jueves, 12 de noviembre de 2009

La huelga va



La huelga va

Sallard

Ayer fue una jornada intensa que inició temprano en la sede del Sindicato Mexicano de Electricistas, continuó en las oficinas centrales de la Compañía de Luz y Fuerza, siguió con marchas originadas en distintos puntos del valle de México, y concluyó en la zona de convergencia de todo movimiento de protesta: el zócalo capitalino.

Miles de personas mostraron su apoyo a los trabajadores despedidos por Felipe Calderón en el Distrito Federal, pero también en distintos estados de la República. Fue un paro cívico exitoso, aunque los medios oficialistas pretendan minimizarlo. Un buen ensayo de lo que viene: la huelga general, preludio de la caída del régimen panista. “El SME se queda, Calderón se va”, fue uno de los coros más nutridos de la jornada.

La movilización anterior estuvo marcada por la indignación y la rabia, y convocó a decenas de miles de espontáneos. Fue una megamarcha marca desafuero. Se vio desbordada, combativa y desmadrosa. Abundaron los insultos en contra de este cuestionado gobernante, que fue capaz de despedir al mayor número de empleados en la historia del país. Los participantes se desahogaron gritando consignas de todo calibre, como aquélla de estribillo pegajoso que aludía a los progenitores del panista: “Señora Hinojosa/ ¿por qué parió esa cosa?/ Señor Calderón/ ¿por qué no usó condón?”.

En esa primera movilización, a pesar de la irritación de los participantes y de la magnitud de los improperios, ni los sindicalistas ni el gobierno ni los medios de comunicación, vislumbraron la posibilidad de una represión por parte de las fuerzas policiales. Y es que, en medio de la discusión del presupuesto para el próximo año fiscal en ambas cámaras del Congreso de la Unión, que Calderón hubiese enviado a sus tropas en contra de los manifestantes, habría sido una locura que ni en el peor de sus delirium tremens se le hubiese ocurrido.

Esta vez fue distinto. Desde días antes, la dirección del sindicato había llamado a recuperar las instalaciones de la compañía que les fueron arrebatadas por policías y militares el 10 de octubre pasado. Estaban en su derecho, toda vez que un amparo definitivo les dio la razón sobre la fuente de trabajo y el contrato colectivo. Pero el discurso represivo del gobierno y las amenazas del fascista secretario del Trabajo, Javier Lozano, hicieron temer lo peor a varios actores políticos, acostumbrados a los acuerdos en lo oscurito. Se asustaron, pues. Recomendaron entonces a sus cuadros moderar planteamientos, y no sumarse a las acciones radicales de un movimiento obrero que no tiene el liderazgo carismático, pero también controlador y dosificador, de Andrés Manuel López Obrador.

El punto de mayor conflicto era la toma de las oficinas centrales de Luz y Fuerza, para lo cual irían varios diputados federales y locales al frente, utilizando su fuero para evitar ser reprimidos. El gobierno calderonista amenazó con pasarse el fuero por el arco del triunfo si los legisladores se atrevían a ingresar a las instalaciones. Una valla de acero y cientos de policías armados impedían el acceso con órdenes de disparar. Avanzar en esas condiciones habría sido un suicidio, una tontería. Pero resulta que la toma, en realidad, era simbólica. Así que el gobierno federal y los timoratos que se asumen de izquierda se asustaron por nada. No hubo tal derramamiento de sangre, aún cuando los federales estuvieron constantemente provocando a los asistentes con el estallido de cohetones.

A pesar de todo, la jornada no tuvo un saldo blanco. Un grupo de policías en la carretera México-Querétaro se dijo agredido por manifestantes del SME y cargó contra ellos. Hubo disparos, pero no heridos ni muertos. Varios sindicalistas terminaron presos y acusados de intento de homicidio.

Lo mejor vino en la tarde y noche. Además de los numerosos contingentes, lo destacable fue la presencia en el templete de representantes de todo tipo de organizaciones del movimiento obrero y popular, y de algunas personalidades. Este apoyo hizo pensar a los asistentes en la viabilidad de la unidad con miras a una huelga general. Esa es la siguiente meta. Claro, a menos que Calderón se retracte de su indecente decreto de extinción.




Fuente: El Periódico
Difusión AMLOTV

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