jueves, 26 de marzo de 2009

Los EE.UU. van contra la insurgencia armada de México



La mañana del 24 de marzo del presente, Janet Napolitano, titular del Ministerio de Interior de los EE.UU. anunciaba en una rueda de prensa que su país habia decidido ayudar a México en su combate contra el narcotráfico y para ello anunciaba como una de las medidas de mayor prioridad, el control del tráfico de armas desde el territorio de EE.UU. hacia México.

La primera impresión de políticos y periodistas ha sido la de aplaudir tal medida pues, creen que implica un reconocimiento a la labor que ha hecho el gobierno mexicano para combatir al narcotráfico, así como el aceptar que el gobierno norteamericano tiene parte de responsabilidad debido al tremendo flujo de armas que desde siempre ha existido en la frontera de estos dos paises.

Sin embargo, un servidor no se va con la finta, pues también es de todos sabido que el mayor mercado de drogas es precisamente EE.UU. y que es palpable la existencia de cárteles propios, que son finalmente quienes compran y distribuyen la droga en el territorio norteamericano, con la complacencia de su gobierno, incluso se ha comprobado que en la propia tierra de la libertad se cultiva marihuana, y no precisamente para fines terapéuticos.

A lo anterior, hay que agregar que las autoridades mexicanas siempre han estado coludidas con el narcotráfico, y que esta estrategia de combate directo a los cárteles solamente ha servido para crear un clima de terror en la población civil, y por lo tanto, justificar la militarización de México y la aprobación de reformas judiciales que buscan limitar los derechos humanos, para así estar en posibilidad de controlar a los grupos disidentes que en esta época son bastante abundantes, debido al empobrecimiento de más de 80 millones de mexicanos.

Asimismo, hay un pequeño detalle, algo que muchos noticieros y periódicos mencionaron como una pequeña notita suelta sin importancia, pero que es curioso que se diera exactamente 24 horas antes de la conferencia de Janet Napolitano, y es que uno de los grupos guerrilleros más fuertes de México, el PDPR – EPR, emitió un comunicado en el cual nuevamente amenaza con romper la tregua y reiniciar las acciones de combate si el gobierno de Calderón no informa que sucedió con los dos integrantes de dicho grupo guerrillero (Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez) que fueron desaparecidos hace dos años por presuntos agentes federales.

Es claro pues, que los EE.UU. temen una insurgencia armada de gran escala en su vecino del sur, saben que existen las condiciones objetivas para una revolución, de ahí que desde principios de año han lanzado una campaña para calificar a México como un Estado Fallido, y no han cejado en llenar su lado de la frontera con policías, y muy pronto con elementos de la Guardia Nacional.

La moneda está en el aire, y el escenario para ambos países no es nada alentador, pues ambos viven una recesión económica y por lo tanto, ambos enfrentan un enorme descontento popular. A esto habría que agregar que México no es Irak, pues no sólo se comparte una frontera común, sino que también existe una gran cantidad de mexicanos viviendo en los EE.UU., además México ocupa el lugar número once en tamaño territorial y población, y posee una orografía bastante accidentada y variada, que elevarían muchísimo el costo de una invasión, claro que por otra parte, no hay que olvidar que los EE.UU. siempre acostumbran crear guerras para reactivar su industria y superar las crisis económicas, así que no dudo que exista presión de los oligarcas del norte para intervenir militarmente.

L.D. Jesús Palma

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