lunes, 7 de septiembre de 2009

Jóvenes sin escuela ni trabajo

Sara Lovera / Semlac en APIAVirtual

saralovera@yahoo.com.mx

El reto más grande para el sistema de educación mexicano en los próximos años será atender a la juventud que actualmente ni estudia ni trabaja y es presa fácil del crimen organizado.

Lo más grave es que la población de entre 15 y 18 años crecerá en los próximos cuatro años a un ritmo anual de 2.7 por ciento y habrá 666 mil jóvenes demandado un lugar en el bachillerato. Las mujeres son las que desertan más rápidamente y, al mismo tiempo, las que más aprovechan la educación superior, cuando logran quedarse.

Actualmente viven en México 10.7 millones de jóvenes de entre 15 y 18 años, de ellos 3.7 millones están en las escuelas preuniversitarias. El 40 por ciento de ese total no concluirá sus estudios, engrosando con ello las cifras de la desocupación, la apatía y/o la delincuencia.

Una multitud de información se ha hecho pública sobre este segmento de la población mexicana, a propósito de una reforma integral para la educación media superior que entrará en vigor el próximo agosto, en todas las escuelas públicas del país.

La reforma, decretada en 2008, es una respuesta a la caída de la productividad, el aumento de la delincuencia y la necesidad de dar alternativas a una juventud que, según una encuesta nacional sobre discriminación y violencia, se siente profundamente desencantada y, ocho de cada 10 de ellos, tristes.

Las aspiraciones de una nación es que sus jóvenes vayan a la escuela, sean eficientes y felices, sentenció en entrevista con Semlac Miguel Székely Pardo, subsecretario de Educación Media Superior, al reconocer que en México sólo tiene esa oportunidad menos de 60 por ciento de quienes están comprendidos en ese rango de edades.

Según la pedagogía moderna, entre los 15 y 18 años hombres y mujeres definen el horizonte de su vida, su vocación y el camino que han emprendido para su futuro, dijo a Semlac la especialista Virginia Illescas, del Colegio de la Frontera Norte.

Agregó que es en este segmento, precisamente, donde las oportunidades escasean en México, por lo que muchos jóvenes deciden dejar los estudios, buscar otros derroteros, como migrar, y reniegan del sistema. Si actualmente sólo tienen esa oportunidad menos de 60 por ciento de los más de cuatro millones de jóvenes de ese nivel etario, en los próximos cuatro años habrá 666 mil más que no podrán ingresar al bachillerato, pero tampoco a un empleo formal.

De acuerdo con la información del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en los últimos dos años se han perdido más de 2 millones de empleos y la tasa de demanda de una ocupación es de 2 por ciento, sobre una población que asciende a 107.5 millones, según datos del 11 de julio último.

Es decir, otros 2 millones de personas están sin empleo permanentemente y, entre ellos, el segmento más grande corresponde al de las edades del bachillerato.

Por la pobreza y obligaciones de adultos que debe asumir, pese a su edad, el 58 por ciento de los jóvenes que ingresan al bachillerato, en el primer año deserta 78 por ciento, afirmó la investigadora Lorenza Villa Lever, en entrevista con Semlac.

Lo más grave es que muy pocos jóvenes de 15 a 18 años de edad dedican tiempo completo a los estudios. Un buen número, además de estudiar, trabaja y/o ayuda en los quehaceres domésticos, lo cual indica que de la escasa mitad que logra continuar hasta la universidad, más de la tercera parte no puede permitirse la posibilidad de ser alumno de tiempo completo.

El grupo de jóvenes que no sigue estudiando aduce como razones la poca motivación hacia el estudio (60.6 por ciento hombres y 54.3 por ciento mujeres); o la necesidad de trabajar para ayudar al sostenimiento familiar o propio (29.2 por ciento de hombres y 18.6 por ciento de mujeres). De acuerdo con los estudios que realizó sobre el bachillerato la maestra Villa Lever, investigadora de la Universidad Iberoamericana , el dique de ingreso a la educación preuniversitaria impide continuar y ha hecho que la escuela superior sea para unas cuantas personas y una forma de reafirmar la inequidad y la desigualdad en México.

Las cifras de la investigadora Villa Lever muestran que cuatro de cada 10 jóvenes entre 15 y 18 años no asisten a la escuela de nivel medio superior. En el país, 13 estados atienden a un porcentaje todavía menor y las diferencias entre ellos son muy grandes: Michoacán apenas atiende a 39.2 por ciento; Baja California Sur recibe a 69 por ciento; Distrito Federal, 84.9 por ciento. Un análisis de los datos oficiales y las proyecciones de la Secretaría de Educación Pública, indagadas por esta agencia, indica que a partir del próximo agosto entrará en vigor una reforma integral de la educación superior que intentará revertir el proceso de exclusión de los jóvenes de la escuela como una obligación del Estado y a reanimarlos para que permanezcan en las aulas. Pese a que en toda la historia de México nunca se han formado profesores con preparación pedagógica orientada específicamente al bachillerato, aproximadamente 240 mil dan clases a esos 3.7 millones de bachilleres, aunque no existe un censo confiable sobre el número de planteles, alumnado y profesorado de ese nivel educativo.

El proyecto civil Primera Plana para la Educación , que trabaja acercando a las y los periodistas al tema, sostiene en su carpeta de información que, además, 60 por ciento de los profesores de enseñanza preuniversitaria no ha terminado la licenciatura y no se sabe si tienen vocación para ello. Esto plantea que los jóvenes, de quienes hablan siempre las y los políticos, están varados, sin alternativa alguna.

La calidad

Otro reto que afronta este sistema educativo es la calidad de la educación. Según precisó a Semlac el delegado en la fronteriza Baja California, Víctor Garibay, México no podrá encarar la competencia global en productividad si no se garantiza una calidad educativa en el nivel preuniversitario que presione a los segmentos universitarios.

Para la investigadora Villa Lever, se necesita una verdadera voluntad política, que implica certificar a los profesores, mover de puestos a directores, enfrentar los sistemas sindicales arcaicos y asegurar mejores ingresos al personal.

En materia de calidad, sostiene, los mecanismos de selección de los alumnos son pobres y poco objetivos. Hay que señalar que los niveles de educación obligatoria sólo cubren 12 años: tres de preprimaria, seis de primaria y tres de secundaria, y todavía no acaba de asegurarse la cobertura para preprimaria.

En ninguno de estos niveles se prepara a los alumnos en habilidades para la vida, que son esenciales entre los 15 y 18 años, porque es ahí donde se tienen que enfrentar a la vida laboral y ya no dependen del cuidado de sus padres.

Los jóvenes sin habilidades no pueden tomar decisiones y tampoco conocer sus derechos. Los exámenes del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés) han demostrado que hasta un 75 por ciento de los estudiantes mexicanos de nivel básico no aprenden a leer ni escribir correctamente.

Se aprecia una gran heterogeneidad en la calidad del sector en México, comenta Villa Lever y afirma que, al constatar que son los estratos sociales más desfavorecidos los que tienen los resultados más bajos, “obliga a replantearnos todo el sistema”.

En lugar de analizar los resultados de pobreza-adquisición de conocimientos, se atiende acríticamente la demanda y no se forma al profesorado. Para esta especialista, el problema adicional al crecimiento de la población juvenil, a sus actitudes preocupantes, es el tema de la inequidad social y de género, que no permite contar con una educación para todas y todos, y de calidad.

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