viernes, 8 de enero de 2010

El estereotipo y la banalidad


Javier Solórzano
Vitral
08 de enero de 2010

El estereotipo y la banalidad





La intolerancia en la que se metió el conductor de Matutino Express y el anuncio de nuestro futbolero dolor de cabeza, Landon Donovan, muestra cómo los estereotipos siguen siendo negocio; rating, objeto único de la tele. No importan actitudes, ideas y formas unilaterales de ver el mundo, a la “tele” lo que le importa es ganar dinero y audiencia, aunque luego le dé vía Twitter por dizque hacerle caso a la crítica.

1. Lo que pasó en el noticiario Matutino Express parecía parte de la chacota en la que se mueve. Sin embargo, el conductor se puso serio y en lugar de escuchar a quien entrevistaba se dedicó a oponerse con base a lugares comunes, nunca un debate real. Lo que prevaleció fue una evidente intolerancia. La sexóloga fue interrumpida constantemente. No deseaba preguntar o saber, el conductor trató de imponer sus ideas que podrían interpretarse como religiosas.

¿Es normal o no el homosexualismo?, preguntó varias veces. La respuesta no llegó porque cada vez que empezaba la sexóloga a hilar su discurso era interrumpida. ¿Qué es lo normal y lo anormal? ¿Es la reproducción el único terreno de la relaciones sexuales? Lo que pasó en Matutino Express mostró a un conductor que sin tapujos dijo lo que pensaba sin importar lo que decía. Nadie en cabina lo alertó o “ayudó”. El tan utilizado “chícharo” o audífono —tan “estratégico” en noticiarios— no sirvió ni para ayudarle. Prevaleció la intolerancia y una visión parcial que en temas como homosexualismo, matrimonios gay y adopción requieren opiniones, ideas y especialistas a los cuales dejen hablar.

Los estereotipos en televisión, el uso de lenguaje y las actitudes homofóbicas deben transformarse. No se trata de perder el humor. No se puede soslayar que detrás del estereotipo está una forma de ver el mundo que mantiene vigencia porque nuestra sociedad es autoritaria, machista, persecutoria, intolerante y poco dada a aceptar ideas de otros.

2. Puede ser que el estadounidense Landon Donovan nos caiga mal porque juega bien al futbol y porque cada vez que enfrenta al afamado y desigual Tri es un dolor de cabeza. No es sólo que haya utilizado las jardineras del estadio Jalisco para sus necesidades, ni que haya dejado a Rafael Márquez hace algunos años como si trajera turbo en la piernas. Donovan nos conoce bien y sabe qué declarar para irritarnos. Es un gran jugador a tal grado que el América jugó a contratarlo por aquéllo del “ódiame más”.

Para promover un sorteo, a Televisa le pareció bien lanzar otro estereotipo. Vistió a Donovan con sombrero, sarape y con un obvio bigote tratando de cruzar la frontera. Un policía, obviamente también en el estereotipo, dormido y con panza, al ver al capitán de la selección de EU lo detiene y pone en evidencia el engaño de Donovan. Éste se defiende asegurando que lo hace para participar en el sorteo. La escena termina con la expulsión y la expresión “uleeero” de Donovan.

Una buena idea se convierte en un lugar común que juega con una situación delicada y grave. No había necesidad de llevar a Donovan a ser un indígena deambulando por la frontera. El estereotipo contra el cual se batalla regresa como lugar común predecible.



¡OUUCHCHH! No iban por él ni por sus amigos. Parece que el brutal mensaje era al dueño del billar por “no pagar sus cuotas”. Ese fue el drama de Agustín Salcedo, Bobby, subdirector de secundaria en El Monte, California, el 30 de diciembre en Gómez Palacio.




Fuente: El Universal
Difusión AMLOTV

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