martes, 5 de mayo de 2009

Saldo de la crisis: Angustia, impotencia, parálisis...


Saldo de la crisis: Angustia, impotencia, parálisis...

GLORIA LETICIA DíAZ

Angustia, desesperación e impotencia, así como incertidumbre, confusión y parálisis dejó en la población en general, pero principalmente en la del Distrito Federal, la falta de oficio, sobre todo del gobierno federal, para manejar la crisis sanitaria derivada de la aparición del virus A (H1N1), asegura Ana Gladys Vargas Espínola, especialista en tanatología y manejo de crisis, y directora de Vinculación y Desarrollo de la asociación Tech Palewi.
Añade que durante los primeros 10 días de la contingencia sanitaria por la presencia del virus de la influenza A (H1N1) se manoseó la información y no se proporcionaron cifras claras de los fallecimientos.
Como cofundadora de la asociaciónTech Palewi, Vargas Espínola y su equipo han brindado atención psicológica y emocional a víctimas de la tragedia en la discoteca New’s Divine y del avionazo en que murió el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño.
A raíz de la crisis sanitaria, Tech Palewi y otras organizaciones sociales realizaron un diagnóstico de impacto emocional en los habitantes del Distrito Federal y del manejo que se le ha dado a ésta por parte de los gobiernos federal y local.
Entrevistada el viernes 1, la especialista considera que la falta de información precisa por parte del gobierno federal produjo “una hipersensibilidad en la población”. De acuerdo con su diagnóstico, la gente está oscilando entre sentimientos de desesperación e impotencia, fragilidad emocional, incertidumbre y angustia. Además de la sensación de desamparo, asegura, la gente experimenta altos niveles de estrés y de apatía que dificultarán la recuperación económica del país.
La tanatóloga hace un balance del comportamiento de la población luego de que el secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, anunció la suspensión de actividades académicas motivada por la emergencia epidemiológica:
“Entre el 24 y el 26 –sostiene– había un desconcierto total entre la gente, pero se movilizó para conseguir tapabocas y siguió las medidas preventivas ordenadas por las autoridades. El miedo fue creciendo de manera silenciosa y el fin de semana transcurrió entre la depresión y la tristeza.
“El lunes 27 el problema se salió de control. Cuando la gente tiene que trasladarse en transporte público y al llegar a sus centros de trabajo se da cuenta de que no puede tocar a la gente a la que estaba acostumbrada a besar o abrazar, experimenta sensaciones de miedo y angustia. Así mismo, las personas muestran reacciones fóbicas, caminan lejos de los demás y si alguien tose o estornuda se le estigmatiza por miedo a la infección e incluso a la muerte. Es algo que no puede controlarse, es como un virus.”

Alarmismo televisivo

Vargas Espínola asegura que la sensación generalizada de temor fue alimentada por “el manejo alarmista que Televisa y TV Azteca dieron a la emergencia sanitaria en sus primeros mensajes, que fueron terribles. Después cambiaron el tono y se moderaron, pero el daño ya estaba hecho”.
Otro elemento que acrecentó la crisis emocional, sostiene, fue la descoordinación en los mensajes del gobierno federal y el local, sobre todo cuando el 28 de abril éste anunció que los restaurantes no podían atender al público en sus locales. Sin embargo, un día después la administración federal apuntaló el ordenamiento del gobierno capitalino al ordenar la suspensión de actividades no sustantivas en las dependencias del sector público.
“En una situación de crisis nos colocamos en un proceso regresivo: entre mayor es la angustia empezamos a funcionar como niños, esperando que papá gobierno nos brinde protección. Cuando papá y mamá, esto es, el gobierno federal y el local, respectivamente, no se ponen de acuerdo y no pueden dar una respuesta ante el problema que se está viendo, en este caso la pandemia, se genera mucha angustia. Al igual que ocurre en las familias, viene la división: unos hijos se van con el papá y otros con la mamá. Al final de cuentas quienes pierden son los hijos; es decir, nosotros como ciudadanos”.
Al frente de su equipo de Tech Palewi, Vargas Espínola colabora en un proyecto del gobierno capitalino para la atención a víctimas de la influenza y a la población en general.
En el marco de este esfuerzo, los días 30 de abril y 1 de mayo se realizó un taller auspiciado por el mismo gobierno de la ciudad y las asociaciones Kinal Antzetik y Corazonar. En él participaron trabajadores del DIF, de la Procuraduría General de Justicia y de la Secretaría de Protección Civil: 134 hombres y 112 mujeres. A todos ellos se les aplicaron varias pruebas psicológicas, una de las cuales produjo resultados que alarmaron a los especialistas: en muchos dibujos la gente se representaba sin pies, lo que a juicio de los analistas es una muestra de “falta de arraigo e inmovilidad”.
Para la atención a las víctimas de la epidemia el gobierno capitalino destinó 150 millones de pesos. Estos recursos serán canalizados a la atención psicológica de las 28 familias de las personas fallecidas hasta el viernes 1, así como para las de los 115 hospitalizados hasta esa fecha, informa en entrevista Patricia Patiño, directora ejecutiva de Protección a la Niñez del DIF, quien será la encargada de coordinar los trabajos de la Comisión de Apoyo a Víctimas de la Influenza.
“No hay un límite por familia en cuestión de recursos e incluso se apoyará a personas que no radican en el Distrito Federal, pero que fueron atendidos en la red hospitalaria capitalina”, dice.
A ese programa, resalta, “se suma la atención a la población abierta, porque la emergencia no sólo es sanitaria. Hay situaciones de ansiedad, de incertidumbre e irritabilidad que se tienen que atender, primero para que las familias afectadas recobren la estabilidad, y luego para que a nivel psicosocial aprendamos a vivir con una realidad que antes no conocíamos: este virus para el que hasta ahora no hay vacuna”.

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