miércoles, 14 de abril de 2010

El Estado Subrogante




El Estado Subrogante



ROBERTO BADILLO MARTÍNEZ


La vida es corta. Hay que expresarse.

El Estado subrogante, que es en lo que se ha convertido el Gobierno Mexicano, es el culpable y responsable directo y único de la tragedia humana acaecida en Hermosillo Sonora, que enluta al pueblo Mexicano, en especial a los familiares de los niños fallecidos.

Se puede considerar ese infanticidio múltiple como la irresponsabilidad extrema, inhumana y criminal de un gobierno que lo único que no quiere es asumir sus responsabilidades, que se le asignan en la Constitución y en las cientos de leyes derivadas, de esa Constitución.

Por ello, las responsabilidades las deriva hacia particulares, por cierto a los que les paga muy bien y con los que además, cumple favores y canonjías para amigos y partidarios del gobierno; todo un engrane de privilegios, negocios, corrupciones e impunidades que los mexicanos hemos permitido, sin decir “YA BASTA”.

Estas políticas comenzaron con los gobiernos neoliberales que iniciaron en 1983, la demolición del Estado nacional, que estorbaba a los negociantes nacionales e internacionales, para obtener sus fabulosas ganancias en todo tipo de actividades.

Se puede asegurar, que la demolición del estado nacional que desapareció a casi todas las empresas estatales, fue también para eludir responsabilidades; responsabilidades para propiciar el progreso económico y el desarrollo social en el pueblo de México; responsabilidades para promover el desarrollo de la nación y de sus regiones; todo lo anterior con el pretexto de la corrupción en esas empresas. ¿A cuantos directores de esas empresa paraestatales se procesaron por corruptos? A nadie.

Todo obedeció a una consigna general del gobierno Norteamericano y sus agencias gubernamentales, como el Banco Mundial, El Fondo Monetario Internacional, el Departamento de Estado, la ONU y sus Agencias al servicio de Estados Unidos y de otros organismos internacionales manipulados por ese país; algunos privados como el Consenso de Washington y el Consejo de la Américas, que lanzaron una ofensiva contra las empresas estatales de los gobiernos de América Latina desde la época de los setenta, pero que encontraron un pretexto doctrinal, (ya no solo la corrupción) a partir de las políticas neoliberales de la escuela de Chicago de Milton Freeman y sus alumnos esparcidos por toda Latino América.

Los países que siguieron al pie de la letra sus consignas para demoler al estado nacional, fueron México, Argentina, Venezuela, Bolivia, Perú, Chile y otros de menor escala productiva. El país que mejor resistió ese embate neoliberal, a pesar de Enrique Cardoso y Color de Melo, fue Brasil, donde las grandes empresas del estado perduraron, y son ahora el eje que sostiene el impresionante desarrollo brasileño.

El extremo del estado neoliberalista comenzó cuando llegó la subrogancia, siguiente paso en la demolición del Estado Nacional; la subrogancia permitió que todas aquellas actividades estatales que están en las constituciones nacionales como responsabilidades de los estados, como la seguridad pública, la seguridad social, la limpieza de centros urbanos y una multitud de otros servicios a la población, mediante las concesiones, se empezó a ceder a empresas particulares creadas para prestar esos servicios.

Así llegamos a la subrogación en México por parte del Instituto Mexicano del Seguro Social, empresa paraestatal, de las guarderías infantiles, necesarias, porque las mujeres salen de sus casas a trabajar, o a buscar trabajo teniendo que dejar a sus hijos en esas instalaciones; o sea que una responsabilidad que el estado otorgó con efectividad durante muchos años, ahora se concede a particulares, la mayoría de las veces beneficiando a familiares, amigos, o bien otorgándoselas a personas, desde un punto de vista partidista o como pago de apoyos durante las campañas políticas; o sea, corrupción y mas corrupción, porque el IMSS en esos casos es oportuno pagador, paga además en muchas ocasiones, por niños que no existen, y el pago es mucho mayor que si los servicios los otorgara el Estado con sus empleados, como se hizo durante años. Negocio puro es pues la subrogación.

Pronto se subrogarán los Centros de Rehabilitación Social, CERESOS, y entonces no solo se elevaran los costos de mantener en prisión a los delincuentes, sino también veremos fugas masivas de presos, masacres internas entre bandas en las prisiones, presencia indiscriminada y sin control de familias en los CERESOS y todo tipo de corruptelas propiciadas por este maridaje, del irresponsable Estado y de los negociantes a los que no les interesan los servicios que prestan, sino sus ganancias.

Se ha subrogado en algunas ciudades, la administración de las aguas, la seguridad bancaria, la recolección de basura, el gas casero, (lo que ha propiciado la creación de monopolios que traspasan las fronteras del país,) en fin, en todos los servicios que el Estado no desea prestar, paga y muy caro, al subrogante de los mismos, aunque los servicios sean pésimos.

En conclusión, la demolición del estado por parte del neoliberalismo y la subrogación de las responsabilidades sociales, tienen como fin, que el estado evita responsabilidades y permite pagar a negociantes, que prestan esos servicios.

El Gobierno subrogante se queda con las menores responsabilidades posibles, y con aquellas con las que disfruta el poder y reparte el presupuesto, que le permiten tener todo tipo de canonjías, para familiares y grupos partidistas.

El desmantelamiento del Estado nacional en México vía neoliberalismo y subrogancia está casi terminado.

Pronto el Gobierno Mexicano subrogará la c

Fuente: Voces del Periodista
Difusión AMLOTV

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