martes, 8 de septiembre de 2009

Becas del Conacyt: freno al desarrollo científico




Becas del Conacyt: freno al desarrollo científico
Javier Flores

Se ha producido un cambio en las políticas de formación de recursos humanos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), sobre el cual han alertado recientemente los estudiantes de posgrado. La modificación consiste en una restructuración del programa de becas de este organismo que se traduce, en algunos casos, en la reducción de las asignaciones mensuales para quienes realizan estudios de maestría, doctorado o alguna especialidad en el país.

El desarrollo científico y tecnológico no es un concepto abstracto, pues descansa en la labor cotidiana de mujeres y hombres de carne y hueso. Se trata en este caso de científicos en formación que serán, en poco tiempo, los encargados de crear los conocimientos necesarios para el avance económico, social y cultural de México. Los estudios especializados que realizan requieren de una dedicación de tiempo completo, por lo que no sólo aquí, sino en todo el mundo, necesitan de becas para su sostenimiento.

Las y los estudiantes de posgrado, se encuentran en la punta de la pirámide educativa, que está integrada por los elementos más destacados en los estudios profesionales. La edad en la que se realizan los cursos y entrenamientos especializados es en la que habitualmente se integra una familia y algunos, o algunas, tienen hijos que dependen de ellos… No se puede jugar con sus ingresos.

El número de estudiantes mexicanos de este nivel es muy bajo, aproximadamente 26 mil, lo cual es ridículo para un país de más de 100 millones de habitantes. La mayoría realizan sus estudios en México y sólo un poco más de 3 mil lo hacen en el extranjero. Las becas que reciben del Conacyt son muy bajas, considerando su preparación: aproximadamente 6 mil 500 pesos para especialidad, 7 mil 300 en maestría y 9 mil 800 en el doctorado. Pues bien, el cambio realizado por el Conacyt consiste en pasar de un tabulador único a otro diferenciado en cuatro categorías, en dos de las cuales se reduce drásticamente el monto de las becas.

Desde hace años, el Conacyt ha conducido un Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC). La modificación reciente se apoya en una clasificación de los programas que integran el PNPC, que son los de: a) competencia internacional, b) consolidados, c) en desarrollo y d) de reciente creación. Se ha tomado la decisión de reducir las becas a los dos últimos, lo cual es completamente absurdo, pues se basa en un criterio administrativo que carece completamente de un sustento científico. ¿Por qué?

Por razones de espacio, me voy a referir solamente a los posgrados de reciente creación, cuyos estudiantes son los más afectados, ya que se reducirán ahora en la mayor proporción sus becas que quedarían en aproximadamente 3 mil 900 en especialidad, 4 mil 400 en maestría y 5 mil 900 en doctorado. Dudo mucho que algunos de los funcionarios del Conacyt, incluido su director, se formulen la siguiente pregunta: ¿por qué es necesario crear nuevos posgrados? Quiero aclarar además que se trata de programas que no han surgido por capricho o que se traten de imponer, sino que, curiosamente, forman parte ya del PNPC.

La respuesta es muy simple. La ciencia se mueve, cambia, evoluciona. Pongo algunos ejemplos de nuevos programas creados en instituciones del más alto nivel, como el doctorado en robótica y manufactura avanzada del Cinvestav, la maestría en optomecatrónica del Centro de Investigaciones en Óptica o el doctorado en ingeniería agrícola y uso integral del agua, del Instituto Politécnico Nacional, entre muchos otros. Se crean nuevos posgrados porque el país se enfrenta a nuevas necesidades, pero con las medidas adoptadas se daña a áreas científicas de vanguardia y se desalienta a los estudiantes a incursionar en estos campos, al someterlos a becas de hambre.

Pero también se afecta con estas políticas el desarrollo regional. ¿Cómo puede dejarse atrás el centralismo? Para fincar su desarrollo científico cualquier estado de la República tiene que contar con posgrados que antes no existían en su territorio, pero para su desgracia entran en la categoría de programas de reciente creación. Así, en el estado de México se han creado 10 nuevos programas; los casos involucran a Baja California, Ciudad Juárez, Coahuila, Sinaloa y a prácticamente todas las entidades federativas, cuyas universidades o instituciones de investigación han avanzado al punto de crear nuevas maestrías o doctorados, que ahora resultan castigadas.

Estamos así ante algo completamente absurdo, burocrático, sin idea o sustento científico. Es una muestra más de cómo el panismo hunde al país en los terrenos educativo y científico-técnico. Hace evidente la urgencia de que, de una vez por todas, esta sinrazón e impunidad terminen.

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