martes, 3 de noviembre de 2009

Otra muerte



Otra muerte

Cruz

Lejanos ya, perdidos en el tiempo, un año y un episodio marcan –al margen de circunstancias, traiciones y ahora la subordinación al gobierno de Felipe Calderón– la muerte más reciente que –valga el pleonasmo– murió la izquierda mexicana incrustada en la llamada institucionalidad o institucionalidad política: 1976 y la propuesta de reforma política.

Zorro como era, Jesús Reyes Heroles leyó bien a la izquierda mexicana –la vio gobernar, válgase la expresión, la vio corromperse– y apresuró los pasos para la integración de esa izquierda a la vía institucional.

Convertido en protagonista, hizo posible que el descontento se dirimiera por cauces políticos y, literalmente, poco a poco murió la posición radical de ¿socialistas? que estaban por el cambio radical o armado del sistema.

Confeccionados los perfiles de izquierda, en los que la derecha se ubicó como el enemigo a vencer e incrustada primero en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y más tarde en el de la Revolución Democrática (PRD) sólo era cuestión de tiempo. Sentarse y esperar.

Cierto, nadie en la izquierda habla ya del cambio armado, pero tampoco nadie habla de la izquierda y todo mundo concuerda que el PRD se murió. Haciendo sumas y restas, tiene menos militantes efectivos que el movimiento de Andrés Manuel López Obrador.

Ya en privado, diputados como Alejandro Encinas –discípulo de Valentín Campa y actual coordinador de la bancada perredista en San Lázaro– reconocen la inutilidad del partido. Pero también saben que no podrán romper antes de 2012.

Si ese mismo viejo luchador Valentín Campa estuviera sentado en la curul de (su suplente) Encinas, seguro se retractaría de que el PRD representa “el caldo de cultivo ideal” para que resurja esa línea política.

Sí, aquella ¿izquierda? –desde su visión más pura integrada al PRD– se murió en 1976 y Reyes Heroles supo cómo iba a morir.



Fuente: El Periódico
Difusión AMLOTV

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