partir, habían colocado sendas cruces de flores, mazorcas de maíz y veladoras en los lugares donde cayeron abatidos Timoteo y Tleriberta.


Al interior de su ataúd, Timo lleva un morral con ropa, su sombrero de palma, chamarra y un envoltorio con tortillas. Tleriberta, una muda de huipil, nagua, cinturón de palma, flores y veladoras.


—Nosotros, los triquis, sabemos que Timo está vivo. Nos da coraje que nos lo hayan quitado orita y también lo vamos a extrañar. Pero nosotros sabemos que está bien. Lo volveremos a ver –señala, convencido, uno de los pocos abuelos de esta comunidad. Solicita que su nombre no se publique, pues tiene un cargo importante: es el responsable de “sacar la medida”, es decir, consultar la suerte e influir sobre ella, y ver retazos del futuro, actividad importante para los hombres y mujeres que se juegan la vida todos los días desde que llegaron los paramilitares.


Los “líderes naturales”


Cada comunidad triqui cuenta con su “líder natural”; pero éste no se designa ni por votos ni por dedazo, pues los papeles y los títulos honoríficos de poco sirven en esta cadena montañosa. Los “líderes naturales” salen de las asambleas que los triquis realizan hasta que logran un consenso sobre quién se ha convertido ya en un “líder natural”.


Nacido el 5 de mayo de 1966, Timoteo Alejandro, con estudios de primaria concluidos, fue presidente del Comité de la Escuela Primaria de Yosoyuxi; presidente del Patronato de la Escuela Albergue de Yosoyuxi; agente municipal de Yosoyuxi; integrante del Concejo Municipal de San Juan Copala; “líder natural de Yosoyuxi”, y “líder de líderes naturales” o “líder máximo” de las comunidades que demandan la autonomía triqui.


—Todo eso fue Timo, en pocas palabras o, en menos palabras todavía, fue un buen padre, un buen tío, un buen compadre, un buen amigo de todos nosotros; y el máximo líder nuestro que luchó por la autonomía y la autodeterminación de los pueblos indios –dice Macario Merino mientras un mariachi, traído desde la ciudad de Huajuapan de León, interpreta para los muertos Las mañanitas.


Agrega: “Timo ya no está, pero para que acaben con el Municipio Autónomo nos tendrán que matar a todos”.


Aunque sacrificaron dos reses para que todos los dolientes comieran reunidos, lo que más se comparte es la cerveza. Hombres y mujeres, y algunos niños, beben hasta dormir. Algunas mujeres se acercan a los féretros y les gritan a los muertos, golpean las cajas, intentan sacudirlas mientras les escurren las lágrimas por sus rostros. Comienzan a danzar y el llanto y la risa, el dolor y la fiesta conviven en el mismo espacio.


El adiós

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El sacerdote Rogelio Barragán ha concluido su misa de cuerpo presente en la agencia municipal de Yosoyuxi. Hombres y mujeres han finalizado las danzas y ahora se enfilan rumbo al panteón.


Los cohetones preceden el paso del cortejo fúnebre en un recorrido de otros tres kilómetros. Al frente, la bandera del MULTI, seguida por los grupos de hombres y mujeres que, respectivamente, cargan sobre sus hombros los féretros de Timoteo y Tleriberta, luego los mariachis, las decenas de hombres y mujeres y la banda de viento.


La procesión toma un tramo de la carretera federal Tlaxiaco-Juxtlahuaca. Las mujeres avanzan, descalzas, sobre el candente asfalto. Los gritos de dolor, el llanto y las despedidas se mezclan con las arengas políticas: “vivas” al MULTI y al Municipio Autónomo de San Juan Copala, y “mueras” al gobernador Ulises Ruiz, al MULT y la Ubisort.


El cortejo avanza en una zona en la que ni los policías ni el Ejército se aventuran: la carretera que las autoridades han abandonado y en la que los grupos paramilitares han realizado emboscadas. Un grupo de hombres de Yosoyuxi se ha desplegado en los cerros para prevenir en caso de que hubiera hombres armados.


Desde el panteón se divisa el pueblo de Yosoyuxi, rodeado de huertas y milpas en las que el maíz ya ha espigado. Se destapan decenas de cervezas, lanzan cohetones que retumban en la serranía y colocan flores en cruz sobre los féretros.


Cada triqui, uno por uno, ofrece una última despedida al “líder máximo”. Con los féretros abiertos, cada persona llega a decirle adiós, a encargarle asuntos y a prometerle acciones. Introducen un manojo de flores en una cubeta con agua y riegan, en forma de cruz, los cuerpos de Timoteo y Tleriberta. El llanto y el agua humedecen las ropas de los difuntos. A lo largo de la última despedida, la banda de viento, melancólica, interpreta Adiós, ángel mío.


Es el momento de cerrar las cajas mortuorias y hombres y mujeres se agolpan para introducir monedas, comida, recados escritos en papel, flores, veladoras, mazorcas de maíz, chiquihuites con tortillas, huevos y un par de gallinas vivas.


Una vez que la tierra ha sido echada encima de los féretros, los hijos y las hijas huérfanos encienden cirios y veladoras.


El sol comienza a perderse detrás de las montañas. Los deudos regresan a sus casas. Pero el ritual no ha concluido: faltarán al menos otros nueve días de danza y rezos.


—Es una despedida muy larga…


—No, lo que pasa es que ustedes no comprenden bien. Timo nunca acaba de irse. Los triquis sabemos que Timo va a seguir con nosotros…

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Fuente: Contralínea
Difusión: AMLOTV

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