miércoles, 17 de febrero de 2010

El mundo de Toyota al revés


El mundo de Toyota al revés

Sabes que el mundo japonés está de cabeza cuando el legendario Toyota es el hazmerreír global.

Por William Pesek

Un nombre que anteriormente era sinónimo de calidad ha caído tan bajo que los estadounidenses están corriendo a comprar autos chatarras de Detroit. Tienes que armar un escándalo que estimule a General Motors y a Ford y alborote a un defensor del consumidor como Ralph Nader de una sola tirada.

El presidente de Toyota, Akio Toyoda, ha hecho precisamente eso y es hora de que renuncie. Debe irse, no por el más grande y creciente retiro del mercado, sino para que tome responsabilidad por la forma patética en que está manejando la crisis. Gracias a un liderazgo inestable, el valor de mercado de Toyota ha perdido el equivalente al producto interno bruto de Latvia desde el 21 de enero de este año.

Mientras este cuento tan costoso se desarrolla, vale la pena tomar en cuenta algunas lecciones para el Japón corporativo. Analicemos cinco.

El intento de arreglarlo puede ser peor que el problema mismo. Las fallas de diseño suceden. La clave es actuar rápidamente y con audacia, especialmente cuando estás lidiando con tu seguridad personal y cobertura negativa en los periódicos alrededor del mundo. Toyota está atrapado en una crisis de su propia creación.

Hay una percepción de que Toyota arrastró sus pies en sus males de aceleración rápida y sistema de frenos. Y parece muy merecido. El hecho de que el presidente de la compañía haya evitado declaraciones públicas lo llena de culpa. Que el secretario de Transporte, Ray LaHood, esté pasando más tiempo en el micrófono que los altos oficiales de Toyota, demuestra la pobreza con la que la compañía está lidiando con el asunto.

Cuidado al conducir desnudo. Es difícil no llegar a la conclusión de que una de las marcas más confiables se encuentra sin ropa, en el sentido de Warren Buffet.

La referencia aquí es para el comentario citado frecuentemente de Buffet que dice que sólo cuando baja la marea te das cuenta de quién ha estado nadando desnudo. Primero, la crisis de crédito global golpeó a los fabricantes de autos más poderosos mientras la liquidez y la demanda se secaban. Luego vino la crisis del retiro.

Eventualmente, Toyota podría salir del borde. No se trata de pedir prestaciones al gobierno como lo hicieron General Motors y el Grupo Chrysler. ¿Pero quién sabía que la armadora de autos había estado manejando con sus pantalones abajo por todos estos años?

No le hagas el día a tus competidores. Toyoda ha dejado de trabajar mientras intenta darle la vuelta a la crisis más grande que ha enfrentado la compañía desde que su abuelo fundó la compañía en 1937. Juzgando por la manera inepta y nada transparente en la que ha manejado las cosas, sus habilidades administrativas no son proporcionales a la reverencia con la que los japoneses consideran su nombre familiar.

Eso, sin duda, tiene a los ejecutivos desde Detroit a Seúl bailando en sus oficinas. Hace un año, General Motors, Hyundai y los otros grandes fabricantes de autos temblaron ante el éxito de Toyota. Ahora se maravillan a expensas de que el competidor que alguna vez tuvo chaleco antibalas se esté disparando en ambas piernas. Los líderes corporativos tropiezan algunas veces. La clave es no entregar una ganancia inesperada masiva a los rivales.

No te conviertas en un microcosmos nacional. La economía de Japón está a punto de convertirse la número dos en Asia mientras la deflación empeora. Como Japón, Toyota tuvo éxito en su precipitado camino a ser el número uno, llegó ahí y luego dejó que las fuerzas de complacencia se filtraran.

Tristemente para la economía, el Partido Democrático del Primer Ministro Yukio Hatoyama, está desorganizado. Los escándalos de recolección de fondos ligados al segundo oficial del partido, Ichiro Ozawa, rápidamente están hundiendo al gobierno. Ozawa debe dimitir, y debe hacerlo rápido. Uno se pregunta si Toyoda lo seguirá.

Así como Akio necesita revertir su curso, Japón debe tomar en serio la actualización de su economía. Un país y un fabricante de autos son una comparación desigual. Aun así, mucho de lo que está mal en los pasillos del poder japonés –la negación y el ser muy grande para su propio bien– estaba mal con Toyota. El moverse fácilmente ya no es una opción para ninguno.

Las cosas solo pueden empeorar. Cuando el presidente de Norteamérica, Yoshimi Inaba fue llamado a declarar ante el Congreso el 10 de febrero, los jefazos de la fábrica de autos debieron haber visto esto por lo que es: un disparo a través del arco de Toyota. Hay elecciones de medio término en Washington este año y muchos oficiales sacarán el tema de este fabricante automotriz para obtener ganancias políticas.

Claro, los medios de Estados Unidos están amplificando las aflicciones de Toyota y algunos consumidores están exagerando. Aun así, es necesario trabajar duro para reparar una marca que ha sido abollada fuertemente a nivel global. Si no, ¿dónde se encontrará Toyota? Conduciendo desnuda y relegada a luchar por el segundo o tercer lugar.


Fuente: Reporte Indigo
Difusión: AMLOTV

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